22.7.06

LA DIVA, EL CAPO Y EL JUICIO

Dicen que está casi ciega. Que además está arruinada, viviendo no se sabe cómo. Que tiene 56 años, aunque todos sospechamos que su proverbial y exagerada vanidad le lleva un descuento eterno a la vejez. Que le teme a las fotos y se niega a dejar que la impudicia de los medios, los mismos cuyo escrutinio permitió sin reatos durante muchos años, revelen públicamente sus arrugas y el estropicio de la edad.

Y, fiel a su estilo, vuelve del olvido con escándalo y fanfarria. No podía ser menos. Si no podía volver como una diva, al menos volvería como una centella justiciera, ostentado su verdad, la verdad que ahora reclama que todos le aceptemos: Que fue la amante de Pablo Escobar, el capo, el terrorista, el asesino, y que ese triste titulo le autoriza a decir lo que dice. E, insiste en que le creamos.

¿Sus pruebas? Al menos las visibles, las palpables, mas allá de sus tardías palabras, es un libro de Neruda que asegura se lo autografió su amante y el cómplice de este, en algún aquelarre de conspiraciones asesinas y recitaciones poéticas. Nada más. Pero dice, o vuelve a decir, que confirma así lo que todos sabían desde antes y nadie confirmaba: Su relación sentimental con el hombre mas odiado de su época, con el que se fotografió muchas veces en eventos benéficos que, ahora venimos a saber, solo la beneficiaban a ella. Al fin y al cabo de ellos surgió su romance y su amor clandestino y tormentoso, como todo lo de Escobar.

Ahora nadie duda de eso. Mujeres bellas y mafiosos ahora es un cuento viejo entre nosotros. Pero en esa época, en la de ella y la de él, era distinto. Esas cosas no se revelaban en publico, se ocultaban o se negaban, como ella lo hizo por años, así la gente a su alrededor, por miedo, por asco o por hipocresía, baluartes de la moral nacional, las supieran con certeza.

Dicen que al principio la encandiló la plata y su inmanente poder. Que el capo la rodeó de lujos. Que le regaló una fábrica de medias solo para que ella exhibiera por mucho tiempo sus portentosas piernas en las revistas y la televisión. Que ella fue la primera en estrenar las narcocirugias estéticas con un famoso gurú - brasileño para más señas- en esa materia. Dicen, claro, muchas cosas, pero nunca dijeron lo impensable: Que ella se enamoró perdidamente de Escobar y él de ella.

Lo de él era lógico, casi inevitable. No sería el único. Pero ¿ella de él? Y, a decir verdad, aunque lo hubieran dicho, nadie lo iba a creer. Aun ahora, a muchos años de esa época, muerto el capo, olvidada la diva, cuesta creerlo.

Me cuesta a mí, por lo menos. Me resisto a imaginarla llorando aferrada a su almohada por ese amor contrariado. Me es difícil oírla suspirando por su obligatoria ausencia. No logró invocarla escribiéndole cartas de amor, ni siquiera con el padrinazgo del poeta muerto. En realidad, no veo a nadie hablándole de amor a Pablo Escobar. Y no puedo verla actuando su improbable papel de amante clandestina. A cualquiera puedo, menos a ella. Pero no es su culpa, es la mía.

Me parecen que las divas –y ella lo era, no hay duda – no sufren de amor ni por amor. Ellas están en un pedestal en donde los sufrimientos vulgares del enamoramiento no llegan y, si llegan, los portan otros, no ellas. Para el caso de ella, era igual. Podría haber pasado mil noches con el capo, pero nadie le creería que le hubiese entregado un milímetro de su corazón a ese oscuro hombre. Era imposible de creer. Pero ahora ella nos pide que creamos lo imposible, aunque su largo silencio atente contra ello.

Sus palabras retumban en el juicio por la muerte del caudillo. Ella, o su sombra, que es lo mismo, entran al recinto bajo el halo de los reflectores. No es un juzgado, es un plató, un escenario ruidoso, donde ella exhibe su drama, su miseria y su verdad. Y aunque nunca se sentara realmente en el banquillo de los testigos, que no es lugar para divas, ni siquiera jubiladas, sus palabras pesan como yunque. Qué juez, digo yo, podría exonerar al reo si una diva como ella decide romper su voto de silencio y pone su cara esquiva y marchita para señalarlo.

La función terminó. Los reflectores se apagan. Las cámaras y los micrófonos igual. El escenario enmudece. Y la diva, o su sombra, se pierden lentamente en las penumbras circundantes. Su verdad, la verdad, la sigue persiguiendo, solo que ahora pesa menos. Eso cree ella.

Por lo menos, igual que nosotros, ahora debe intentar creer en lo imposible.

17.7.06

LA RESPUESTA DEL VOLCÁN

En esta fotografía exclusiva del volcán Galeras se puede ver claramente la respuesta del volcán a las últimas alarmas emitidas por el Gobierno anunciando su inminente erupción:



¡PÁNICO EN CALI!

El periódico El Gato propuso hace algún tiempo una salida salomónica, pero escalofriante, a las crisis de Cali: Entregarle el gobierno de la ciudad al triunvirato MAPOCOB, conformado por los ex alcaldes Mauricio Guzmán y Ricardo Cobo y por el actual, Apolinar Salcedo (foto).

Según la noticia estos personajes gobernarían alternadamente por un espacio de 12 años, al cabo de los cuales, se supone, la crisis estaría superada bajo el entendido de que no hay mal que dure doce años… ni ciudad que lo resista. El lema de esta singular campaña sería algo así como: “La crisis de Cali solo puede ser derrotada por sus propios creadores”. El lema, claro, tiene su lógica.

Pese a la restringida circulación del citado periódico, la noticia corrió como pólvora por la ciudad. La edición se agotó en minutos. Y, como era de esperarse, el pánico cundió.

La oficina de pasaportes de la Gobernación del Valle se vio invadida por cientos de caleños que acudieron a gestionar su pasaporte y el sistema, sobrecargado, colapsó hacia el mediodía. En el Terminal de Transportes se vieron largas filas en las taquillas de los buses intermunicipales, especialmente en las empresas con destinos a Riohacha, Cúcuta, Ipiales y similares. La idea de muchos era llegar a las fronteras patrias más lejanas e intentar el asilo.

El aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón se vio igualmente atestado de presurosos viajeros. Avianca anunció el incremento urgente de sus frecuencias desde Cali hacia cualquier destino.

Por otro lado, la Policía y el Secretario de Gobierno reportaron, alarmados, el incremento de la tasa de suicidios, que en mediodía alcanzó más del 50% entre los caleños de todas las edades y condiciones. La consulta externa del Hospital Siquíatrico San Isidro se vio impotente para atender a cientos de ciudadanos que se agolparon en sus instalaciones.

La Bolsa de Occidente reportó su peor día en los últimos 40 años. Las salidas de la ciudad se vieron congestionadas en los sitios de peaje hacia todos los puntos cardinales. Hacia las 3 p.m. de ese nefasto día la ciudad parecía un pueblo fantasma.

El presidente Uribe, informado de la debacle, programó de urgencia un consejo comunitario, que se llevó a cabo en la plazoleta de la Gobernación del Valle en horas de la tarde. Al presidente lo acompaño el gobernador encargado, pues el titular, Angelino Garzón, solicitó urgente licencia medico siquiátrica.

Finalmente, durante el Consejo comunitario en mención, se supo que El Gato, fiel a su espíritu mamagallista, solo había querido hacer una broma (o chanza, que llaman por acá), aprovechando la foto que los tres personajes se tomaron hace unos días. En consecuencia, se desmintió de manera categórica la noticia por las autoridades civiles, eclesiásticas y militares y se ordenó el arresto inmediato de toda la redacción del citado periódico bajo cargos de terrorismo.

Hacia altas horas de la noche la ciudad parecía haber recobrado la calma.

(Aunque, a decir verdad, algunos pensamos que la noticia era verdadera, solo que nos la dieron doce años tarde.)



Para orientacion de los atortolados conductores que circulan en Cali las autoridades de transito han instalado estas señales e indicaciones por toda la ciudad. Como puede suponerse, gracias a ellas el trafico ahora es fluido y sin contratiempos:






13.7.06

EN LAS MISMAS...

No se por qué las ultimas cifras sobre tasas de homicidios publicadas esta semana, en relación con Cali, no nos dejan muy tranquilos.

Y debieran. Si tomamos en cuenta que en enero de este año se reportó que la tasa en mención era de 87 por cada cien mil habitantes (aunque otros reportes contradijeron este dato) para el año 2.005, la cifra actual sería un avance pues los informes de la Policía Nacional y el Dane la ubican en 56.

Pero, igual, seguimos siendo la ciudad mas violenta de Colombia y sobrepasamos en 22 puntos (o muertos) el promedio nacional de 34. Y si nos comparamos con Bogotá, que bajó sorprendentemente a 23, Medellín, con 31, y Barranquilla, con 25, podemos decir que estamos graves. O, mejor, que seguimos graves.

¿Que sucede en esta ciudad en materia de violencia para que nos cueste tanto llegar a promedios de verdad significativos en la reducción de la tasa de homicidios o muertes violentas? ¿Somos más intolerantes que el resto de los colombianos? ¿Tenemos todavía vigentes entre nosotros las leyes de la traquetocracia, en la que las cuentas, las ofensas o los negocios se arreglan a balazo limpio? ¿Todas las anteriores?

En realidad, podríamos decir sí a todo y seguir en las mismas. De lo que si no cabe duda alguna es de que, cada tanto, suceden hechos de violencia que nos asustan por su tremenda inhumanidad y la desafiante osadía de sus perpetradores, como el caso de dos personas que hace unas semanas, en hechos distintos, fueron quemadas vivas en el interior de vehículos parqueados en plena vía publica y a la luz del día. Y, salvo los gestos de horror y los obligados comentarios de repudio, el shock duró escasamente un día.

Hoy, por ejemplo, nada se sabe de estos casos. Solo las comodinescas declaraciones de la Policía sobre “venganzas personales”, “ajustes de cuentas” y “guerra entre narcotraficantes”, frases huecas y manidas, se ofrecen como explicación. Pienso que, dada la conmoción social que ocasionan estos eventos, los caleños necesitamos que se nos diga, en serio, en que van las investigaciones de estas atrocidades. Pero como nada se dice, la sensación de vulnerabilidad y de barbarie se hace mas patente en la ciudad.

Volviendo al tema de las cifras, el asunto pareciera irremediable. Pero no lo es. Si Bogotá, con sus más de siete millones de habitantes, y Medellín, con una cifra similar de habitantes a la de Cali, le pudieron quebrar el pescuezo a la violencia urbana, por qué no podríamos nosotros lograr lo mismo.

Para el caso de Bogotá se ha destacado el aumento sustancial de la inversión pública en pie de fuerza y en convivencia ciudadana en las zonas criticas, además de un mayor gasto social localizado en áreas de riesgo. En Medellín es notorio el papel predominante del Estado en diversas facetas ciudadanas que son focos potenciales de violencia (jóvenes, niños y grupos familiares).

Nada de esto es imposible de realizar en Cali. De hecho, la disminución de la tasa de homicidios se debe en parte a ciertas medidas de control social articuladas, al fin, entre diversos órganos estatales. Pero falta y mucho.

De verdad por acá estamos mamados de seguir ocupando ese triste lugar en las estadísticas de mortalidad. Queremos vida, no muerte.




Pastrana, renunciado; Samper, deshauciado.

¿Será que en este país para ser embajador se necesita haberla cagado y en grande?




Definitivamente el volcán Galeras es el eterno cuento pastuso de los colombianos. Así tosa, escupa, fume y se tire azufrosos y ocasionales pedos de vez en cuando solo va estallar cuando le de la gana. Ni antes ni después. Quizá alguien podría darle este dato al Gobierno para que deje la ridiculez de prender alarmas cada vez que un pastuso se fume un cigarrillo al pie del volcán.







10.7.06

LA MUNDIAL DE DECEPCIONES


Si algo dejó este Mundial de Alemania 2.006 fueron decepciones. Y muchas, lastimosamente. Por eso decíamos en un post anterior que, en materia de mundiales de fútbol, las decepciones podían resultar brutales.

La primera decepción fue la de las figuras que relumbraban en la galería de la fama internacional y que todos, incluyéndonos, dábamos por seguro íbamos a ver brillar en este Mundial. Pero que va. Ronaldinho, la más notoria de las decepciones, nos dejó viendo un chispero porque nunca nos dejó atisbar siquiera al extraordinario jugador que refulgió casi todo el año pasado en el Barcelona y en el fútbol europeo. Y por ese mismo tortuoso camino encontramos a Ronaldo, a Beckham, a Figo, a Riquelme, a Raúl, etc., que si no es por el álbum de Panini ni nos hubiéramos enterado que estuvieron en Alemania.

La segunda decepción fue la del jogo bonito. El prometido por brasileños y argentinos, pero solo fueron efímeros chispazos que, como en las tormentas lejanas, eran insinuantes resplandores que amagaban con darnos lo que nunca llegó: el buen fútbol. En general en este Mundial se vieron equipos tan chatos, tan pacatos frente al arco rival, tan faltos de ideas y de chispa, tan malos, en conclusión, que la final del fútbol colombiano entre el Pasto y el Cali parecía entre equipos de galácticos.

La tercera fue la de los goles. El promedio fue tan bajo que leí por ahí que era el segundo mundial más avaro en cifras goleadoras. Así no se puede. Si la esencia del fútbol es el gol. Si es la meta sustancial de la competencia en toda cancha de fútbol vencer la valla contraria. Si es el propósito natural de todo equipo de fútbol marcar un gol. Si la única posibilidad de ganar, por reglamento, es haciendo goles, entonces, vale preguntarse, ¿a que juegan los jugadores actuales? ¿Cómo puede jugar uno fútbol sin querer hacer goles? A este paso tocará, como en la esgrima, que en los mundiales les den puntos por, al menos, patear al arco o tocar al arquero.

La cuarta, la más dolorosa de todas, fue el campeón. Claro, es algo subjetivo. Mi corazón, como arrancan las rancheras de José Alfredo Jiménez, estaba con Zizou y, por ende, con Francia. Pero, es que Italia, por Dios, ¿a qué jugaba? Y eso que me vi casi todos los partidos de esta selección, a excepción de alguno de los iniciales, y nunca le vi nada, incluso contando el de la final. Nada en el fútbol de Italia ameritaba que terminara ganándose esta Copa Mundo de Fútbol, pese a su mediocridad. O, pensándolo bien, tal vez por eso la ganaron.

Sin embargo, sigo pensando que los italianos hubieran sido buenos terceros, incluso cuartos, pero ¿campeones…? Solo basta recordar en este partido final esa ausencia desesperante de ideas en el medio campo, de pausa, de manejo de balón, de jugadas distintas al ollazo, de todo… Pero así son ellos. Jugando muy parecido eliminaron a la pléyade brasileña del 82 en España y se coronaron campeones. Jugando mal sorprendieron a Alemania, que la tienen de hija, con dos goles de último minuto en el partido de las semifinales. Y jugando el partido más horrible que recuerde en una final, a excepción de la del 94 (probablemente igual de malo) empataron con Francia y le ganaron en los penaltis, como ya se sabe.

Solo reconforta que Zidane, hasta antes de su expulsión, y los bleus franceses lucharon (o bregaron, como diría Andrés López) por ganar jugando al fútbol, por tocar el balón, por vencer al arquero italiano, que resultó siendo figurón. No era para más. Lastima por Zidane, que se hubiera ido así, ingenuamente provocado por un conocidísimo camorrero como Materazzi. Pero se fue a lo grande, jugando al fútbol que es lo mínimo que se le pide a un jugador de fútbol, no digamos a un crack.

Ahora la esperanza vuelve al closet por cuatro años. Mientras tanto, hay tiempo para la resurrección del fútbol o, al menos, para que la memoria olvide las decepciones. De esto último precisamente vivimos los hinchas.

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LA CASA VACIA

La casa yace, yace sin remedio, fantasma de sí misma, yace, yace, la casa pasa por sus vidrios rotos, penetra al comedor que está hec...