5.12.05

LA SONRISA DE RONALDINHO

Quien alguna vez se puso los cortos, se calzó los guayos y se fue a un potrero, o cancha, o peladero, con un grupo de amigos, o compinches, o compañeros, a patear un balón, va a darme la razón en algo: El fútbol es, fundamentalmente y antes que cualquier cosa, un juego. Y juego es, por definición propia, algo divertido.

Por eso, la elección de Ronaldinho como mejor jugador de Europa y, por esa misma vía, del mundo en estos momentos es, además de justa, gratificante. Es como si, después de décadas de someter al fútbol a todo tipo de experimentos atléticos, ajedrecísticos y de ingeniería espacial, a alguien se le hubiese prendido el bombillo y hubiese recordado que el fútbol es, reiteramos, un juego y, encima, divertido. Por tanto, por qué no premiar al que mas se divierte y divierte a los demás con sus jugadas?

Aprendimos a amar el fútbol desde niños y, como tales, siempre lo consideramos un juego. Y fue para todos, sin excepción, un juego encantadoramente fácil: Solo requería a unos cuantos de lado y lado de la cancha, un balón y empezaba la alegría. Algunos con mas habilidad, tenían la magia de la gambeta; otros, mas reposados, pensaban y hacían su jugada, primero en su mente y después con el pie; unos mas, aportaban su fuerza y hasta su rudeza; otros, se reían desde afuera de la cancha, gritaban, se burlaban de los torpes, aplaudían al habilidoso, se divertían. Todos, adentro y afuera de la cancha, gozaban del fútbol.

Es por eso que décadas después aun se habla de las piernas torcidas y las gambetas indescifrables de “Mane” Garrincha. O que se referencia a la Selección Brasil del Mundial del 70, con el fútbol mágico y poderoso de Pelé y la corte de genios, como Tostao, Gerson, Rivelino y demás, que lo secundaban. O que se emite, una y otra vez, el genial gol de Maradona a los ingleses. Eran genios o cracks, como se quiera decir, pero esencialmente era gente que, ante todo, se divertía con el balón en sus pies. Y esa alegría era lo que trasmitían a las graderías o a la audiencia televisiva.

Pero, inexplicablemente, o mejor, entendible pero lamentablemente, el fútbol, por las pasiones que despierta, se convirtió en un negocio. Y la esencia del negocio, a diferencia del juego, es ganar. A toda costa, de cualquier forma, no importa como, pero ganar, siempre ganar. Bueno, y algunos ahora piensan que también empatar es bueno para el negocio. Así que si no puedes ganar, por lo menos empata, de cualquier forma, de cualquier manera, no importa, lo que importa es el resultado. Y ahí se perrateó el juego y su alegría.

Porque, qué horriblemente aburrido se ha vuelto el fútbol. Desde la invención de los llamados “sistemas de bloque”, que empezaron a ponerse de moda después de la sorpresa que representó el llamado “fútbol total” de la Selección Holandesa en el Mundial del 78, todo se volvió sistémico y táctico. Los equipos empezaron a jugar un fútbol impersonal, lleno de esquemas extraños y con un despliegue atlético inusitado. Hasta las posiciones tradicionales cambiaron de nombre: Los habilidosos y gambeteadores de antes pasaron a ser volantes de creación; los delanteros, se convirtieron en medias puntas, cabezas de área o carrileros; los defensas, en stoppers, jugadores de área o taponadores. Hasta el cancerbero se convirtió, durante un buen tiempo, en un defensa mas o lo que se llamaba antes un libero. Se crearon esquemas tan llenos de números que los técnicos de hoy en día son mas matemáticos puros que otra cosa. Incluso, acciones tan fundamentales en el fútbol como es quitar el balón e iniciar un ataque, que antes lo hacia cualquier jugador, ahora se ha especializado de tal forma que hay volantes de recuperación, que quitan el balón, y volantes de armado o creación, que inician el ataque. Con el tiempo, algunos se especializaran en el saque de banda o en traer el balón cuando se desborde detrás de la cancha. Y serán figuras, no me cabe duda.

Las figuras que destacaron en esta nueva época del fútbol moderno llegaron y se fueron con mas pena que gloria. Muy pocos nombres se recuerdan y ninguno se equipara al de Pele o Maradona, cuyas jugadas aun deslumbran y parecen en los videos, como Gardel, que cada día jugaran mejor. Otras estrellas no son mas que el producto homogenizado y pasteurizado de los medios de comunicación o de los mercachifles del fútbol, que invierten ríos de tinta y despliegues verbales para convencernos de que fulano de tal, por hacer una jugada excepcional o jugar mas de dos partidos buenos, es el nuevo crack de la temporada. En realidad, lo que uno ve son jugadores potencialmente buenos, incluso excelentes, completamente castrados en su capacidad de improvisar, de inventar, de crear, amarrados inexorablemente al esquema, generalmente defensivo, del entrenador de turno. Son como esos tristes leones de circo que, amedrentados por el chasquido del látigo, rugen, pero no muerden; se mueven, pero no corren; parecen algo, pero no son nada.

Por eso reconforta, volviendo a Ronaldihno, que este delgado, mechudo y eternamente sonriente jugador sea ahora la nueva figura del fútbol. Solo basta verlo jugar para alegrarse y para disfrutar de una jugada impensada y genial, de esas que no requieren libreto, solo habilidad, genio y gusto por el juego. Y lo mejor, es que ríe, se ríe mucho Ronaldihno, no burlándose del contrario, al que, por lo general, deja tendido con un amague, un freno o un sutil toque lateral, sino de gusto, de alegría por el juego.

Y los demás sonreímos también. Porque amamos el juego y el juego, insisto, es alegría, esa que ahora, por cuenta de esta nueva figura, parece revivir. Y sonreír.

26.11.05

VERGUENZA

Existen muchas cosas que me avergüenzan. Y probablemente, en la medida en la que sigo viviendo, tales vergüenzas se acrecentaran o, simplemente, serán reemplazadas por otras. Por ejemplo, me avergüenza compartir la pertenencia al género humano con personajes como Hitler, Pinochet, Tirofijo, Jojoy, Mancuso o Carlos Castaño, solo por nombrar a los obvios. Incluso, en el caso de estos últimos, me avergüenza, además, compartir la nacionalidad y hasta la época en que nos ha tocado vivir.

Pero mi principal vergüenza como hombre es ser congénere de hombres que maltratan y abusan de mujeres y niños. Son los únicos casos en donde mi indignación borra por momentos mi obediencia al mandato de la misericordia que el Señor demanda para con el prójimo y, lo admito, quisiera agarrar a cada uno de estos abusadores y machacarles la cabeza a ver si se abre un resquicio de razonamiento y decencia.

Probablemente ayer, que se ha establecido como fecha internacional de la NO VIOLENCIA contra la mujer, muchos estuvieron pronunciándose sobre el tema, pero es muy probable que este sea una de esas fechas en que la gran hipocresía del mundo se manifiesta, en que se lavan en seco las conciencias, principalmente las de los indiferentes, y se vuelve al otro dia a la normalidad con el engañoso sentimiento de haber hecho algo bueno por alguien. O quizás, sea una de esas fechas que a fuerza de protestar y denunciar sobre un fenómeno tan conocido y tan extendido, que ahora se considera problema de salud pública mundial, no cambie nada. Puede ser.

Pero también puede ser que algún hombre maltratador en algún lugar se sienta enfrentado a su culpa. Y que, confrontado, se avergüence de su actitud y que, probablemente, se fuerce a si mismo a cambiar. Si, lo admito, son demasiados “puede ser”. Y la experiencia, desgraciadamente, nos indica que, dada la naturaleza humana, son pocos, muy pocos, los casos en que uno logra cambiarse a si mismo. Sin embargo, de eso se trata la esperanza.

Sin saber de la citada fecha internacional, había venido acumulando desde hace algún tiempo la información periodística que en El País, es decir, en un medio periodístico básicamente local, venía apareciendo cotidianamente sobre casos en que hombres energúmenos asesinaban a sus esposas, compañeras o novias, incluso, en buena parte de estos casos, frente a los propios hijos. Las han asesinado a bala, puñaladas, golpes, y hasta ahorcamientos. Y cuando ya los casos iban por doce o trece, solo este año, abandoné la cuenta, asqueado, cuando leí sobre un hombre que prstituyó a su sobrina de 11 años para extorsionar a sus conocidos. Recuerdo que en alguno de los últimos artículos se reseñaba que las autoridades se mostraban “preocupadas” por el fenómeno, que rayaba, o raya, en la epidemia.

Hoy leía, por ejemplo esta noticia, que narra como una mujer que se habría gastado algunos de los pocos dólares que su compañero le enviaba del exterior como ahorros, cuando supo de su inminente regreso y aterrada por las consecuencias que padecería, decidió fingir un secuestro suyo y de su pequeño hijo con el fin de justificar el faltante. Para darle mas credibilidad al asunto, decidió automutilarse uno de sus dedos para enviárselo al hombre como prueba del plagio. Solo alguien aterrorizado por un miedo irracional hacia otra persona puede llegar a ese extremo. Ya puede uno imaginarse la joyita de marido que tendría la pobre mujer.

Dolorosamente siempre recuerdo el caso de una mujer a quien conocí hace algunos años. Era una mujer joven, vital y hermosa, y así la recordaba hasta cuando hace algún tiempo vino a pedirme ayuda. Casi no la reconocí. El animal con el que vivía la había golpeado de tal forma que tenía totalmente deformado el rostro, después de recibir una salvaje andanada de patadas y golpes. Además, no contento con ello, la había arrastrado y arrojado por las gradas desde un cuarto piso. Debimos llevarla urgentemente al hospital, no solo para ser atendida por la golpiza, sino también porque, desesperada, se había tomado medio frasco de insecticida. No quería seguir viviendo, a pesar de tener dos hijos pequeños. Nunca quiso denunciarlo por el terror que le inspiraba el tipo.

Ahora, las estadísticas de la OMS nos informan que el maltrato a la mujer es un fenómeno mundial. Y, lo que es peor, que va en inatajable aumento. El punto más vergonzoso es que el mayor porcentaje de violencia, y el más letal, proviene de sus parejas, es decir, de los hombres que conviven con ellas. Incluso, las golpean, insultan, humillan, denigran, violan, persiguen y atemorizan en estado de embarazo o siendo sus propias hijas. No puede caber más degradación.

En Colombia el problema ya va en un incremento de casos del 200% en los últimos años, dentro de los cuales se combina la violencia física, sexual, verbal, económica y emocional. Como si fuera poco, ahora se denuncia que integrantes de las fuerzas militares habrían violando mujeres indígenas dentro del marco del conflicto armado. De comprobarse esto, no faltaría ninguna infamia más en contra de las mujeres en este país.

Probablemente lo más repudiable de todo es el silencio alrededor de este fenómeno. En un sistema cuyos ámbitos de poder son mayoritariamente ocupados e influenciados por hombres, la violencia contra la mujer parece ocupar un lugar muy insignificante en la escala de prioridades y soluciones que se requieren. Aunque existen normas que sancionan con prisión la violencia intrafamiliar, penas que en este año se han incrementado, la verdad es que la mayoría de estos casos no se denuncian y los que sí, entran a los anaqueles del olvido de los despachos judiciales, siendo escasísimos en los que han habido condenas ejemplares.

Y es entendible que no se denuncie. Además de un Estado desesperantemente incapaz de brindarle una protección mínima a las denunciantes, tenemos que los procedimientos judiciales someten a la mujer a adicional humillación al obligarla inicialmente a encararse con el maltratador, en una diligencia dizque encaminada a reconciliar a las partes. ¡Habrase visto tamaña pendejada! Cuando una mujer se atreve a dar el paso de denunciar, a sabiendas de las previsibles consecuencias, es porque se encuentra desesperada y sin salida distinta, así que es grotesco obligarla a sentarse frente al energúmeno que casi la mata a golpes a intentar llegar a un arreglo, como si fuera un problema de negocios o cosa parecida. Por lo general, y lo dicen las mismas estadísticas, muchas de estas mujeres nunca mas vuelven a continuar el proceso, no solo por las pocas esperanzas que este les brinda, sino porque el golpeador, violador y/o abusador que las maltrató se da muy buena maña para disuadirlas. El método ya es conocido.

Se que algunas mujeres leen con alguna asiduidad este blog, y algunas otras llegaran a él por accidente. A todas ellas, hayan sido maltratadas o no alguna vez en su vida por un hombre, quiero sinceramente pedirles PERDÓN, MIL VECES PERDÓN, en nombre de mi genero, pues aunque he procurado al máximo evitar todo tipo de violencia contra mujer alguna, no dejo de sentirme de alguna forma responsable por todas y cada una de las mujeres que alrededor del mundo, y aun en mi propio país y en mi ciudad, han sufrido y sufren, en infamante silencio, el oprobio de la violencia en su contra y en la de sus hijos.

Quiera el Señor que todas estas nuevas generaciones de varones que algunos estamos levantado diligente y esperanzadoramente, nos brinden la satisfacción y el regocijo de proclamar, algún día, que nunca jamás ninguna mujer volvió a ser maltratada en forma alguna.

Por favor, creámoslo.

22.11.05

ANO...NADADO

En el siempre interesante blog de Tecnochica encontramos dos noticias que, como el titulo de este post, nos dejaron idem. Salidos del primer estupor, corrimos a consultar nuestro desvencijado DRAE, que no por viejo es menos sabio, para indagar si el lugar en donde decorosamente termina la espalda tendría algún significado o uso que ignoráramos. Pero, terco, el vocablo se mantenía en sus trece: Dícese del ano que es aquel elemento de la anatomía humana que sirve para excretar las heces resultantes del proceso digestivo. Bueno, pensé, tal vez por trasero, pero tampoco, porque denominase este como equivalente a nalga o nalgatorio y se refiere a los promontorios cárnicos que guardan a buen recaudo el ano, palabras más, palabras menos.

Ya persuadidos de la permanencia semántica de esta notoria pieza anatómica, repasamos, aun atónitos, las dos noticias: La primera, nos informa que la actriz (¿?) y cantante (¿¿??) Jennifer López, conocida en el ambiente artístico como “JLo”, habría contratado con una reconocida compañía de seguros una póliza por varios millones de dólares para asegurar su trasero. Y la noticia sorprende, pues aunque las extravagancias que vemos a diario entre estos afortunados prójimos nuestros de la farándula internacional nos han corrido la cerca del asombro, nos queda aun cierto remanente para anonadarnos. Asombra, sobre todo, que uno pueda asegurarse el c…, pero tratándose de la López, todos los señores suspiramos con alivio de que en medio de tanta inseguridad y tanto terrorismo, al menos esa maravilla se encuentre a salvo.

No se porque me vinieron a la cabeza, después de leer la noticia de marras, todos esos trámites que tuve que hacer este año para asegurar mi pichirilo. Lo tuve que llevar donde un experto o perito, quien le tomo fotografías por los cuatro costados, lo examinó por fuera y por dentro, me preguntó por los rayones, hundidos, manchas y demás y, después de todo ese dispendioso tramite, le dio el visto bueno a la aseguradora para la póliza. Me he preguntado desde entonces: Si todo esto fue para un pinche carro, como no será para un c…, elemento este a veces tan frágil, tan expuesto a la intemperie, a los cambios bruscos de temperatura o, al menos, a las miradas penetrantes.

También me he devanado los sesos, debo confesarlo, pensando en si a la pobre Jennifer le sometieron el trasero a toda esta experticia: Si algún mugroso mecánico le miró con linterna y a fondo el buen estado del elemento asegurado; si le tomaron fotos por todos los costados; si le miraron con lupa los desperfectos, si es que los tiene, de esa sublime pieza. Ojala que no, pero conociendo a las aseguradoras, nada de raro tiene.

Otra pregunta inquietante, si me lo permiten, que es obvia pero necesaria: De que tipo de riesgos asegura uno el c…? Bueno, no es que dicho elemento no corra riesgos, mas aun en esta época de tanto equivoco sexual que uno encuentra por allí, pero francamente no me explico cuales serian los riesgos para el trasero de la López. Forzando la imaginación, a uno le vendría a la mente, en primer lugar, un estreñimiento bien tenaz, que podría conducir al congestionamiento acelerado de la mentada pieza. Pero, no, que va, estreñimiento nos da a los de estrato tres hacia abajo, por lo que uno no logra imaginarse a tan fina señora sentada por horas en el sanitario, resoplando como una locomotora, con la cara amoratada, los ojos llorosos y la mirada perdida, esperando la dolorosa salida del esquivo pasajero.

O podría ser, por que no, lo contrario: Una copiosa y sonora diarrea, que lo enflaquecería al extremo, tornándolo desgonzado, caído y sin fuerzas. Pero el argumento en contra seria el mismo del párrafo anterior, con la aclaración de que diarrea o churrias les da a los que comen (o jartan, como dicen en Boyacá) todas esas porquerías culinarias conocidas como fritanga criolla, “corrientazo” o “milenio”, cosas que la López seguramente ni siquiera imagina que existan, menos que se puedan comer.

Un tercer riesgo, o siniestro que llaman, podría ser lo que mi fallecida abuela materna, alma bendita, denominaba como carranchin o siete luchas, que produce una rasquiña tan intensa que puede conducir, si no se trata a tiempo con una buena azotada de ortiga y un intenso restregamiento con tusa de choclo, a la locura y hasta la muerte. Pero esa lamentable dolencia solo les da a los que depositan su trasero en cualquier sanitario o letrina, como el de la galería La Floresta de Cali o el del restaurante Las Delicias del Camino, especializado en platillos para conductores de tractomula. Ni de riesgos que JLo llegue tan bajo, mas aun cuando uno de sus novios o maridos le regaló cierta vez un costosísimo water con incrustaciones de piedras preciosas y diamantes. Seguramente el carranchín nos daría a Usted o a mí donde nos sentemos en semejante fortuna a darle gusto al bajo vientre.

Un cuarto riesgo, por idea aportada por la calenturienta mente de cierto amigo mío, sería la asegurar a la López y a su trasero de la posibilidad de un doloroso accidente consistente en que su marido, el enclenque Marc Anthony, en una noche de copas, una noche loca, pasado de tragos, pudiera confundir la zona natural con la que se cumple el deber conyugal con la que aquí nos ocupa, lo que sin duda podría producir un grave estropicio en tan delicado portento. Esta posibilidad, aunque un poco rebuscada, es factible, pues casos se han visto. Lo que yo le discuto a mi amigo es como se le demostraría a la compañía aseguradora tan vergonzoso evento. Si para probar que a uno le chocaron el carro por detrás le exigen fotografías del golpe, croquis del policía de transito y testigos del accidente, además de un peritaje de los daños, me temo que a JLo tales pruebas le serian muy difíciles de obtener.

Bueno, la segunda noticia, si bien relacionada también con el mismo elemento, es aun más asombrosa, pero también extremadamente dolorosa. Resulta que en Rumania cierta dama se apropió de un celular que alguien habría dejado por ahí “pagoso”, como dicen por acá. Posteriormente, la mujer subió apresuradamente a un vehiculo de servicio publico, esquivando la persecucion. Varios pasajeros la vieron, como también vieron que portaba el celular. Detenido el vehiculo mas adelante por la policía, se le hizo intensa requisa a la mujer, sin encontrarle el artefacto. Conducida a la estación policial volvió a ser cuidadosamente requisada, sin ningún resultado. A punto de ser liberada, se le ocurrió a uno de los policiales llamar al número del celular, cuyo insistente y sonoro timbre se escuchó clara e inmediatamente en el recinto. Se decidió, entonces, practicarle un examen rectal a la mujer, encontrándose en ese secreto lugar de su anatomía el elemento hurtado.

También varias obligadas reflexiones surgen de este inusitado caso: Por un lado, probablemente el hombre al que le robaron el celular debe notar, ahora que se lo devolvieron, que cada vez que lo usa siempre termina hablando m… Por otro lado, debe el trasero de la mujer agradecerle a su dueña que esta no se hubiera dedicado a robar celulares hace unos años atrás, cuando la tecnología no había reducido tanto el tamaño de los teléfonos móviles, Recuerdo que el primer celular que compré, por allá en el año 1994, media casi el largo de mi mano, y había que sacarle la antena para usarlo. De habérselo robado la rumana, probablemente hubiera sido necesario una cesárea para recuperarlo. Lo que si me ha aclarado este asunto es la razón por la cual cada vez los hacen mas pequeños y delgados: Con tanta competencia entre empresa de celulares, es porque piensan metérnoslos, primero por los ojos, después hasta por ese dolorosísimo sitio.

Conclusión: Dos traseros, uno de alcurnia, otro plebeyo. Uno venerado y consentido hasta el extremo; el otro, famélico y humillado por una profunda requisa policial. De todas formas, ambos nos dan la medida del futuro que tendrán entre nosotros los c… del nuevo milenio.

18.11.05

UN ESQUELETO EN EL HORNO (II Parte)

El día siguiente, Viernes Santo, fue inenarrable. Totalmente incomunicada, la ciudad parecía sitiada por la desgracia. Lo que se sabia llegaba por historias de aquí y de allá que pasaban de boca en boca, historias que la exageración deformaba, convirtiéndolas en partes catastróficos que sobrecogían el alma de todos: Que habrían mas de diez mil muertos, que en la Catedral murieron casi mil, que la mitad de la ciudad está en ruinas, que mucha gente sigue viva y enterrada bajo los escombros... Todo era desmesurado, a la medida del miedo que todos sentían, aunque nadie sabía nada a ciencia cierta ni ninguna autoridad informaba lo que estaba sucediendo.

La escena más dantesca de ese día se vio en el cementerio de la ciudad. Situado a pocas cuadras de la panadería de los Giraldo se hizo allí una interminable romería de gentes que acudieron a ver lo indescriptible: el terremoto había derrumbado las paredes de las bóvedas y los ataúdes, muchos carcomidos por la podredumbre y desparramados por el suelo, dejaban ver los cuerpos en descomposición, calaveras de largas melenas, fémures, osamentas con restos de tejido y de carne macilenta y muchos rostros deformados espantosamente por la muerte. Sin embargo, todos coincidían en que lo más impresionante era el olor a muerte, a osario, a pudrición, que se apoderó de toda la zona por muchos días.

Bajo ese triste panorama el esqueleto de El Roscon parecía destinado al olvido. Por eso el barrio se sorprendió cuando el sábado siguiente, a las nueve de la mañana, un juez de instrucción, su secretario y los dos policías que habían acudido el día del hallazgo, se hicieron presentes en el lugar.

El funcionario, con su rostro serio enmarcado por gruesas gafas de miope, retiró con parsimonia el plástico verde y examinó la escena con atención. Su secretario, entretanto, aporreaba la maquina de escribir en un escritorio improvisado con tablas y ladrillos. Por orden del juez los policías recogieron el reloj y el zapato mutilado, lo depositaron con cuidado en una bolsa plástica y lo metieron en el carro oficial en que se movilizaban. Los obreros fueron interrogados por el juez, al igual que los Giraldo, a quienes alguien les oyó decirle al funcionario judicial que no tenían ni idea de quien se trataba ni como había llegado allí el cuerpo. Después de dos horas de pesquisas, la comitiva judicial se retiró con los restos envueltos en el mismo plástico verde, que se agitó como un inmenso pañuelo cuando el vehículo emprendió la marcha.

Transcurridos algunos meses la historia de los Giraldo y el esqueleto se olvidó bajo el peso de los avatares frenéticos de la ciudad que intentaba resucitar. En el barrio nadie volvió a hablar del asunto y de Don Elías y su familia tampoco nada más se supo. Al menos, no hasta cierto día en que apareció una señora desconocida.

La mujer dio primero varias vueltas por el lugar donde yacían aun los escombros de la panadería. Después, tocó en las casa vecinas averiguando por un hijo suyo que desde hacia mas de año y medio se había venido del campo a trabajar como panadero en el negocio de los Giraldo y que desde entonces parecía que se lo había tragado la tierra, porque ninguna razón, ni buena ni mala, le volvió a llegar a su familia. Nadie, sin embargo, pudo darle razón precisa sobre el muchacho a la apesadumbrada mujer, cuya humilde apariencia mostraba sin lugar a dudas su extracto campesino. Pero algún acucioso vecino recordó el asunto del esqueleto y orientó a la mujer para fuera a hablar con el juez que investigaba el caso.

La sorpresa de los habitantes del barrio fue en aumento cuando varios días después apareció en el sector nuevamente el juez, el secretario y varios policías, que indagaban a los vecinos, ya no sobre la victima, sino sobre el paradero de Don Elías y su familia. Y alguien, después de que se marchó la comisión judicial, contó que uno de los sabuesos le habría informado que la mujer reconoció el reloj que tenia el esqueleto porque era el mismo que ella le había regalado a su hijo dos días antes de venirse a la ciudad, razón por la que el juez concluyó que Don Elías Giraldo era ahora sospechoso dentro de la investigación, pues además el forense habría determinado en su pericia que al sujeto lo habrían matado de un certero tiro en la cabeza.

Y tal información puso a todo el barrio a especular en cuanta conversación se suscitaba sobre el misterio de la muerte del infortunado a quien pertenecía el esqueleto: Que había sido por una deuda, que por un problema de tragos, que era un suicidio. Las versiones iban y venían, azuzadas por la desaparición intempestiva de Don Elías, de quien desde el sábado siguiente al terremoto nadie sabia de su paradero.

Sin embargo, varios meses después de tal revuelo, gracias a cierto vecino que se dio maña en conocer el expediente por cierta amistad con el secretario, se supo que Don Elías había sido localizado en Medellín y que por orden del juez había sido puesto preso como sospechoso del asesinato. Y que, confrontado con las pruebas, el hombre habría confesado sollozando su culpabilidad en el asesinato.

Las razones eran contundentes: Entre una de sus hijas, la mayor y la mas bonita de las dos, y el muchacho se habría suscitado un apasionado romance a escondidas del padre, el cual habría culminado con la preñez de la joven. Descubierto el asunto por Don Elías, despachó al día siguiente a las dos muchachas para su pueblo natal, en donde debió transcurrir el vergonzoso embarazo y el nacimiento del hijo bastardo. Pero esa misma noche el furioso hombre planeó con alevosía la muerte del galán, convocándolo para trabajar hasta tarde en el horno, todavía en construcción, que levantaba por esos días en la parte trasera del local.

En hora avanzada de la noche el ofendido padre, aprovechando el descuido del muchacho, lo sorprendió por la espalda y de un certero disparo en la cabeza lo mató. Recogió el cuerpo y lo arrojó detrás del horno, y pasó toda la noche levantando con ladrillo y mezcla una pared tras de la cual dejó encerrado el cadáver. Y allí permaneció, a salvo de toda mirada curiosa, hasta cuando el evento telúrico desbarató la propiedad y saco de su impensado escondite el esqueleto. Después de tan completa confesión, el hombre fue condenado a varios años de prisión.

La historia del esqueleto y su inesperado desenlace perduró por mucho tiempo en el barrio, y aun en la ciudad, que lentamente se recuperaba de todas sus penurias. Pero con los años se fue olvidando. Ahora, solo pervive en la memoria de los habitantes más antiguos del barrio. Por ello, cuando entre ellos se sabe de alguien que tiene algo escondido, un secreto de esos que no se quiere a toda costa que se sepa, alguno con socarrona sonrisa simplemente le dice: "Acuérdese del esqueleto en el horno…".

LA CASA VACIA

La casa yace, yace sin remedio, fantasma de sí misma, yace, yace, la casa pasa por sus vidrios rotos, penetra al comedor que está hec...