15.12.05

SALSA Y NOSTALGIA

Por estos días se ha dado cierta discusión, aunque de baja intensidad, debo admitirlo, sobre un tema recurrente en Cali: Cuál es mejor, si la llamada “salsa vieja” o clásica, o la “nueva salsa” (si es que esto ultimo existe)? En realidad tal debate es viejo, pero ahora reverdece por cierta protesta de algunos salseros que rechazan la contratación para la Feria de Cali de veteranos artistas de la salsa como Johnny Pacheco, el Gran Combo y la Sonora Ponceña, entre otros, por considerarlos obsoletos y de repertorio desactualizado.

Sin embargo, esta controversia merece ser analizada desde un contexto claro: Cali dejó de ser, desde hace varios años y por muchas razones, la Capital de la Salsa, como se la bautizó hace unas décadas atrás gracias al predominio absoluto de este genero musical que, mas que eso, pasó a ser una especie de estilo de vida, de rasgo cultural y de sello de identificación de esta ciudad. Bajo el embate de una salsa anodina, primero, y por la invasión de géneros musicales extraños a la idiosincrasia caleña, como el merengue dominicano, el vallenato llorón (rancherato, que llaman) y, finalmente, el detestable reggeaton, lo que menos se escucha en Cali, hoy por hoy, es la salsa. Y la que por ahí se oye, o es una deformación alambicada, o es una repetición inmutable de algunos temas viejos que, aunque populares, no son necesariamente los mejores del genero salsero.

Entonces, cabe preguntarse si, desde esta lamentable perspectiva, es valido afirmar que en Cali estamos cansados de oír a los mismos con las mismas. Para resolver la cuestión, bien podríamos echar una ojeada breve al pasado de la salsa y entender como llegó a nuestros lares este vibrante ritmo musical que por años nos ha llenado el corazón de gozo inigualable. Inicialmente, debe aclararse que para muchos estudiosos del tema la salsa no es un ritmo o un genero musical definido, sino el producto de una amalgama de muchos ritmos y géneros, algunos antiguos como la guaracha, la pachanga y el son montuno, formada a partir del acoplamiento de esta música afrocubana con tendencias musicales mas modernas como el jazz, el blue, el twist y el mismo rock.

Igualmente se considera que la génesis de la salsa se dio en el corazón mismo de Nueva York, en el Bronx, en Brooklyn, en el Harlem hispano, lugares en donde se asentaron las primeras oleadas migratorias latinas, especialmente cubanos y puertorriqueños, llegados a la Gran Manzana a finales de los años 50 y comienzos de los 60. Fue allí, bajo el influjo de la nostalgia, que se empezaron a formar los sextetos y las charangas que, comenzando los 70, terminaron fundiéndose en las grandes agrupaciones salseras bajo la batuta de personajes como Johny Pacheco, Ray Barreto, Tito Puente, etc.

Sin embargo, la incipiente sonoridad era una música relegada al más puro corazón de la barriada, a las esquinas azarosamente pobladas de inmigrantes, a los apartamentos abigarrados en los ghetos puertorriqueños, a los puertos, a las fábricas. Y al final, nadie logra saber como se fusionó esto con aquello, resultando un ritmo pegajoso, sonoro y, sobre todo, conectado en sus acordes y letras con la necesidad de esa creciente comunidad desarraigada de apegarse a algo propio, a sus raíces, a algo similar a los ritmos autóctonos de las tierras dejadas atrás. Por ello, solo cuando Pacheco y Masucci, esa extraña pero efectiva sociedad de un dominicano y un judío italiano, de un músico y un abogado de divorcios, decidieron organizar una empresa discográfica en torno a toda esa camada de extraordinarios músicos que brotaban por doquier, fue que surgió el término “salsa”.

Y vinieron cosas extraordinarias: Primero, el concierto inicial en el vetusto local de Ralph Mercado el 26 de agosto de 1.971, que, abarrotado de gente delirante, marcó el inicio oficial de un ritmo que, aunque ya se escuchaba y bailaba en las calles de los barrios latinos, ahora salía a luz bajo la conjunción de extraordinarios y versátiles músicos y cantantes. En ese ya lejano día estuvieron en el escenario Richie Ray, Bobby Cruz, Willie Colón, Héctor Lavoe, Ray Barretto, Larry Harlow, Bobby Valentín, lsmael Miranda, Barry Rogers, Larry Spencer, Johnny Pacheco, Yomo Toro, Roberto Roena, Héctor "Bomberito" Zarzuela, Orestes Vilató, Adalberto Santiago, Santitos Colón, Pete "El Conde" Rodríguez, Roberto Rodríguez y Reinaldo Jorge, según nos cuenta el profesor Miguel Antonio Rodríguez. Después vino el concierto en el Yankee Stadium, para el que se anunció a la Típica 73, Mongo Santamaría, el Gran Combo de Puerto Rico y la Fania All Star. Cuando el presentador anunció a esta ultima la gente, en estampida, invadió el campo, por lo que el concierto se tuvo que suspender. Sin embargo, tanto la película como el disco, titulados Fania Live At The Yankee Stadium se vendieron como pan caliente, pese a que en realidad la Fania que allí aparece fue grabada en el concierto que se dio días después en el Coliseo Roberto Clemente de Puerto Rico. Estafa piadosa, lo llama el profesor Rodríguez. Y vinieron mas películas y mas discos, y la salsa se regó desde la misma N.Y. por todos el continente y, después, por el mundo entero.

Y precisamente, en medio de su auge, fue que la salsa llegó a Cali. Según cuenta el mismo Bobby Cruz, fue el empresario Eduardo Lozano quien, a cambio de Tito Puente, se arriesgó en 1.968 a traer a la Feria de Cali a dos estrellas en ascenso: Richie Ray y Bobby, que le habían dado un nuevo aire al viejo bogaloo y que andaban cocinando un ritmo nuevo: el jalajala. Fue la locura. También una enorme sorpresa oír ese vertiginoso ritmo en una ciudad aun provinciana que se contentaba con bailar en sus clubes sociales la música de Los Hispanos o Los Graduados, cuya música Andrés Caicedo llamaba con desprecio “el sonido paisa”. Y la masa de bailadores no fueron a los clubes, ni siquiera a los grilles. Se apretujaron en la caseta más grande, La María, a gozarse en vivo ese electrizante sonido, y allí, sencillamente, enloquecieron. A partir de este momento, la puerta quedó abierta para todas las estrellas salseras que venían a tocar con toda su fuerza y su bravura, con temas originales, recién salidos al mercado y con la misma calidad de sus grabaciones.

La salsa llego a Cali burlando la aduana de las casas disqueras locales, esquivando los filtros de los estudios de grabación, porque llegó en vivo y con los mejores. Al contrario de lo que pasa ahora, la gente primero escuchaba en directo la orquesta y después se recreaba con la música de las emisoras de salsa, que se ufanaban de traer su repertorio en "pasta americana" original desde la misma Nueva York, insigne fabrica salsera. Los conciertos o las presentaciones en caseta eran apoteósicos. Recuerdo con especial nostalgia a la Sonora Ponceña de la mitad de los 80 (recuerdan: "... de que callada manera se me acerca Ud. sonriendo...") y a Henry Fiol en su año de “Donde estará la melodía” y “Oriente”. Extraordinarios…

Pero, en honor a la verdad, el decaimiento de la salsa no es solamente un asunto en Cali, sino de carácter general. El desmantelamiento de la Fania, hacia finales de los años 80, la desbandada de los músicos en producciones independientes y, sobre todo, la intensa comercialización de las disqueras, apagó definitivamente el gusto por toda esa rutilante generación de músicos y cantantes y sus temas bravos. Aunque el fenómeno de Rubén Blades y su “salsa social” ("Siembra", con Willy Colón) logro revivir por algún tiempo la originalidad del genero, la decadencia definitiva llegó del brazo de la llamada “salsa rosa”, que empezaron a promover vocalistas de entraña salsera como Loui Ramírez y Ray de la Paz, la que después le dio paso a la “porno salsa” o “salsa catre”, representada por Eddie Santiago, Frankie Ruiz, Jerry Rivera, Rey Ruiz y otros por allí, que a base de publicidad desmedida, pinta de niñatos y letras almibaradas, cursis o de burda sensualidad, transformaron la salsa original en un esperpento que todavía nos atribula.

El surgimiento de orquestas autóctonas y de calidad, como Niche y Guayacán, y el auge temporal del “sonido cubano” de los Van Van, los Den Den, Isaac Delgado y otros, auspiciado por Gary Domínguez en su inolvidable “Taberna Latina”, logró retrasar la desaparición definitiva del gusto salsero en Cali. Pero la salsa de verdad desapareció de las emisoras y de la preferencia popular, bajo el arrollador influjo de las disqueras, mas interesadas en promover una salsa industrial, de sonido robotizado, sin matices, sin soneo, sin sabor para el bailador. Por ello, producciones brillantes como las de la Orquesta Mulenze, por ejemplo, son prácticamente desconocidas en la ciudad, relegadas a las salas de los coleccionistas o a la penumbra nostálgica de una que otra salsoteca que todavía subsiste en las barriadas.

Por todo esto, terciando en el debate que mencionábamos, diríamos que no tendría nada de malo que la anunciada visita de Johnny Pacheco, Richie Ray, Bobby Cruz, Rafael Ithier y otros “caballos” de la salsa, a pesar de su innegable ancianidad, de la opacidad de su voz, de su conocidísimo repertorio y de que seguramente no tocan ya con ellos muchos de sus músicos originales, nos vengan a dar un respiro, aunque sea pequeño, en medio de tanta mediocridad y tanta orfandad salsera.

Que, aunque fugaz, nos traigan con ellos el recuerdo del sonido de antes, para que, en alas de la nostalgia, se nos permita vivir el piadoso engaño de una Cali bailadora y salsera.

6.12.05

¿POR QUÉ SE QUEJAN DEL T.L.C.?

Francamente no entiendo por qué tanta quejadera sobre el T.L.C. y sus consecuencias, dizque funestas.

Lo que falta es un poco de ingenio y adaptacion para sacarle jugo a las cosas de los gringos. Si no lo creen, miren este par de ejemplos:

PRIMERO:
BOB ESPONJA EN U.S.A. :

BOB ESPONJA EN LAS CALLES DE BOGOTÁ :

SEGUNDO:

YOGA EN U.S.A. :


YOGA CRIOLLO (con efluvios etilicos, claro) :

(Fotografias fusiladas, sin permiso, de esta pagina: DIARIO NOCTURNO )

5.12.05

LA SONRISA DE RONALDINHO

Quien alguna vez se puso los cortos, se calzó los guayos y se fue a un potrero, o cancha, o peladero, con un grupo de amigos, o compinches, o compañeros, a patear un balón, va a darme la razón en algo: El fútbol es, fundamentalmente y antes que cualquier cosa, un juego. Y juego es, por definición propia, algo divertido.

Por eso, la elección de Ronaldinho como mejor jugador de Europa y, por esa misma vía, del mundo en estos momentos es, además de justa, gratificante. Es como si, después de décadas de someter al fútbol a todo tipo de experimentos atléticos, ajedrecísticos y de ingeniería espacial, a alguien se le hubiese prendido el bombillo y hubiese recordado que el fútbol es, reiteramos, un juego y, encima, divertido. Por tanto, por qué no premiar al que mas se divierte y divierte a los demás con sus jugadas?

Aprendimos a amar el fútbol desde niños y, como tales, siempre lo consideramos un juego. Y fue para todos, sin excepción, un juego encantadoramente fácil: Solo requería a unos cuantos de lado y lado de la cancha, un balón y empezaba la alegría. Algunos con mas habilidad, tenían la magia de la gambeta; otros, mas reposados, pensaban y hacían su jugada, primero en su mente y después con el pie; unos mas, aportaban su fuerza y hasta su rudeza; otros, se reían desde afuera de la cancha, gritaban, se burlaban de los torpes, aplaudían al habilidoso, se divertían. Todos, adentro y afuera de la cancha, gozaban del fútbol.

Es por eso que décadas después aun se habla de las piernas torcidas y las gambetas indescifrables de “Mane” Garrincha. O que se referencia a la Selección Brasil del Mundial del 70, con el fútbol mágico y poderoso de Pelé y la corte de genios, como Tostao, Gerson, Rivelino y demás, que lo secundaban. O que se emite, una y otra vez, el genial gol de Maradona a los ingleses. Eran genios o cracks, como se quiera decir, pero esencialmente era gente que, ante todo, se divertía con el balón en sus pies. Y esa alegría era lo que trasmitían a las graderías o a la audiencia televisiva.

Pero, inexplicablemente, o mejor, entendible pero lamentablemente, el fútbol, por las pasiones que despierta, se convirtió en un negocio. Y la esencia del negocio, a diferencia del juego, es ganar. A toda costa, de cualquier forma, no importa como, pero ganar, siempre ganar. Bueno, y algunos ahora piensan que también empatar es bueno para el negocio. Así que si no puedes ganar, por lo menos empata, de cualquier forma, de cualquier manera, no importa, lo que importa es el resultado. Y ahí se perrateó el juego y su alegría.

Porque, qué horriblemente aburrido se ha vuelto el fútbol. Desde la invención de los llamados “sistemas de bloque”, que empezaron a ponerse de moda después de la sorpresa que representó el llamado “fútbol total” de la Selección Holandesa en el Mundial del 78, todo se volvió sistémico y táctico. Los equipos empezaron a jugar un fútbol impersonal, lleno de esquemas extraños y con un despliegue atlético inusitado. Hasta las posiciones tradicionales cambiaron de nombre: Los habilidosos y gambeteadores de antes pasaron a ser volantes de creación; los delanteros, se convirtieron en medias puntas, cabezas de área o carrileros; los defensas, en stoppers, jugadores de área o taponadores. Hasta el cancerbero se convirtió, durante un buen tiempo, en un defensa mas o lo que se llamaba antes un libero. Se crearon esquemas tan llenos de números que los técnicos de hoy en día son mas matemáticos puros que otra cosa. Incluso, acciones tan fundamentales en el fútbol como es quitar el balón e iniciar un ataque, que antes lo hacia cualquier jugador, ahora se ha especializado de tal forma que hay volantes de recuperación, que quitan el balón, y volantes de armado o creación, que inician el ataque. Con el tiempo, algunos se especializaran en el saque de banda o en traer el balón cuando se desborde detrás de la cancha. Y serán figuras, no me cabe duda.

Las figuras que destacaron en esta nueva época del fútbol moderno llegaron y se fueron con mas pena que gloria. Muy pocos nombres se recuerdan y ninguno se equipara al de Pele o Maradona, cuyas jugadas aun deslumbran y parecen en los videos, como Gardel, que cada día jugaran mejor. Otras estrellas no son mas que el producto homogenizado y pasteurizado de los medios de comunicación o de los mercachifles del fútbol, que invierten ríos de tinta y despliegues verbales para convencernos de que fulano de tal, por hacer una jugada excepcional o jugar mas de dos partidos buenos, es el nuevo crack de la temporada. En realidad, lo que uno ve son jugadores potencialmente buenos, incluso excelentes, completamente castrados en su capacidad de improvisar, de inventar, de crear, amarrados inexorablemente al esquema, generalmente defensivo, del entrenador de turno. Son como esos tristes leones de circo que, amedrentados por el chasquido del látigo, rugen, pero no muerden; se mueven, pero no corren; parecen algo, pero no son nada.

Por eso reconforta, volviendo a Ronaldihno, que este delgado, mechudo y eternamente sonriente jugador sea ahora la nueva figura del fútbol. Solo basta verlo jugar para alegrarse y para disfrutar de una jugada impensada y genial, de esas que no requieren libreto, solo habilidad, genio y gusto por el juego. Y lo mejor, es que ríe, se ríe mucho Ronaldihno, no burlándose del contrario, al que, por lo general, deja tendido con un amague, un freno o un sutil toque lateral, sino de gusto, de alegría por el juego.

Y los demás sonreímos también. Porque amamos el juego y el juego, insisto, es alegría, esa que ahora, por cuenta de esta nueva figura, parece revivir. Y sonreír.

26.11.05

VERGUENZA

Existen muchas cosas que me avergüenzan. Y probablemente, en la medida en la que sigo viviendo, tales vergüenzas se acrecentaran o, simplemente, serán reemplazadas por otras. Por ejemplo, me avergüenza compartir la pertenencia al género humano con personajes como Hitler, Pinochet, Tirofijo, Jojoy, Mancuso o Carlos Castaño, solo por nombrar a los obvios. Incluso, en el caso de estos últimos, me avergüenza, además, compartir la nacionalidad y hasta la época en que nos ha tocado vivir.

Pero mi principal vergüenza como hombre es ser congénere de hombres que maltratan y abusan de mujeres y niños. Son los únicos casos en donde mi indignación borra por momentos mi obediencia al mandato de la misericordia que el Señor demanda para con el prójimo y, lo admito, quisiera agarrar a cada uno de estos abusadores y machacarles la cabeza a ver si se abre un resquicio de razonamiento y decencia.

Probablemente ayer, que se ha establecido como fecha internacional de la NO VIOLENCIA contra la mujer, muchos estuvieron pronunciándose sobre el tema, pero es muy probable que este sea una de esas fechas en que la gran hipocresía del mundo se manifiesta, en que se lavan en seco las conciencias, principalmente las de los indiferentes, y se vuelve al otro dia a la normalidad con el engañoso sentimiento de haber hecho algo bueno por alguien. O quizás, sea una de esas fechas que a fuerza de protestar y denunciar sobre un fenómeno tan conocido y tan extendido, que ahora se considera problema de salud pública mundial, no cambie nada. Puede ser.

Pero también puede ser que algún hombre maltratador en algún lugar se sienta enfrentado a su culpa. Y que, confrontado, se avergüence de su actitud y que, probablemente, se fuerce a si mismo a cambiar. Si, lo admito, son demasiados “puede ser”. Y la experiencia, desgraciadamente, nos indica que, dada la naturaleza humana, son pocos, muy pocos, los casos en que uno logra cambiarse a si mismo. Sin embargo, de eso se trata la esperanza.

Sin saber de la citada fecha internacional, había venido acumulando desde hace algún tiempo la información periodística que en El País, es decir, en un medio periodístico básicamente local, venía apareciendo cotidianamente sobre casos en que hombres energúmenos asesinaban a sus esposas, compañeras o novias, incluso, en buena parte de estos casos, frente a los propios hijos. Las han asesinado a bala, puñaladas, golpes, y hasta ahorcamientos. Y cuando ya los casos iban por doce o trece, solo este año, abandoné la cuenta, asqueado, cuando leí sobre un hombre que prstituyó a su sobrina de 11 años para extorsionar a sus conocidos. Recuerdo que en alguno de los últimos artículos se reseñaba que las autoridades se mostraban “preocupadas” por el fenómeno, que rayaba, o raya, en la epidemia.

Hoy leía, por ejemplo esta noticia, que narra como una mujer que se habría gastado algunos de los pocos dólares que su compañero le enviaba del exterior como ahorros, cuando supo de su inminente regreso y aterrada por las consecuencias que padecería, decidió fingir un secuestro suyo y de su pequeño hijo con el fin de justificar el faltante. Para darle mas credibilidad al asunto, decidió automutilarse uno de sus dedos para enviárselo al hombre como prueba del plagio. Solo alguien aterrorizado por un miedo irracional hacia otra persona puede llegar a ese extremo. Ya puede uno imaginarse la joyita de marido que tendría la pobre mujer.

Dolorosamente siempre recuerdo el caso de una mujer a quien conocí hace algunos años. Era una mujer joven, vital y hermosa, y así la recordaba hasta cuando hace algún tiempo vino a pedirme ayuda. Casi no la reconocí. El animal con el que vivía la había golpeado de tal forma que tenía totalmente deformado el rostro, después de recibir una salvaje andanada de patadas y golpes. Además, no contento con ello, la había arrastrado y arrojado por las gradas desde un cuarto piso. Debimos llevarla urgentemente al hospital, no solo para ser atendida por la golpiza, sino también porque, desesperada, se había tomado medio frasco de insecticida. No quería seguir viviendo, a pesar de tener dos hijos pequeños. Nunca quiso denunciarlo por el terror que le inspiraba el tipo.

Ahora, las estadísticas de la OMS nos informan que el maltrato a la mujer es un fenómeno mundial. Y, lo que es peor, que va en inatajable aumento. El punto más vergonzoso es que el mayor porcentaje de violencia, y el más letal, proviene de sus parejas, es decir, de los hombres que conviven con ellas. Incluso, las golpean, insultan, humillan, denigran, violan, persiguen y atemorizan en estado de embarazo o siendo sus propias hijas. No puede caber más degradación.

En Colombia el problema ya va en un incremento de casos del 200% en los últimos años, dentro de los cuales se combina la violencia física, sexual, verbal, económica y emocional. Como si fuera poco, ahora se denuncia que integrantes de las fuerzas militares habrían violando mujeres indígenas dentro del marco del conflicto armado. De comprobarse esto, no faltaría ninguna infamia más en contra de las mujeres en este país.

Probablemente lo más repudiable de todo es el silencio alrededor de este fenómeno. En un sistema cuyos ámbitos de poder son mayoritariamente ocupados e influenciados por hombres, la violencia contra la mujer parece ocupar un lugar muy insignificante en la escala de prioridades y soluciones que se requieren. Aunque existen normas que sancionan con prisión la violencia intrafamiliar, penas que en este año se han incrementado, la verdad es que la mayoría de estos casos no se denuncian y los que sí, entran a los anaqueles del olvido de los despachos judiciales, siendo escasísimos en los que han habido condenas ejemplares.

Y es entendible que no se denuncie. Además de un Estado desesperantemente incapaz de brindarle una protección mínima a las denunciantes, tenemos que los procedimientos judiciales someten a la mujer a adicional humillación al obligarla inicialmente a encararse con el maltratador, en una diligencia dizque encaminada a reconciliar a las partes. ¡Habrase visto tamaña pendejada! Cuando una mujer se atreve a dar el paso de denunciar, a sabiendas de las previsibles consecuencias, es porque se encuentra desesperada y sin salida distinta, así que es grotesco obligarla a sentarse frente al energúmeno que casi la mata a golpes a intentar llegar a un arreglo, como si fuera un problema de negocios o cosa parecida. Por lo general, y lo dicen las mismas estadísticas, muchas de estas mujeres nunca mas vuelven a continuar el proceso, no solo por las pocas esperanzas que este les brinda, sino porque el golpeador, violador y/o abusador que las maltrató se da muy buena maña para disuadirlas. El método ya es conocido.

Se que algunas mujeres leen con alguna asiduidad este blog, y algunas otras llegaran a él por accidente. A todas ellas, hayan sido maltratadas o no alguna vez en su vida por un hombre, quiero sinceramente pedirles PERDÓN, MIL VECES PERDÓN, en nombre de mi genero, pues aunque he procurado al máximo evitar todo tipo de violencia contra mujer alguna, no dejo de sentirme de alguna forma responsable por todas y cada una de las mujeres que alrededor del mundo, y aun en mi propio país y en mi ciudad, han sufrido y sufren, en infamante silencio, el oprobio de la violencia en su contra y en la de sus hijos.

Quiera el Señor que todas estas nuevas generaciones de varones que algunos estamos levantado diligente y esperanzadoramente, nos brinden la satisfacción y el regocijo de proclamar, algún día, que nunca jamás ninguna mujer volvió a ser maltratada en forma alguna.

Por favor, creámoslo.

LA CASA VACIA

La casa yace, yace sin remedio, fantasma de sí misma, yace, yace, la casa pasa por sus vidrios rotos, penetra al comedor que está hec...