3.4.06

LECCIÓN DE GEOMETRÍA

Luisa, mi hija de 9 años, llegó con cara de angustia a pedirme ayuda. Papi, tengo que investigar qué son líneas rectas, paralelas, curvas, segmentos de recta… En fin, era una larga tarea de geometría. Buscamos la información y empecé a dictarle los conceptos: Línea recta es aquella que se extiende de un extremo a otro sin tener principio ni fin, curva es aquella tiene apariencia redondeada, y así, sucesivamente. Ella copiaba y, claro, preguntaba: Verdad? Si no tiene fin, como se dibuja? Y cómo así, por qué, papá? Copiaba y preguntaba.

Cuando llegamos a las líneas paralelas, se detuvo, levantó su mirada del cuaderno y con sus ojos negrísimos y redondos me interrogó sin palabras. Yo fingí no ver su gesto. He empezado a temer sus preguntas, por profundas y por simples. Ella esperó hasta que capturó mi mirada y ahí si la soltó: ¿Nunca se tocan? La eludí con un ladino ¿qué, mi amor?, aunque sabía que era inútil esquivarla. Las líneas paralelas, papi, de verdad nunca se tocan? Si, mi amor, nunca se tocan, respondi. Silencio, o casi, porque la oí rasgar el cuaderno con su escritura lenta. Unos segundos después, volvió al ataque: Y si no se tocan, ¿cómo sabe una que va paralela a la otra? Sin que se me ocurriera ninguna respuesta, no le pude responder más que con el clásico “concentrémonos en la tarea, mi amor”. Y huí en cuanto pude.

Recordé este episodio a propósito de esta extraordinaria cinta: Crash (Vidas Cruzadas) que, de lejos, pero muy de lejos, es la mejor película que he visto ultimadamente, incluyendo la tan publicitada “Secreto de la Montaña”, que, salvo el ingrediente gay de los protagonistas, es una película del montón. Y lo recordé por la intrincada proeza del guión de hacer confluir en el vórtice de un tiempo narrativo de 48 horas, muchas vidas, todas entrecruzadas, cortadas unas por otras, incluso chocadas de frente, en el marco delirante de una ciudad rauda y oscura, que agobia a los protagonistas y los empuja a un hipotético escenario para que hagan su papel, escrito aparentemente por un loco.

Extrañamente, es una cinta sin protagonistas principales, porque la intención del director (Paul Haggis, creo), supongo, era privilegiar la historia antes que las actuaciones personales. Y es extraño, digo, porque a pesar de nombres rutilantes como Sandra Bullock o Matt Dillon, todos los personajes son solo fichas, piezas del puzzle, sin preponderancia ni protagonismos por fuera de la narración, que encajan como las piezas restantes. Esa, y nada más, es su función. Digamos que entre todos le dan forma a una sola historia, sin que la historia individual de cada uno tenga relevancia alguna por fuera de este contexto.

Pero esta no es comentario de cine. Es, sencillamente, el ejercicio espontáneo de reconocimiento, por la inspiración de esta cinta, que somos inermes viajeros subidos precariamente a bordo de líneas delgadas e infinitas que, a pesar de que en nuestra perspectiva son rectas y paralelas, bajo la óptica de la realidad son haces retorcidos de una vorágine interminable que se encuentra y se desencuentra en puntos diversos, para volverse a entrecruzar, para aplastarse o para elevarse, una sobre otra, bajo el impulso arrasador del tiempo que, al final, funge como arbitro insobornable del aparente caos.

Bajo esta idea, podemos pasar en un minuto, o en una hora, o en un día, de villanos (como ese policía enfurecido contra el sistema de salud que encuentra en una pareja afroamericana que se solaza en la intimidad de un vehiculo la oportunidad perfecta para humillarlos y denigrarlos al nivel que el mismo se siente) a héroes (como cuando ese mismo policía pasa a ser el ángel que le salva la vida a la misma mujer que humillara crudamente la noche anterior). O volvernos súbitamente racistas, si la cara detrás de la pistola que nos apunta para intimidarnos antes del robo es negra, o de furiosos vengadores, si la cólera nos alcanza para esgrimir un arma y apuntarla en la misma cara del que consideramos culpable de nuestras desgracias.

Coincidencia nos gusta llamar a las situaciones incomprensibles. Sin embargo, en el idioma judío esta palabra no existe, ni tampoco el concepto, porque para este pueblo todo tiene un orden y un propósito ya trazado, indiferentemente de si lo entendemos o no. Estoy de acuerdo. Las decisiones que tomamos a diario, aun las mas ligeras y espontáneas -como elegir una calle cualquiera al final de la cual nos encontramos con esa persona a la que llevábamos años sin ver, o como cuando decidimos que ese día saldremos mas tarde de la casa, solo para enterarnos que el vehiculo publico que debíamos haber tomado resultó estrellado y con muchos heridos y muertos en su interior- todas ellas vienen cargadas con cierta dosis de fatalidad y acierto. Y, justo en la mitad de ese juego de cruces y entrecruces, está la vida.

La lección, para cada protagonista y para cada situación, para todos nosotros, resulta clara: No somos ni villanos ni héroes, ni racistas ni vengadores, ni bueno ni malos, por elección enteramente propia. Somos piezas únicas de una realidad aparentemente desquiciada, pero, a la final, sabia, que nos concede la gracia de decidir, a pesar de ser ella misma el producto insoslayable de muchas circunstancias misteriosamente concatenadas que, enfiladas unas contra otras, parecen inmunes a la lógica natural pero sometidas, en últimas, a un plan más alto y, por ende, aun más inextricable.

Algo así debe suceder cuando las líneas paralelas, esas que nunca deben tocarse, deciden hacerlo un día, trastocando toda la geometría de la vida. Sospecho, entonces, que somos líneas, probablemente trazadas y detenidas por fracciones de segundo en la mitad de la hoja de un cuaderno infantil, en el cual, la curiosidad inteligente de una niña, decide, de buenas a primeras, que no hay ninguna razón para que existan las líneas paralelas, esas que nunca se ven ni se tocan. Y las cruza impúdicamente, unas con otras, solo para demostrarse así misma que la geometría, como la vida, tiene mas sentido si todas las líneas, rectas y curvas, cortas o infinitas, se entrecruzan, tocándose, amalgamándose, aunque solo sea por un instante.

Solo que, al final, líneas y vidas vienen a ser lo mismo.

30.3.06

ESTRAGOS JUDICIALES

Conversando hace algunos días con un colega comentábamos sobre algo que viene pasando como consecuencia del nuevo sistema penal que, como es sabido, es ahora fundamentalmente de carácter verbal u oral. Y son las graves falencias que muestran algunos abogados litigantes para intervenir con coherencia, lógica y fluidez verbal en las audiencias en las que les corresponde actuar.

Acostumbrados durante décadas a un sistema esencialmente formalista y escrito, este nuevo sistema nos obliga a mantener una mayor agilidad mental para rebatir, preguntar y contrapreguntar al instante, sobre la marcha, a testigos y peritos, y a recibir respuestas inmediatas de los mismos. De allí que las pifias de muchos abogados (aunque también de fiscales y jueces) están a la orden del día. Por eso se está pensando en hacerles control antidoping al inicio de las audiencias.

Coincidencialmente leí por esos días en algún blog, del que infortunadamente perdí el link (creo que es dominicano) ciertos apuntes sobre esta misma cuestión que, por ser tremendamente parecidos a los que se empiezan a ver por acá, me resultaron irresistibles. Por eso, los cito aquí como una humilde y cariñosa contribución al mejoramiento de la inteligencia judicial que, según tengo entendido, de que existe, existe.

Algunas preguntas, obviamente, no tienen respuesta posible. Otras, son respuestas sarcásticas, en ejercicio pleno del testigo de su derecho fundamental a aprovechar la papaya.

Le pregunta el abogado al medico legista: "Y bien, doctor, ¿no es cierto que cuando una persona muere durante él sueño, no se entera hasta la mañana siguiente?"

Le pregunta el abogado al testigo: "El hijo mas joven, el de veinte años, ¿qué edad tiene?"

Otra pregunta del abogado al testigo, mostrándole una fotografía: "¿Estaba Ud. presente cuando le tomaron esta foto?"

Le pregunta el abogado al testigo: “¿Estaba Ud. solo, o era el único que estaba allí?"

Otra pregunta al testigo: "¿Fue Ud. o su hermano menor el que murió en el atentado?"

Una nueva pregunta al testigo: “El sospechoso al fin ¿a quien mató, al occiso o a Ud.?"

Le pregunta el abogado al testigo: "¿A que distancia estaban los vehículos uno del otro en el momento de la colisión?"

Otra pregunta al testigo: "Ud. permaneció en ese sitio hasta que se marchó, ¿no es cierto?"

Nueva pregunta del abogado al testigo: “¿Cuántas veces ha cometido Vd. suicidio?"

Le pregunta el abogado a la testigo: "¿De modo que la fecha de la concepción de su hijo fue el 8 de agosto?" La testigo responde: "Sí, doctor" Le pregunta nuevamente el abogado: "Y ¿qué estaba Ud. haciendo en ese preciso momento?"

Pregunta del abogado al testigo: "Ella tuvo, entonces, tres hijos, ¿cierto?" El testigo responde: "Sí, doctor" Nuevamente pregunta el abogado: "¿Cuantos fueron varones?" Dice el testigo: "Ninguno, doctor" Pregunta otra vez el abogado: "Entonces ¿cuántas hijas mujeres tuvo?"

Pregunta el abogado: "¿Dice Ud. que las escaleras bajaban al sótano?" El testigo: "Sí" Nueva pregunta: "Y esas escaleras, entonces ¿también se podían usar para subir?".

Le pregunta el abogado al testigo: "Dígame, Ud. se fue de luna de miel bastante lejos, ¿no es cierto?" El testigo: "Bueno, en realidad me fui a Europa" El abogado pregunta: "¿Y su esposa lo acompañó?".

Pregunta el abogado al testigo: "Cuéntenos, ¿cómo fue que terminó su primer matrimonio?" Responde el testigo: "Por muerte, doctor" El abogado contraataca: "Ajá, y ¿por la muerte de quién terminó?".

El abogado pregunta: "Señor Ramírez ¿puede Ud. describirnos al individuo en cuestión?" Responde el testigo: "Claro, era de estatura mediana, fornido y recuerdo que tenia barba" Pregunta nuevamente el abogado: "Y nos puede decir ¿era hombre o mujer?".

Le pregunta el abogado: "Díganos, señor López, su presentación en esta mañana ¿es consecuencia de la citación que se le envío a través de su abogado?" El testigo: "No, doctor, yo siempre me visto así para ir al trabajo".

Pregunta el abogado al medico forense: "Doctor, ¿cuantas autopsias ha realizado Vd. sobre personas fallecidas?" Responde el galeno: "Hasta ahora, todas mis autopsias las realice sobre personas estrictamente fallecidas".

Le dice el abogado al testigo: "Le recuerdo que cada una de sus respuestas debe ser verbal, ¿de acuerdo? Entonces, díganos ¿en que escuela cursó Ud. la primaria?" Responde el testigo: "En la verbal".

Pregunta del abogado al forense: "Díganos, doctor ¿recuerda Ud. la hora en que examino el cadáver?" Responde el medico: "La autopsia comenzó alrededor de las 8:30 p.m." Nueva pregunta: "Y el occiso ¿ya había fallecido para ese entonces?" Respuesta: "No, estaba sentado en la mesa preguntándome porque le estaba haciendo una autopsia"

Pregunta al testigo: "Y, entonces, ¿le dispararon en medio de todo ese despelote?" Responde el testigo: "No, me dispararon mas arribita, casi en el ombligo."

Pregunta al testigo: "¿Está Ud. preparado para proporcionar una muestra de orina?" Contesta: "Sí, doctor, lo he estado desde mi más tierna infancia"

Pregunta al medico forense: "Doctor, antes de realizar la autopsia, ¿verificó si había pulso?" Medico: "No" Abogado: "¿Verificó la presión sanguínea?" Médico: "No" Abogado: "¿Verificó si había respiración?" Médico: "No" Abogado: "Entonces, ¿es posible que el hombre estuviera vivo cuando Ud. comenzó la autopsia?" Medico: "No" Abogado: "Y si Ud. no verificó ninguno de sus signos vitales, entonces ¿cómo puede estar tan seguro, doctor?" Medico: "Porque su cerebro estaba sobre mi mesa, en un frasco de vidrio" Abogado: "Ajá, pero, aun así, le insisto, ¿podría haber estado aun vivo el occiso?" Médico: "Bueno, pensándolo bien, sí, es posible que hubiera estado vivo y estuviera ejerciendo de abogado en alguna parte”.

23.3.06

¡NO PASARAN!

Que Apolinar Salcedo, a pesar de su extracción humilde, terminó defraudando a todo el mundo, pero en especial a los más humildes de Cali. Que todo apunta a que, así le falte un minuto para finalizar su mandato, terminará revocado, dándonos el dudoso titulo de ser la primera ciudad con alcalde destituido popularmente. Que tiene a Cali convertida en un caótico laberinto, porque le dio, para rebuscarse su lugarcito en la historia caleña, supongo, por hacer Mío, cambio de colectores y todo tipo de obras publicas a la vez. Que la Procuraduría lo tiene en la mira con más de diez cargos en su contra por el contratico de Sercali. Todo eso es cierto. Por lo tanto, vaya y venga.

Pero, como el inefable Polo tiene un extraño talento para siempre terminar haciendo una embarrada más grande que la anterior, ahora resulta que, con plata del menguado erario publico y decreto municipal a bordo, decidió impulsar a todo vapor la celebración del
Primer Festival Vallenato de Cali, con el propósito declarado de convertirnos en algo así como la segunda ciudad del vallenato en Colombia. ¡Errrrda, que joda es esa, cuadro!

Sí! Yo lo vi, sentado junto a Amparo Sinisterra de Carvajal, extraída de la mas rancia (muy rancia, por cierto) oligarquía caleña y quien funge por estos días como asesora cultural (o algo así) del municipio, haciendo el lanzamiento del bodrio en los noticieros regionales. Y, claro, ahora se ven los comerciales invitando a la gente a volverse adicta al vallenato, rancherato mejor, por cuenta de la chochera de la dichosa señora que ha visto en esto “la posibilidad de otra expresión popular musical para Cali”. ¡Por favor!

Que va vaina con esta adolorida ciudad. El último reducto de una singular querencia popular cultivada a lo largo de décadas, como es la salsa, ahora es atacado desde las mismas esferas oficiales. Y eso que cuando Polo se pone eufórico, como en la pasada Feria de Cali, sale a declarase salsero y que la salsa por aquí y que la salsa por allá. ¡Hipócrita, eso es lo que es, mostrándose como una oveja salsera cuando resultó con corazón de lobo vallenato!

Esto ya se veía venir. Lo venimos advirtiendo desde hace rato. La salsa o, mejor, la cultura salsera está dando bocanadas de moribundo y nada que le sale doliente. Esa extraordinaria música, tan ligada a la idiosincrasia caleña, se encuentra ahora arrinconada como muchacha de servicio en bridge de señoras. Decir que uno es salsero o que le gusta la salsa pasó de ser algo normal a una especie de confesión vergonzante. Lo único que falta es que en las discotecas, tabernas, bares y fiestas de quince pongan un aviso prohibiéndonos la entrada.

Claro, en realidad esta protesta no es contra los vallenatologos o vallenatofilos. Al fin y al cabo cada cual tiene derecho de hacer de su oído un orinal. Tampoco es por revirar ingenuamente contra una tendencia que nos impusieron desde hace rato las emisoras y las disqueras, aprovechándose especialmente de la ingenuidad y la hospitalidad musical de los caleños, que siempre pensábamos q
ue eran modas pasajeras y ahora tenemos reggeaton y vallenatos hasta en el cu…ello. Ya todo eso está dicho.

Lo que indigna es que en todos los folletos oficiales de promoción turística de Cali aparece siempre la infaltable pareja de salseros. O que en la decoración decembrina de la ciudad se destacan las figuras emblemáticas de la salsa. ¡Y ahora resulta que somos vallenatos por decreto! Si lo que hace falta precisamente es que se emprenda una ofensiva recuperadora del gusto por la salsa, por la buena, se entiende, que es el género musical que está menguado, indefenso, atacado por todos los costados y victima ahora de la puñalada trapera del alcalde Polo.

En mi concepto, y en el de muchos caleños, afortunadamente, siempre será preferible una canción salsera que cualquier tema de reggeaton o vallenato, sobre todo si se tiene en cuenta los esperpentos que uno escucha por acá. Por tanto, nos declaramos en franca rebeldía contra el intento de la Alcaldía de transformarnos en Frankenstein musicales, con cabeza reggeatonera, muñones vallenatos y corazón de salsa. ¡Guacale!

Por eso, ayer madrugué a firmar la lista de los que piden la revocatoria de este nunca bien lamentado Alcalde que, a pesar de todos los chicharrones que tiene por arreglar, aun tiene tiempo para sentarse a pensar como jodernos un poquito más. ¡Que se vaya!

Así que, a la manera de Andrés Caicedo (ay, hermano, como hacés de falta) digamos:

EL PUEBLO SALSERO DE CALI

Denuncia y rechaza unánime y combativamente
el abusivo intento de la oligarquía caleña
De exterminar la pasión por la salsa a punta de vallenato y reggeaton.
Sepan, tiranos y traidores, que cada salsero cavará una trinchera musical y dejará en ella hasta su último aliento.
Inspirados por Lavoe, Blades, Ponceña, Mulenze y demás caudillos de la salsa
Daremos la batalla hasta la última nota.

NO PASARAN!!!
¡SALSEROS DEL MUNDO, UNIOS!

LA CASA VACIA

La casa yace, yace sin remedio, fantasma de sí misma, yace, yace, la casa pasa por sus vidrios rotos, penetra al comedor que está hec...