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3.6.06

DEL POR QUÉ OSAMA ATACÓ A U.S.A.

Vía el blog de Guille nos llega esta intensa crónica plagada de acción, suspenso y drama (con algunos retoquecitos de ortografia y redacción) sobre las andanzas de Al Qaeda en Colombia antes de su ataque a USA y sobre las razones verdaderas que tuvieron para los atentados del 2.001. Está tomada directamente de archivos ultrasecretos del DAS, aunque, conociendo al DAS, ya no deben ser ni ultra ni secretos.

Se conoció que un grupo de árabes musulmanes fundamentalistas se habían infiltrado en la sociedad colombiana tras haber inmigrado desde Venezuela por Maicao en un camión de contrabando. Dicho grupo tenía todo preparado para secuestrar tres aviones de Avianca y destruir la torre Colpatria, el Ministerio de Defensa y el Palacio de Nariño. Solo faltaba el arribo de dos cabecillas de la organización terrorista Al-Qaeda para cumplir su siniestro propósito.

Tras arduas investigaciones, los detectives del DAS conocieron que los terroristas arribaron al aeropuerto El Dorado de Bogotá en un vuelo procedente de Barranquilla un domingo a las once de la noche, a donde habían llegado desde Maicao.

Al salir de El Dorado, tomaron un taxi y le solicitaron al conductor que los llevara al sitio de encuentro con sus colegas musulmanes. Viéndoles la cara de turistas, el chofer del taxi los llevó hasta el barrio Las Cruces, donde se les subieron cinco tipos armados de cuchillos oxidados y después de robarles todo lo que llevaban los patearon y los dejaron botados en la carretera que va hacia La Calera.

Aporreados y adoloridos, los peligrosos terroristas intentaron caminar hacia Bogota, pero se encontraron con una avanzada de las FARC que merodeaba la zona. Los guerrilleros, al oír su acento extranjero, los secuestraron y los pusieron a caminar por el monte otras tres horas, hasta que se toparon con un comando contraguerrilla del Ejército.

Los terroristas se salvaron de milagro, pero cuando los efectivos del Ejército les vieron la cara, pensaron que eran de las FARC y se los llevaron para interrogarlos. Después de doce horas de intensos interrogatorios, los miembros de inteligencia del Ejército concluyeron que los talibanes eran inofensivos y los dejaron libres.

Sin un peso, los terroristas tuvieron que subirse a cantar y bailar en un bus ejecutivo que abordaron en la Caracas con Séptima, y mientras iban recogiendo plata, el chofer se encarnizó en una pelea del centavo con otro bus y se volcó, dejando gravemente heridos a todos los pasajeros.

A los terroristas se los llevaron de Urgencia para el Hospital San Rafael, pero había huelga de médicos y no había servicio. Luego de tantas peripecias, por fin lograron conseguir dinero y encontrarse con el resto de musulmanes para ejecutar el plan.

Compraron los pasajes en una pequeña agencia de viajes para un vuelo Bogota Medellín en Avianca, y compraron un Renault 12 anaranjado (como el de Pablo Escobar) que pudiera pasar desapercibido en el parqueadero del aeropuerto. Luego cogieron la Avenida 26, pero se tuvieron que desviar en la Universidad Nacional porque había graves desordenes estudiantiles en el sector de la Universidad Nacional, con incendio de buses y protestas con piedra; uno de los terroristas resulto herido con una papa explosiva.

Más adelante se encontraron con la vía cerrada a la altura del CAN porque había una marcha de trabajadores públicos del Seguro Social pidiendo aumento de salario, menos horas laborables, aumento de vacaciones, prestaciones y beneficios extra-laborales.

Llegando al aeropuerto, no vieron un hueco enorme que les rompió el eje y la chumacera al carro. Como tenían miedo de coger bus y terror de parar un taxi por todo lo que les había pasado, decidieron caminar el trecho que les quedaba.

Finalmente llegaron al aeropuerto, pero en el counter les dijeron que sus pasajes eran falsos y que la agencia de viajes donde los habían comprado era pirata por lo que tuvieron que comprar otros pasajes, cuatro veces más caros. Después, les informaron que estaban de buenas porque el vuelo estaba retrasado diez horas, pues había operación tortuga. Mas tarde uno de los terroristas desapareció misteriosamente después de ir al baño. El DAS sospecha que le dieron escopolamina.

El otro terrorista se gasto los dólares que le quedaban en cambiar el tiquete por otro de regreso, y junto con un tal Osama, decidieron que era menos peligroso atacar a Nueva York y a Washington que hacer un atentado terrorista en Colombia.

1.3.06

CARTA DESDE IRAK

La periodista norteamericana (y tambien blogger, tengo entendido) Farnaz Fassihi envió esta carta a sus amigos el año anterior. Y aunque han pasado varios meses desde entonces, me parece que lo que alli narra, dadas las noticias que recibimos desde Irak todos los días, está vigente. Por tanto, aquí la reproducimos integra, con la seguridad de que brinda una extraordinaria visión de la azarosa realidad de ese país:

“Ser un corresponsal extranjero en Bagdad estos días es como estar bajo arresto domiciliario. Olvidad las razones que me empujaron hacia este trabajo: una oportunidad de ver mundo, explorar lo exótico, hacer nuevos amigos en tierras lejanas, conocer sus costumbres y contar historias que pudiesen cambiar las cosas.

Poco a poco, día tras día, permanecer en Irak ha echado por tierra todas esas razones. Estoy atrapada en casa. Sólo salgo cuando tengo una buena razón para hacerlo y una entrevista programada. Evito ir a las casas de la gente y jamás camino por la calle. No voy al supermercado, no puedo comer en restaurantes, no puedo comenzar una conversación con un desconocido, no puedo buscar historias, no puedo conducir nada que no sea un coche blindado, no puedo ir a los escenarios de las noticias, no puedo estar en un atasco, no puedo hablar inglés fuera de casa, no puedo viajar por las carreteras, no puedo decir que soy americana, no puedo rezagarme en los controles, no puedo tener curiosidad acerca de lo que la gente dice, hace o siente. No puedo y no puedo. Ya he tenido muchos avisos, incluyendo a un coche bomba que explotó tan cerca de nuestra casa que rompió todos los cristales. Ahora mismo mi mayor preocupación de cada día no es escribir la gran noticia sino permanecer viva y asegurarme de que nuestros empleados iraquíes tampoco mueran. En Bagdad, soy antes responsable de seguridad que reportera.

Es difícil establecer exactamente cuándo fue el punto de inflexión. ¿Fue en abril, cuando Faluya escapó del control de los estadounidenses? ¿Fue cuando Moqtada declaró la guerra al ejército estadounidense? ¿Fue cuando el barrio bagdadí de Ciudad al Sader, el hogar del diez por ciento de los iraquíes, se convirtió en un campo de batalla cada noche? ¿O fue cuando la resistencia empezó a extenderse de los grupúsculos aislados en el triangulo suní hasta incluir a la mayor parte de Irak? A pesar de las afirmaciones optimistas de George Bush, Irak sigue siendo un desastre. Si bajo Saddam era una amenaza “potencial”, bajo los estadounidenses se ha transformado en una amenaza inminente y activa, un gran fallo de política exterior que se convertirá en la maldición de los Estados Unidos durante las próximas décadas.

Los iraquíes llaman a este desastre “la situación.”. Cuando les pregunta cómo van las cosas, responden “la situación es muy mala”.

Lo que quieren decir con “la situación” es lo siguiente: el gobierno iraquí no controla la mayoría de las ciudades, varios coches bombas explotan cada día por todo el país matando e hiriendo a montones de personas inocentes, las carreteras se han vuelto impracticables, sembradas con cientos de minas y explosivos colocados para matar soldados estadounidenses, hay asesinatos, secuestros y decapitaciones. La situación básicamente significa que hay una sanguinaria guerra de guerrillas. En cuatro días, han muerto 110 personas y alrededor de 300 han sido heridas solamente en Bagdad. Las cifras son tan impactantes que el ministro de Sanidad –que hasta ahora estaba haciendo un ejercicio de transparencia informativa– ha dejado de hacerlas públicas.

La resistencia ahora ataca a los estadounidenses 87 veces al día.

Un amigo viajó ayer a través de una barriada chiíta, en Ciudad al Sader. Me dijo que había jóvenes a la vista de todos enterrando improvisados explosivos en las calles. Cavaban un agujero profundo en el asfalto, enterraban el explosivo, lo cubrían de tierra y ponían encima un neumático viejo o una lata de plástico para advertir a los vecinos de la trampa. Me contó también que la mayoría de las carreteras de Ciudad al Sader tienen una docena de minas cada pocos metros. Su coche tuvo que serpentear entre ellas para evitarlas. Escondidos detrás de cada muro, hay iraquíes enfadados, listos para detonar los explosivos tan pronto llegue un convoy estadounidense. Y esto es territorio chiíta, esa población que se supone que ama Estados Unidos por liberar Irak.

Para los periodistas, el punto de inflexión llegó con la ola de secuestros. Hasta hace dos semanas, nos sentíamos seguros en Bagdad porque los extranjeros estaban siendo secuestrados en las carreteras y autopistas entre las ciudades. Hasta que llego una llamada de teléfono frenética a las once de la noche de una periodista amiga mía contándome que dos italianas habían sido secuestradas en sus casas a plena luz del día. Después, los dos estadounidenses, que fueron decapitados esta semana, y el británico fueron raptados de sus casas en una zona residencial. Estaban proporcionando electricidad 24 horas al día para todo el bloque desde su generador para así ganar amigos. Los captores cogieron a uno de ellos a las seis de la mañana, cuando salía para encender el generador. Su cuerpo decapitado fue arrojado cerca del barrio.

La resistencia, nos dicen, está desbocada, sin signos de que vaya a calmarse. De hecho, es más fuerte, organizada y sofisticada cada día. Los distintos grupos de militantes del partido Baas, criminales, nacionalistas y terroristas de Al Qaeda están coordinados y colaboran entre sí.

Fui a una reunión de emergencia para los corresponsales extranjeros con los militares y la embajada para discutir sobre los secuestros. Nos dijeron que nuestro destino dependería de dónde nos encontrásemos en la cadena del secuestro en el momento en que se supiese que habíamos desaparecido. Así es como funciona: una banda de criminales te secuestra y te vende a la resistencia Baas de Faluya, que después te vende a Al Qaeda. En cada turno, dinero y armas fluyen desde Al Qaeda a los militantes de Baas y a los criminales. Mi amigo Georges, el periodista francés secuestrado en la carretera de Nayaf, lleva desaparecido un mes sin una sola noticia sobre su posible liberación o si está aún vivo siquiera.

¿Cuál es la última esperanza estadounidense para una salida rápida? La policía iraquí y las unidades de la Guardia Nacional en la que gastamos miles de millones de dólares para entrenarlos. Los policías están siendo asesinados por docenas cada día –ya van unos 700 muertos hasta la fecha– y la resistencia se está infiltrando entre sus cargos. El problema es tan serio que el ejército se ha gastado seis millones de dólares en sobornar a 30.000 policías que acaban de terminar su entrenamiento para librarse de ellos sin hacer ruido.

Y sobre la reconstrucción: primero, es tan inseguro para los extranjeros trabajar aquí que la gran mayoría de los proyectos están estancados. Después de dos años, de los 18.000 millones de dólares que el Congreso destinó a la reconstrucción de Irak, sólo se han gastado unos 1.000 millones y una buena parte del dinero ha sido reasignada para mejorar la seguridad, un signo de hasta qué punto van las cosas mal.

¿Y los sueños de petróleo? La resistencia interrumpe de forma rutinaria la producción y como resultado de los sabotajes, el precio del petróleo ha alcanzado el récord de 49 dólares por barril. ¿A quién benefició exactamente esta guerra? ¿Mereció la pena? ¿Estamos más seguros ahora con Saddam encerrado y Al Qaeda campando a sus anchas por Irak?

Los iraquíes dicen que gracias a Estados Unidos han conseguido libertad a cambio de inseguridad. ¿Saben qué? Ellos dicen que cambiarían la seguridad por la libertad en cualquier momento, incluso si eso significa una dictadura.

Escuché a un iraquí culto que si a Saddam Hussein le dejaran presentarse para las elecciones ganaría por mayoría absoluta. Esto es realmente triste.
Esta semana fui a ver a un erudito iraquí para hablar sobre las elecciones. Ha estado intentando educar a la población de la importancia de votar. Él dice: “El presidente Bush quería convertir Irak en una democracia que fuese un ejemplo para el Oriente Medio. Olvidaos de la democracia, olvidaos de ser un modelo para la región, tenemos que salvar Irak antes de que todo esté perdido”.

Uno puede argumentar que Irak ya está perdido. Para los que estamos aquí, a pie de calle, es difícil de imaginar qué nada pueda salvarlo de esta creciente espiral de violencia. Como resultado de los errores de Estados Unidos, el genio del terrorismo, caos y mutilación se ha escapado en este país y ahora no se puede devolver a la botella.

El gobierno iraquí habla de elecciones en tres meses, mientras la mitad del país continúa siendo zona prohibida, fuera de las manos del gobierno y de los estadounidenses y lejos del alcance de los periodistas. En la otra mitad, el desencanto de la población es demasiado terrorífico como para dejarse ver por las oficinas electorales. Los suníes ya han dicho que piensan boicotear las elecciones, dejando la puerta abierta a un gobierno polarizado de kurdos y chiítas que no será considerado legítimo y muy probablemente llevará al país a una guerra civil.

Le pregunté a un ingeniero de 29 años si él y su familia iban a participar en las elecciones, ya que es la primera vez que los iraquíes podrán de alguna manera elegir su destino. Su respuesta se resume así: “¿Ir, votar y correr el riesgo de que te vuelen en pedazos o que te sigan los insurgentes y que te maten por colaborar con los estadounidenses? ¿Para qué? ¿Para practicar la democracia? ¿Estás bromeando?”

24.1.06

LA PAJA EN EL OJO AJENO

Esa irritante costumbre de los gringos de andar descertificando a sus vecinos de planeta, por causas que solo ellos mismos determinan, ya nos sabe a cacho. Y, e relación con Cali, aún mas. En ejercicio de tal costumbre el Departamento de Estado sacó hace algunos días una nueva “recomendación”, para que sus ciudadanos se abstengan de visitar esta ciudad por considerarla la mas insegura y violenta del país.

No se trata de negar la realidad que vivimos aquí, ni mucho menos. En este blog hemos sido especialmente críticos con el fenómeno de violencia desmedida e inseguridad que azota a Cali desde hace varios años. Y, en nuestro humilde concepto, esta situación no ha cambiado mayor cosa, así las estadísticas oficiales digan otra cosa. Sin embargo, lo que uno no comprende es de donde saca E.U. la autoridad moral para señalar, como inveteradamente viene haciéndolo, a otros países y latitudes como peligrosos e indignos de ser visitados.

No ahondemos mucho en la situación de Irak, por tratarse de un país lejano y bajo un innegable estado de guerra silente, pero lo cierto es que allí se metieron los norteamericanos dizque para recuperar la democracia, maestro, y terminaron creando un polvorín en el cual vienen siendo sacrificados, como en un matadero sin fin, cientos de personas a la semana, entre iraquíes y extranjeros. Los mismos ciudadanos gringos, y no digamos sus soldados, son objetivo militar permanente, lo cual resulta una extraña paradoja, pues la propaganda oficial justificó la invasión bajo el propósito de buscar mayor seguridad para el mundo y para los mismos E.U. Y todos venimos viendo los resultados.

Pero, volviendo al caso de Cali, según las ultimas y muy cacareadas estadísticas, la ciudad tuvo muchos menos muertos el año pasado que en el 2.004, bajando los porcentajes a 87 muertes violentas por cada cien mil habitantes, para un total de 3.097. Si hemos de creer tales cifras, pues es obvio que la ciudad ofrece un mejor clima en cuanto a seguridad ciudadana. Y, contando con que los gringos conozcan a la perfección esta circunstancia, suena entonces raro que nos sigan jorobando con sus dichosas “recomendaciones”, situación aun más incomprensible si se tiene en cuenta que, dado el intenso romance Bush-Uribe, somos, por ahora, un país amigo.

Lo que si tengo claro es que uno tiene derecho a quejarse de la inseguridad o, al menos, a señalarla como un defecto ajeno, solo cuando en su propio vecindario esas cosas tan malucas, como homicidios, hurtos violentos, violaciones y demás lindezas, no se ven o se ven poquito. Pero al echarle una ojeada a las estadísticas de crímenes violentos de las ciudades gringas uno queda, por decir lo menos, estupefacto.

En el informe publicado en el mes de noviembre pasado en la pagina de Internet de la BBC nos encontramos con la clasificación que se hizo, con base en las cifras sobre acciones criminales que lleva a nivel nacional el FBI para el año 2.004, sobre las ciudades mas violentas e inseguras de ese país. Y las cifras hablan por si solas: 1. Camden, New Jersey, Población: 80,648, Total crímenes violentos: 1,824; 2. Detroit, Michigan Población: 914,353, Total crímenes violentos: 15,913; 3. St. Louis, Missouri, Población: 335,143, Total crímenes violentos: 6,897; 4. Flint, Michigan, Población: 120,681, Total crímenes violentos: 2,324; 5. Richmond, Virginia, Población: 196,667, Total crímenes violentos: 2,700; 6. Baltimore, Maryland, Población: 634,279, Total crímenes violentos: 11,667; 7. Atlanta, Georgia, Población: 430,066, Total crímenes violentos: 7,922; 8. New Orleans, Louisiana, Población: 471,057, Total crímenes violentos: 4,467; 9. Gary, Indiana, Población: 100,637, Total crímenes violentos: 677; 10. Birmingham, Alabama, Población: 238,167, Total crímenes violentos: 3,261.

Como pueden verse, la mayoría de estas ciudades son pequeñas o medianas, pese a lo cual, presentan una altísima criminalidad que establece una tasa de entre 22 y 30 delitos violentos por cada mil habitantes, dentro de los cuales los homicidios representan algo así como un 50 o 60%. Es decir, que si proyectáramos estas cifras frente a los guarismos estadísticos que se tienen para Cali, tendríamos un resultado de entre 2.000 o 3.000 crímenes con violencia por cada 100.000 habitantes. ¡Una locura total! Y eso que no se incluyen las ciudades grandes, como Nueva York o Chicago, que aunque proporcionalmente mantienen bajas tasas de criminalidad, son monstruos urbanos que conservan cifras de miles de delitos violentos al año.

Vale recordar, entonces, por un lado, que Cali es una ciudad con cerca de tres millones de habitantes y, por otro, que en E.U. no hay guerrilla, paramilitares, ni “rastrojos” y “machos” tratándose de exterminar entre si. Tampoco tienen, al menos las ciudades mencionadas, zonas de miseria como las del Distrito de Aguablanca o de los barrios de ladera. Además, los gringos se ufanan de haber acabado prácticamente con las mafias italianas, primero, y rusas y chinas, después, mientras que aquí subsisten muchas organizaciones mafiosas herederas de los legendarios y temibles carteles de la droga.

Entonces, le vienen a uno a la memoria las impactantes imágenes y textos de los documentales de Michael Moore sobre la proverbial violencia urbana de los norteamericanos. En su película “Bowwling the Columbine”, este acérrimo critico de la sociedad gringa infiere que el cóctel explosivo del que se nutre la violencia en las ciudades de E.U. está compuesto basicamente de miedo sicótico y adicción por las armas, o viceversa. Al final, concluye, lo que mueve a los gringos en casi todas sus reacciones, tanto colectiva como individualmente, al igual que determina su política exterior, es el miedo. Por ello, se han ido retrayendo a vivir en casas y suburbios rodeados de murallas, alarmas, guardas y armas de todo tipo, esperando ser atacados, robados o asesinados por sus mismos vecinos. Y en idéntica forma miran al mundo, más aun después de la catastrófica irrupción del terrorismo islámico en su sacrosanto Wall Street. .

Por eso, no es raro que, a pesar de que ellos corren mas peligro en cualquier calle de algunas de las ciudades mencionadas que parados en la Plaza de Caicedo, nos escrutan con su arrogancia habitual y nos clasifican en proporción, no a nuestra realidad, sino a su miedo. Así que, allá ellos. Lo que si resulta ofensivo son todos esos aspavientos y brincos de nuestras “fuerzas vivas”, que se rasgan las vestiduras y ponen cara de perro apaleado – no había sino que ver la cara de Miguel Yusti, secretario de Gobierno, cuando le interrogaban al respecto en un noticiero local- cada vez que el Departamento de Estado emite una de sus cíclicas recomendaciones, como si fuera una sentencia de muerte.

Por tanto, mientras los gringos no aprendan a mirar la paja en su propio ojo, tendremos que seguir sufriendo las consecuencias de su falsa, miedosa y arrogante moral que, como una bofetada, nos zampan de vez en cuando.


LA CASA VACIA

La casa yace, yace sin remedio, fantasma de sí misma, yace, yace, la casa pasa por sus vidrios rotos, penetra al comedor que está hec...