sábado, 1 de agosto de 2009

ASEDIO

El sudor le corre lentamente por la cara. Y ríos diminutos y brillantes se le dibujan, deslizandose presurosamente por cauces sinuosas, desde la frente hasta el cuello y mas allá de los limites que marca la ropa andrajosa.

Siento su mirada, acosada por el caluroso bochorno, sobre mi cara. No quiero decirle nada, ni siquiera cuando murmura un agradecimiento mil veces recitado al recibir las monedas que le tiendo.

El semáforo cambia. Acelero lentamente y el se queda incrustado en el espejo retrovisor como un espectro sucio, cada vez mas lejano.

Su imagen ahora me recuerda que su miseria acosa levemente mi conciencia, que se descarga, de vez en cuando, con algunas monedas y que se cargará nuevamente cuando otros como él me asedien en el siguiente semáforo.

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