20.6.06

HISTORIAS CONOCIDAS

Hace algún tiempo escribíamos sobre la Policía, que para muchos es algo así como un mal necesario. Hoy, dos noticias distintas, traen el tema nuevamente a colación:

1.

La primera es la dolorosa y lamentable muerte de un bebé de seis meses después de un operativo policial de desalojo en uno de los sectores más deprimidos del Distrito de Aguablanca en Cali. Los padres, dos desplazados de Buenaventura, llevaban varias semanas ocupando un paupérrimo rancho de lata y cartón en una zona llamada “Brisas del Bosque”. Bueno, en realidad no tiene brisas, solo efluvios de caño, ni bosque, solo maleza y basura alrededor. Pero fue el único lugar que los acogió. Historia conocida.

El dueño reclamó por la invasión y el Alcalde Polo, el mismo que hace tres años recorrió toda esa zona prometiendo de todo y conmoviendo a la gente con su discurso de lo pobre, negro y feo que era él, los mandó a desalojar por la fuerza sin proponerles ninguna solución. Historia muy conocida.

Como es costumbre, la acuciosa Policía disparó varias capsulas de gases lacrimógenos frente al peligro mortal que representaban algunas piedras lanzadas por los manifestantes, sin tener en consideración a niños, mujeres embarazadas y viejos que estaban en el lugar. Resultado: El bebé mencionado recibió de lleno todos esos gases, que intoxicaron su pequeño cuerpo hasta causarle la muerte dos días después. Ahora lo velan en una mesa improvisada como ataúd al borde la Troncal de Aguablanca. Historia también conocida.

Como reacción, el comandante de la Policía dice que esperará los resultados de la exhaustiva investigación de siempre. Y el alcalde Polo lamenta la muerte del niño, pero la justifica porque dice necesitar el lote limpio y desocupado para hacer allí un “gran parque”. Igualito a los que decía en su campaña que iba a construirles. Solo que ahora los ojos llorosos de los habitantes de Brisas del Bosque, por los gases y por el pesar por la muerte del bebé, no les permiten ver el dichoso parque ni siquiera en sueños. Todo es historia conocida.

2.

La segunda: Se descubre por interceptaciones telefónicas que los policías encargados de vigilar el sector en donde ocurrió la masacre de Jamundí estarían presumiblemente al tanto de que en el lugar de los hechos se hallaría el capo Diego Montoya. Historia conocida.

Esta circunstancia implicaría que seguramente la misma Policía le servía de guardián al narco. Historia más conocida todavía.

Este hecho también daría pie a la hipótesis de que Don Diego estaría protegido por un doble cordón de seguridad del Ejército y de la Policía. Y que probablemente, advertidos los militares de que un comando policial iba para el sitio a capturar al “patrón”, decidieron ajusticiarlos. Habrá que abonarles que es gente muy acomedida y leal con su “patrón”. En todo caso es historia harto conocida por acá.

3.

Conclusión: Que bueno sería, entonces, que la Policía tratara a los ciudadanos, incluso a los mas pobres, la mitad de lo bien que trata a los traquetos. Pero eso es otra historia.

19.6.06

LA SONRISA DE RONALDINHO (II)

Bueno, en realidad ya no hay sonrisa, al menos de parte mía. Ahora es una mueca de estupor, un rictus de amarga decepción, al ver como Ronaldinho, el crack, la figura, el Mejor Jugador de Europa del 2.005 (y, por ende, prácticamente del mundo), no muestra nada, nadita, nada del fútbol lírico que todos esperábamos.

Que un oficinista de 45 años, gordo, que solo toca un balón de fútbol cada fin de semana en un potrero con sus pares, bajo el doping obligatorio y previo de varias cervezas, se pare torpemente en el balón y se desparrame por el suelo, vaya y venga. Todos ríen, hasta el caído. Nadie espera más.


Pero que un jugador cuyo pase vale varias decenas de millones de euros, que la mitad de su salario mensual equivale al mío o al suyo en 20 años, que es puntual incono de toda la publicidad habida y por haber y que, además, es (¿era?) la esperanza de un fútbol distinto, vistoso, talentoso, brillante, en este Mundial de Alemania 2006, se pare torpemente en el balón y se desparrame por el suelo, además en plena área rival, no tiene justificación ni explicación valedera. Solo cabe el estupor.


Eso vi, digo, con asombro en el partido de Brasil ante Australia, en el que además a otra estrella brasileña, Roberto Carlos, le pasó exactamente lo mismo. Admito que cerré los ojos ante ese horror, mientras mi mujer me buscaba afanosamente una aspirina.


Que mal juega Brasil. Que mal juega ese Ronaldo gordo, muy gordo, que luce todo el tiempo agotado y al que levantar una pierna para parar un balón en el área y encarar, que es lo suyo, le cuesta tanto que da lastima. Que mal juega todo el equipo del jogo bonito, el de la esperanza de las jugadas memorables, el de… Mejor no digamos más. Si la esperanza es lo ultimo que se pierde no quiero perratear más la mía destilando mas amargura y decepción.





Este Mundial de Alemania deja hasta hora un enorme saldo en rojo de figuras. No veo a nadie, ni siquiera creyéndoles a nuestros comentaristas criollos, que salen a nombrar figura del partido, y casi del Mundial, a cualquier pendejo que hace una gambeta o un gol de media distancia.

Al siguiente partido, la figura no aparece ni en las curvas. Entonces nombran otra y así sucesivamente.
Pero figuras, cracks, no hay.

Alguna esperanza hay ahora por el lado de Argentina. Pero dado lo que pasa entre un partido y otro, mejor hago mutis en la materia. Tocará seguir esperando. Y con los dientes apretados.





Que mal, mal, muy mal, pitó el arbitro Oscar Julián Ruiz. Y eso que era un partidito entre equipos del montón que no representaba en ese momento nada definitivo. Si este es el mejor arbitro que tenemos, ni siquiera puedo imaginarme a los demás. ¡Pobre fútbol colombiano!

16.6.06

AL ESTILO DE JACK BAUER

Jack Bauer es un tipo duro. Y, además, un héroe atípico, no tanto porque sus métodos sean violentos y extremos, sino porque la mitad del tiempo se la pasa defendiéndose de sus propios amigos y aliados, que lo quieren encerrar, matar o torturar, mientras él se despelleja por protegerlos.

En los capítulos de esta nueva temporada de 24, la serie de acción del canal Fox que veo desde hace tres años, el asunto de acusar, perseguir, encarcelar, interrogar y torturar a los amigos ha sido de Ripley. Así, por ejemplo, detuvieron, torturaron y mataron al asesor principal del mismísimo presidente de los E.E.U.U., al mismo Bauer, al jefe de Bauer, al jefe del jefe, a la mejor amiga y a la novia del héroe, entre otros.

Todo a manos o del mismo protagonista o de los agentes de seguridad nacional, quienes, bajo el pretexto de una grave amenaza terrorista, no dudan ni por un segundo en apuntar con un arma, golpear salvajemente, disparar, inyectar con una misteriosa y dolorosa sustancia capaz de hacer cantar hasta a Julio Iglesias, etc. a agentes y funcionarios de su propio gobierno. Incluso, al presidente Logan (en la serie) solo le costó un pestañeo la decisión de autorizar la muerte del presidente de Rusia y de su propia esposa.

Claro, es una serie de ficción, ni más faltaba. Pero viendo los últimos hechos de la realidad mundial: suicidios colectivos en la execrable prisión de Guantánamo, noticias de nuevas y mas refinadas torturas en las cárceles iraquíes, bombardeos indiscriminados en ciudades de Irak a la caza de jefes de Al Qaeda y otros desmanes similares de los gringos, me parece que la ficción puede llegar a ser, si es que ya no lo es, un reflejo pálido de la realidad de esta guerra contra el terrorismo.

Y lo peor es que esta epidemia de violencia y paranoia parece tocarnos, bajo la premura gubernamental por la obtención de resultados que mantiene a las tropas con el pie en el cuello en busca de “positivos” a toda costa y a toda hora. Así lo reflejan indudablemente todos estos recientes sucesos en los que se ven involucrados miembros del Ejercito en emboscadas contra policías, errores militares, muertes por fuego amigo, secuestro y desaparición de personas sin razón alguna, disfrazamiento de cadáveres para hacerlos aparecer como bajas guerrilleras, etc., etc. y etc.

Siendo así, esta tendencia de tierra arrasada para combatir el terrorismo está llegando a límites inadmisibles. Nada, ni siquiera la “amenaza terrorista” o la “seguridad democrática” justifica una sola tortura o la muerte o desaparición de personas inermes. Sin embargo, las últimas y repetitivas noticias indicarían que los límites en materia de métodos de combate contra la subversión se han ido diluyendo.

O se juega bajo las reglas del D.I.H., la Constitución y la ley, aunque algunos les parezcan anacrónicas e impracticables, o definitivamente habrá que admitir que el terrorismo esta en ambos bandos, agravado por el hecho de que atacar, torturar o matar a quienes sobre el papel se deben proteger sería el peor de los dos.

Seguramente Jack Bauer lograra derrotar a los terroristas y hacer desparecer las amenazas sobre su país. Y se sentirá, al final, satisfecho y con su conciencia tranquila por el logro. Pero los que estamos al otro lado de la pantalla –o de los hechos, que para el caso es lo mismo- quedaremos estremecidos por el reguero de cadáveres, abusos y violencia desmedida que quedó detrás del héroe.

Entonces, extrañamente y contra todos los pronósticos, no nos sentiremos protegidos y a salvo en el bando de los buenos. Y el terror, entonces, seguirá allí con su peor cara: La de nuestros propios y supuestos protectores.

14.6.06

12.6.06

"MATANDO" TERRITORIO

(Titular de EL TIEMPO en Información General del sabado 10 de junio de 2.006)





¿Y no será que nos podríamos ahorrar todos estos muertos si los señores de las Farc marcaran su territorio con una meada aquí y otra allá...?

LA CASA VACIA

La casa yace, yace sin remedio, fantasma de sí misma, yace, yace, la casa pasa por sus vidrios rotos, penetra al comedor que está hec...