27.8.05

NUESTROS ASESINOS

Cuando de productos típicos colombianos se habla a uno le vienen a la cabeza cosas como el sombrero vueltiao, la bandeja paisa, el tamal valluno, las esmeraldas, etc. Pero ahora, por cuenta de la criminalística nacional, surge como nueva pieza del collage típico de nuestro país un elemento inesperado y siniestro: EL ASESINO COLOMBIANO.

El periódico El País publicó un articulo sobre el perfil del criminal colombiano, según el cual los investigadores de la llamada Unidad Especial de Comportamiento Criminal (UPCC), en lo que los gringos denominan un “criminal profiler”, se dieron a la tarea de elaborar un perfil del asesino típico de nuestro país. Para ello, asesorados por el FBI, analizaron cientos de casos de homicidios a lo largo y ancho del territorio nacional, examinando cuidadosamente patrones de comportamiento criminal que antes no se tomaban en cuenta, como objetos dejados en el cuerpo o en el lugar del crimen, rituales de brujería, uso de símbolos religiosos, o simplemente, la forma como se perpetraron los homicidios.

En realidad esto no es nuevo. Ya en noviembre del año 2003 el periódico El Tiempo publicó un articulo similar, solo que en esa ocasión el estudio lo había elaborado el Das mediante una encuesta realizada entre mas de 250 detectives y criminalistas especializados en caso de homicidios. Dicho estudio estableció que el 52% de los consultados conocía casos en el que el asesino volvía a la escena del crimen; el 38% afirmó que el homicida deja insignias u objetos simbólicos sobre el cadáver; el 24% aseguró que el delincuente utiliza oraciones seudoreligiosas para protegerse; el 8% dijo que el criminal mutila o tortura a su víctima antes de matarla y un 3% aseguró que era común que el homicida le propinara un tiro de gracia a la víctima en la boca o en la frente.

Comparando estos dos análisis se encuentra uno con varios hechos sorprendentes. Uno de ellos, quizás el mas triste, es la creciente participación de la mujer en la actividad criminal, en especial la del sicariato y el homicidio masivo, delitos en los cuales no era común el involucramiento del genero femenino. Se menciona, por ejemplo, el caso de quince brutales homicidios en serie cometidos en el año 2.003 en el Magdalena Medio a manos de una mujer perteneciente a bandas paramilitares de la región. Conocida como “La doctora”, esta siniestra fémina acostumbraba a desmembrar cuidadosamente a sus victimas y a extraerles posteriormente los órganos internos para acomodarlos, pulcramente, junto al cadáver. En el informe de la UPCC se hace referencia al caso de una mujer que, en la escena de seis tomas guerrilleras de las Farc ocurridas en los últimos tres años, desnudaba los cadáveres de policías muertos para quemarles sus genitales con un spray y la llama de un encendedor. Como puede verse la necrótica brutalidad se reparte por igual en los dos bandos.

Tambien en la actividad sicarial ha empezado a notarse la participación femenina. Varias mujeres, especialmente jóvenes, son ahora gatilleras profesionales, dispuestas a eliminar por encargo a sus victimas, seguramente ayudadas por la confianza instintiva que inspiran en el genero masculino y, en general, en todas las personas. Esto revela una especie de ascenso en la escala criminal, pues, en línea general, la actividad de las mujeres se limitaba a la de servir de carnada, o de carrito, o de fleteras para las bandas delincuenciales dedicadas al hurto bancario, de automóviles y residencial. Recordemos aquí la participación de dos mujeres en el grupo de delincuentes que intentaron asaltar y que ocasionaron de un disparo la postración que ahora padece el técnico de fútbol Luis Fernando Montoya. Pero, según parece, su perfil delictivo en la actualidad es mucho más activo y más letal.

Así lo demuestra un caso ocurrido el 2 de septiembre de 2003, que el periódico El Tiempo relata así: “En una cafetería del sur de Bogotá (frente al hospital de Kennedy) entraron Jenny Liceth Agudelo, de 21 años, y Sandra Milena Santo, de 20, la primera solicitando un baño para evacuar “una emergencia”, y la otra pidiendo un yogur de fresa. Luego Jenny Liceth sacó de su bolso una pistola, y su compañera empuñó un revólver. Se cruzaron una mirada como de santo y seña, se acercaron a dos hombres, Adrián Morales y César Andrés Botero, que departían en el lugar y que fueron señalados después por las autoridades como comerciantes de dudosa reputación, y sin darles tiempo de sacar sus respectivas armas les dispararon a quemarropa -a Morales en la cabeza y a Botero en el rostro-. Con serenidad de profesionales, las dos mujeres guardaron las armas, caminaron hasta la calle, tomaron un taxi al que abandonaron más adelante, y finalmente abordaron un bus”. Capturadas poco después por las autoridades, cuando uno de los agentes les mencionó que uno de los hombres aún vivía, una de ellas se limitó a decir con frialdad: “Si es así, no demora en morir. Ese no se salva”.

Otro aspecto revelador de estos estudios estriba en la misma crueldad con que se perpetran los crímenes. La utilización de motosierras fue tristemente celebre entre las primeras bandas paramiitares y en las mismas vendettas de las mafias del narcotráfico, lo cual de alguna forma parecería indicar su común origen. El degollamiento, la mutilación de los órganos sexuales, las quemaduras sistemáticas, la asfixia lenta con bolsas plásticas o cuerdas, la incineración cuando la victima aun vive, la introducción de objeto punzantes como clavos, puntillas y similares en el cráneo y las manos y la violación de la victima durante la misma tortura, entre otros, parecen ser piezas reiterativas en esta galería del horror.

En todo caso, tales manifestaciones de sevicia indican la intención de ciertos criminales de infundir temor en el común de las personas y de demostrar poder entre su ámbito delictivo, además de que, por los mismos métodos empleados, mostrarían conductas sicopáticas que probablemente les posibilita sentir placer en matar de determinada forma. La misma actividad sicarial ha sido fuente de muchas personalidades criminales que parecen despojadas de todo sentimiento moral sobre sus actos delictivos. Recordemos el caso de Jaime Andrés Marulanda, alias “El Chiquitín”, que confesó en su propio juicio haber matado a 137 personas entre Bogotá y Soacha por encargo de las autodefensas del Bloque Capital. Cobraba 400 mil pesos por muerto.

Otro dato impactante es el rasgo religioso y ocultista de los criminales colombianos. El informe de la UPCC asegura que entre mas objetos religiosos porte el delincuente es más peligroso, pues esta circunstancia parece tener relación directa con su grado de criminalidad, su posición dentro de la organización criminal y su experiencia a la hora de matar. Imágenes del divino niño, de la virgen y de otras figuras de la iconografía religiosa católica se portan con reverencia en las billeteras de muchos de estos delincuentes, al igual que ciertas oraciones o rezos dirigidos a volverlos invisibles o inmunes a las balas o a protegerlos de las traiciones. En otros casos se han encontrado cristos de oro incrustados en el cuerpo de sicarios, que aseguran los blindan contra los ataques de los enemigos. Y los mismos proyectiles son rezados para asegurarse que entren en el cuerpo de un “blindado”.

La brujería y los ritos de la santería, el vudú y las religiones sincréticas del Brasil son casi referentes obligatorios en el ambiente criminal colombiano. Muchos de estos delincuentes consultan con asiduidad a brujos y adivinos, y comúnmente los convierten en sus consejeros habituales. Por ello, los buenos augurios para coronar un alijo de droga, para descubrir un enemigo, para confundir una investigación judicial o para librarse de rivales se aseguran a través de ritos de misa negra y de sacrificios rituales, muchos de ellos sangrientos, y de la adopción de figuras y símbolos como monedas, cruces, esvásticas, billetes, cartas de naipe y demás para identificar sus actos delictivos, como siniestros sellos de poder.

En lo que coinciden plenamente las investigaciones mencionadas es en que el criminal colombiano siempre retorna a la escena del crimen. Muchos casos han sido resueltos precisamente porque los homicidas han sido reconocidos dentro del grupo de curiosos, ya sea en los registros fotográficos o fílmicos o por los mismos testigos presenciales del hecho. Así sucedió aquí en Cali con dos de los sicarios que participaron en el asesinato de monseñor Duarte Cancino, que fueron identificados por los testigos del atentado mientras miraban la escena en el lugar de los hechos. Esta reiterativa actitud del criminal se asocia con su misma frialdad y con cierto sentido de reto a la autoridad y de desprecio por la victima y por su entorno social, aunque se asegura que tambien buscan amedrentar con su presencia a los posibles testigos.

En fin. Muchas otras cosas y ejemplos podríamos traer a colación, pero bástale al buen entendedor con estas palabras. Lo que sí tenemos que agregar es que, gústenos o no, aceptémoslo o no, la misma tierra que da gente como García Márquez, como Juanes, como Juan Pablo Montoya, como usted o como yo, también produce estos siniestros especimenes. Y que, aunque nos avergüencen y nos atemoricen, allí están y esos son, los que desangran nuestra nación.

20.8.05

EL CASO DEL BURRO ASESINO



La historia es la siguiente, tal como consta en el documento publico, debidamente certificado, que precede estas líneas:

En la población de Almaden (España) el día 5 de diciembre de 1.993, a eso de las 10 a.m., por la carretera que pasa por la finca del querellante acertó a pasar un burro, de propiedad de uno de sus vecinos, el cual, viendo una burra que le pertenecía a aquel y que, al parecer, se encontraba en celo, saltó el alambre de la cerca y se metió al terreno, intentando copular con la burra y, “debido a las grandes dimensiones del aparato que le identifica como burro macho”, al realizar el acto, le produjo a la burra un derrame interior, y se desangró, muriendo como consecuencia de tal acto. La burra tenía un valor de 40.000 pesetas, aproximadamente. Preguntado el denunciante si tenía algo que denunciar, este afirmó que el acto fue sin su consentimiento y que responsabiliza al dueño del burro por tenerlo abandonado, por lo cual este debe sufragarle los gastos de la retirada y el enterramiento de la burra muerta. Hasta aquí el caso.

Aunque no pudimos averiguar nada más sobre el desenlace de tan singular asunto decidimos hacer el ejercicio imaginativo de cómo se habría realizado la investigación en nuestro país, en el caso de que se viese producido el burricidio en estas tierras. Pensamos que el asunto hubiese sido, mas o menos, así:

"El suscrito funcionario investigador, adscrito a la Fiscalía General de la Nación, en uso de sus atribuciones constitucionales y legales, decide avocar el conocimiento del presente ilícito y abrir la correspondiente investigación, para lo cual se adoptan las siguientes decisiones:

1. Se ordena la inmediata captura del burro causante del fallecimiento de la burra de propiedad del denunciante, con el fin de que sea puesto a disposición de este despacho, para lo cual se oficiara a los organismos de seguridad del Estado para que emprendan el operativo necesario a fin de obtener dicha captura.

2. Una vez efectuada la captura del burro en mención se ordena el decomiso del arma burricida, razón por la cual se conminará a los mismos investigadores que tengan a su cargo el operativo de captura del burro para que se sirvan practicar dicho decomiso, procurando por todos los medios a su alcance establecer las características, medidas, estado de funcionamiento y demás aspectos del arma homicida.

3. Se ordena oficiar a todos los organismos de seguridad del Estado para que certifiquen si el arma asesina se encuentra registrada y si se halla amparada con salvoconducto para su uso legitimo, solicitándoles se sirvan detallar, en caso positivo, el calibre, las marcas identificatorias y demás aspectos de dicha arma. Si es posible, incluir fotografía o dibujo a mano de este elemento.

4. Se ordena oficiar a todos los organismos correspondientes a fin de que certifiquen si el burro implicado presenta antecedentes o anotaciones anteriores por cuenta de acciones similares, para lo cual se incluirá fotografía del animal y del arma burricida, a fin de que, si es posible, las victimas de esos actos anteriores lo identifiquen plenamente.

5. Como quiera que la burra fallecida fue enterrada por su dueño ordénese la exhumación del cadáver a fin de practicársele necropsia medico legal y examen de burrística para determinar la causa de su muerte y las características, calibre, medidas y demás aspectos relevantes del arma causante de la muerte.

6. Ofíciese a la Registraduría para que produzca la baja de la cedula de la burra fallecida y envíe identificación del burro sindicado.

7. Líbrense los oficios correspondientes.

El Fiscal"


“Señor:
FISCAL SECCIONAL
Su Despacho

Ref.: Caso del burro asesino

En relación con el asunto de la referencia y en cumplimiento de lo ordenado en su respectivo oficio, los abajo suscritos investigadores adscritos al C.T.I. de la Fiscalía, nos permitimos rendir el siguiente informe:

1. En cumplimiento de la misión encomendada nos dirigimos al lugar de los hechos con el fin de averiguar sobre el paradero del burro que aparece como sindicado en este sumario.

2. Una vez localizado el lugar, por informes anónimos de la ciudadanía, pudimos detectar e identificar al burro en mención, el cual se encontraba pastando junto a otros de su especie en lugar cercano al del burricidio.

3. Ante la actitud sospechosa del burro los suscritos investigadores decidimos sorprenderlo para obtener su captura, pero al acercarnos pudimos observar que el sindicado no solo portaba consigo el arma asesina sino que la esgrimía en forma peligrosa, por lo cual, temiendo por nuestra integridad física, y hasta por nuestras vidas, decidimos alejarnos para esperar que el burro sindicado depusiera dicha arma.

4. Después de varias horas, aprovechando un descuido del sospechoso, pudimos sorprenderlo y capturarlo, razón por la cual nos permitimos informarle que el burro de marras se encuentra a su disposición en las instalaciones de estas dependencias.

5. En cuanto al examen del arma burricida, dada la gran dimensión de esta tarea, nos hemos permitido oficiar al Departamento de Burristica del C.T.I para que se sirvan designar peritos idóneos y conocedores del tema para llevarla a cabo.

Atentamente,

Los Investigadores.”


“Señor:
FISCAL SECCIONAL
Su Despacho

Ref.: Caso del burro asesino

En relación con el asunto en referencia y de acuerdo al oficio que nos fue remitido por el C.T.I de esta ciudad para rendir informe pericial sobre el arma asesina nos permitimos manifestarle lo siguiente:

1. En razón al calibre y las dimensiones del arma en mención fue muy difícil encontrar peritos que se hicieran cargo del asunto, por lo cual debió acudirse a dos expertos en mísiles, los cuales aceptaron la misión.

2. Una vez puesto el burro y el arma asesina a nuestra deposición los expertos intentaron acercarse al sospechoso para el examen de la susodicha arma, pero esta era esgrimida amenazadoramente por el sindicado, impidiendo la realización de dicha diligencia.

3. Después de varios intentos se logró que uno de los expertos se acercara al objetivo, pero al momento en que se disponía a examinar el aparato en mención este sorpresivamente se activó por la manipulación involuntaria del perito, razón por la cual el funcionario fue agredido sexualmente por el sospechoso, causándole gravísimas heridas internas que lo tienen al borde la muerte en el Hospital Departamental de esta ciudad.

4. En razón de lo anterior lamentamos informarle que ninguno de los funcionarios adscritos a esta dependencia, acepta la misión encomendada por su despacho, amenazando todos con renunciar irrevocablemente, incluso los suscritos, si se nos ordena nuevamente llevar a cabo tan peligrosa misión.

5. Anexo a este escrito me permito remitir a Usted el burro y el arma homicida para lo de su cargo.

Atentamente,

Los peritos.”


“El suscrito Fiscal, en ejercicio de las atribuciones constitucionales y legales correspondientes, y de conformidad con los informes que anteceden, decreta urgentemente, lo siguiente:

1. Declarar inocente de todos los cargos al burro que fue capturado durante el curso de esta investigación, al no poderse comprobar de forma técnica y científica que el arma que portaba fuera la misma que ocasionara la muerte a la burra fallecida el día 13 de los corrientes.

2. Ordenar la inmediata libertad del sospechoso, el cual será liberado en un lugar lo mas alejado de la ciudad y de este despacho, con el fin de preservar la integridad y el pudor sexual de este Fiscal y de los demás funcionarios de esta oficina ante el inminente peligro que corren por cuenta de tan peligroso animal.

3. Notifíquese y cúmplase.

El Fiscal.”

18.8.05

Papá Uribe

Por principio hemos querido sustraernos en este blog de hacer comentarios políticos, por varias razones, la principal de las cuales es que, en nuestra humilde opinión, ese segmento esta mas que saturado.

Si tenemos en cuenta que cualquier hecho o pugilato político merece un despliegue inmediato y a fondo de los medios periodísticos, resulta mas que cansón volver a comentar sobre la ya dicho sobre este tema durante horas y horas por Arízmendi, Gossain, Julito y el interminable desfile mañanero de políticos y analistas invitados, amén de las obligatorias referencias en los noticieros de TV, en las columnas de los Dartagnanes, Santos, Pombos, Benedettis, López y demás y, para encimar, en los sesudos artículos de Semana, Cambio, El espectador, etc. De todas maneras, después de todo esto, no queda casi nada por decir.

Esta necesaria explicación inicial se justifica por el titulo de este post, que puede ahuyentar a mis amigos lectores (o, quien quita, atraer a otros) bajo el entendible equivoco de que aquí vamos a tocar el manido tema del presidente Álvaro Uribe y su reelección, o algo parecido. Sin embargo, corriendo ese riesgo, queremos aventurar una opinión desde otra óptica sobre el indudable fenómeno popular que representa nuestro singular presidente en un país como el nuestro, tan arisco en materia de afectos políticos.

¿Cuál podría ser una explicación aceptable y novedosa, fuera del campo de las argumentaciones políticas propiamente dichas, en relación con esos niveles de popularidad y aceptación que tiene por estos días Álvaro Uribe? Cuando uno ve e intenta analizar las encuestas que se han realizado sobre este tema, se convence cada vez mas que estamos ante un fenómeno que va mas allá de la simple coyuntura política.

Y esto surge del hecho de que si bien la gestión del presidente Uribe, comparada con la de sus mediocres y pusilánimes antecesores, se destaca, realmente uno no podría mostrar ningún área socioeconómica en la que Colombia haya avanzado a un nivel como para que nuestro personaje se merezca tan descrestantes y favorables cifras de aceptación publica. El crecimiento económico hasta ahora es mas bien bajo, el desempleo ha cedido más por cuenta del subempleo o porque los desempleados se mamaron de buscar trabajo, la corrupción se muestra mas o menos igual, el nivel de vida de los estratos 4 para abajo sigue de capa caída, y así podríamos seguir enumerando otras facetas de la vida nacional que se encuentran en el mismo rango. De modo que por allí no es la cosa.

La gran bandera parece ser la de los logros en materia de seguridad. Sin embargo, bajo una lupa moderada, reconociendo que en realidad las cifras muestran una ostensible mejoría en esa sensible materia y adicionando el hasta ahora exitoso proceso de desmovilización de los paramilitares, al final del mandato de Uribe no se puede mostrar ninguna acción o logro de esos espectaculares, a los que uno les pueda colgar el aviso de que este fue el hito con el que el Presidente se echo al bolsillo al país.

Entonces solo queda el campo de la especulación. Y es allí en donde nos meteremos para ensayar nuestra teoría, que si bien puede ser ingenua y un tanto imaginativa, de todas maneras cabe perfectamente en el vacío retórico en donde han venido a caer las explicaciones y las tesis que he leído y oído sobre el fenómeno Uribe.

Para ello, digamos que Colombia es un país de desafectos. Si algo ha gestado nuestra identidad es precisamente la guerra y la violencia, consecuencias mas que lógicas de una sociedad privada de un afecto verdadero y perdurable por su vecino, por su coterráneo, por su prójimo y hasta por sus hijos y hermanos. La vieja frase de Marx de que la violencia es la partera de la historia se ha hecho carne y verbo entre nosotros, que desde que somos nación hemos hecho de las luchas intestinas el motor de nuestra identidad colectiva.

Pero, aun más allá, este es un país de huérfanos. La familia, como tal ha venido sufriendo una verdadera y calamitosa transformación, por cuenta principalmente de varias generaciones de hombres para quienes la responsabilidad de ser padres está ubicada en la ultima escala de sus prioridades personales. Las cifras estadísticas al respecto son elocuentes: El delito de inasistencia familiar es el que mas atiborra los estantes judiciales, aspecto que traducido a lo material implica la existencia de miles de hogares desarticulados y millones de niños y niñas que se levantan sin la presencia física y emocional de un padre o de una figura paternal formativa. La misma violencia política y delincuencial ha arrebatado a muchos hijos la posibilidad de un padre que, muerto, secuestrado o desaparecido, está tambien ausente. Muchos miles van se encuentran en el exterior, tratando de ganarse el sustento de sus hijos, que crecen a miles de kilómetros sin la presencia de sus padres.

Y si a lo anterior le sumamos lo que se denomina el abandono afectivo o emocional, que consiste en padres que, si bien proveen en lo material, son completamente ajenos o inexistentes en lo afectivo, tendremos muchos niños y jóvenes más que se levantaron, y se levantan aun, en medio de ese autismo emocional de sus padres, sin amor paternal, sin los derroteros de una autoridad serena pero firme, de un amor que se manifiesta y que, por eso mismo, amorosamente disciplina y forma.

Bueno, se preguntara el fatigado lector, y todo esto que tiene que ver con Uribe? Pues mucho, según nuestra tesitura. Lo único realmente novedoso que ha hecho el Presidente, no sabría decir si con deliberada intención o no, es clavar sus banderas en la desconocida e inexplorada, pero cierta y amplia montaña de la orfandad nacional. Es el nuevo papá de todos. Él es el que, como en sus celebres consejos comunitarios, habla, pontifica, ríe, regaña, piropea, promete, baila, canta, en fin, hace de todo, pero siempre está allí. Incluso, sus famosos diminutivos tienen esa connotacion. Si hay algo de lo que nadie puede quejarse es de no haber visto a papá Uribe en acción. Y como un padre, mas que otra cosa, es como ha asumido su rol. Hasta con sus detractores y opositores, a quienes inicialmente confronta agriamente para después, como un patriarca perdonador y bonachón, recibirlos y sentarlos en sus rodillas para recibir la cordial amonestación y, en muchas ocasiones, el premio por su ejemplar sometimiento a la autoridad paterna.

Solo una situación así logra explicar cual es el vinculo que genera la aceptación de Uribe como figura publica entre los diversos estratos sociales del país. Únicamente el abrazo uniforme del desafecto paternal logra cobijar por igual la común opinión favorable sobre el mismo personaje del campesino de una perdida aldea en el Cauca, de una pauperizada madre cabeza de familia del Distrito de Aguablanca y de un señor bien del Jockey Club. Todos quieren, o queremos, un papá. Y ahí está Uribe.

Por eso, propongo como estribillo nacional ese grito tan conocido en los estadios de fútbol del país: ¡¡¡Colombia, Uribe es tu papá!!!

9.8.05

LA CÁRCEL MÁS GRANDE DEL MUNDO


El escritor Milan Kundera en su novela “La Inmortalidad” plantea lo que, en su sentir, sería la ciencia del futuro: La Imagología, que es algo así como la ciencia que se ocupa de manejar, perfeccionar y elevar a su máxima expresión la imagen de las personas por sobre cualquier otro tipo de valor moral, social, cultural, etc., que estas tengan.

Para corroborarlo, propone el escritor la siguiente prueba: Imagínese el actor o la actriz de cine o t.v., o modelo, o persona bella y famosa que usted más admire y desee. Qué escogería si se le propusieran estas dos alternativas: a) Salir una noche con esa persona famosa, dentro de la cual podrían ir al restaurante de moda, a la discoteca mas concurrida y podrían dejarse ver en los lugares mas públicos, en poses de romance y demás, a condición de que, en realidad, nada mas pasaría entre usted y esa persona; o b) Tener la noche mas romántica y apasionada con esa misma persona, en la cual pasaría todo lo que puede pasar entre ambos, incluso íntimamente, con la condición de que nadie más lo podría saber, a excepción de ustedes dos.

La capciosa prerrogativa es, en realidad, todo un tratado moral y ético de lo que mueve a las personas en el mundo actual. Es una variable de la sempiterna pregunta de sí es mejor ser que parecer, o viceversa. Y aunque el impulso inicial podría ser el de defender la integridad personal, la dignidad y cosas parecidas, en realidad la idea de ser admirado por los demás, y hasta envidiado, por algo que se es o que se tiene es irresistible para la mayoría de las personas a un nivel muy próximo a la adicción.

Los que mejor conocen esta motivación humana son los medios publicitarios. Casi toda la publicidad actual gira en torno del principio de que todo entra por los ojos, incluso el amor y la felicidad, valores estos que antes siempre se dejaban apartados, como una especie de reserva virgen en medio de la jungla espesa y salvaje de los artificios económicos y sociales, tan caros al hombre moderno. Pero ya no. Ahora, tener el carro del año, los dientes mas blancos, el detergente mas blanqueador y el papel higiénico mas suave te debe llevar al paroxismo de la felicidad.

Alcanza advertir uno que la publicidad, esa cómplice desalmada de los antivalores mas recalcitrantes, de verdad te atosiga, te persigue hasta en la cama, para convencerte, mas allá de toda duda razonable, de que tu felicidad, la de tu familia y la del mundo entero, pasa obligatoriamente por todas esas pautas artificiales. Y, de tanto difundirse, repetirse y hasta reproducirse tan perniciosas ideas se te quedan en una zona penumbrosa de la mente y comienzan, no se sabe cuando ni como, a determinar inadvertida pero inexorablemente tu comportamiento y tus pensamientos, hasta que descubres, casi siempre muy tarde, que te engulleron y que has vivido por años en su vientre enceguecedor de falsas necesidades y de ansiedades interminables por tener o poseer a toda costa.

El escritor Max Lucado dice que la prisión más grande, superpoblada e irredenta es la de la necesidad humana. Sus prisioneros siempre tienen necesidad de algo. Algo más grande, más hermoso, más rápido, más delgado, más nuevo. Y cuando lo consiguen y creen haber salido de la prisión, de pronto lo conseguido se desvanece, se gasta, se avejenta, se daña. Y vuelve la necesidad, y junto con ella el chirrido de las rejas que te vuelven a enclaustrar al descubrir que necesitas otras cosas. O las mismas, pero mejores. Y así, hasta el infinito.

Cuantas cosas de todo tipo no se han sacrificado en el altar de la imagen propia. Cuantos sacrificios, desvelos, luchas, angustias no se padecen por conservar un breve jirón de imagen propia. Familia, matrimonio, hijos, amistades, muchos nexos y afectos languidecen hoy como flores marchitas al pie del pedestal de una imagen publica. Y, no suficiente con eso, hasta el mismo cuerpo es arrojado al fuego devorador del sacrifico por ser alguien o por valer o tener algo que los demás puedan reconocer.

Y que difícil es mantener ese reconocimiento ajeno, no solo por esquivo, sino por efímero, costoso y voluble. Por eso, las vidas construidas en torno a la imagen terminan siempre derrotadas, aun el pináculo, aun en la cima del olimpo del éxito. Porque nada permanente y sólido se sostiene sobre el humo. Porque las casas construidas sobre arena no sobreviven al embate de los vientos recios ni a las tempestades de la vida. Cuando murió John D. Rockefeller, uno de los hombre mas ricos de su época, alguien le pregunto a su contador: “Bueno, y cuanto dejó John D.?”, a lo que aquel contestó: “Todo”.

La cuestión está planteada. Preguntémonos, entonces, qué nos determina a levantarnos cada día y entregarnos a la batalla diaria. Interroguémonos si lo que hacemos, pensamos, decimos, vestimos, usamos, etc., tiene como motor la necesidad de que los demás nos vean de cierta forma, o si tenemos verdades más profundas que trascienden esa lustrosa pero deprimente epidermis publica con la que nos vestimos todos los días.

Entonces, tal vez, después de este ejercicio simple, decidamos qué es mejor para el resto de nuestra vida: Si tener una intima y permanente cita con la verdad o una ostentosa gira publica con la mentira.
P. D. Fotográfica: Fuente Cali es Cali

8.8.05

EL CULILLO DE POLO

El alcalde Apolinar Salcedo, conocido como Polo por sus íntimos, es un personaje singular. Y no solo por su ceguera física, que lo proyectó, por su innegable origen popular, en la campaña electoral pasada como una especie de paladín de la pobreza y la minusvalía, un típico “self made man”, dueño de una ascendente carrera política, sino, y sobre todo, por cuenta de sus actitudes como mandatario de los caleños que, en el mejor de los casos, podemos calificar como inextricables.

Durante sus años como concejal de la ciudad su desempeño fue mas bien gris. Aparte de su limitación física, que siempre ha utilizado, -aunque no se sabe si concientemente o no-, como un sello personal de simpatía automática, que por si mismo lo destaca en un medio a veces tan pueblerino y parroquial como el nuestro, ningún rasgo destacado de su personalidad o de su gestión le conocemos. Ni siquiera ahora, cuando gobierna la tercera ciudad más importante del país.

Lo que sí es indudable es que hoy por hoy, cuando ha transcurrido casi la mitad de su periodo, su popularidad y su imagen como alcalde están por el suelo. Según una encuesta publicada hace algunos meses, la aceptación y la calificación de su gestión por los caleños rondaban alrededor del 30%, lo que lo ubicó en ese entonces como el peor ranqueado dentro de los alcaldes de las ciudades capitales del país. Y el asunto no debe haber cambiado sino para empeorar, si juzga uno por los cada vez mas desfavorables comentarios que se escuchan por los cuatro rincones de la ciudad. Tal vez sea por eso que nadie volvió a publicar encuestas al respecto, cuyos resultados serían seguramente desastrosos.

Y es que las vicisitudes de este gobierno no han sido pocas. Aparte de heredar problemas gravísimos como el de la intervención de Emcali, el déficit fiscal de la municipalidad, la destrucción de mas del 70% de la malla vial y otras mas, se le han presentado “chicharrones” que han saltado a la palestra publica por cuenta principalmente del pésimo manejo que el alcalde Polo y sus colaboradores les han dado, dando muestras de una sorprendente facilidad para contradecirse impunemente, para asumir posiciones insostenibles e impopulares a ultranza y, sobre manera, para aparecer siempre como haciendo algo al respecto que, al final de cuentas, ningún resultado palpable arroja.

Así ha pasado, por ejemplo, con los problemas de manejo del espacio publico, con el arranque de las obras del Mío (que es el Transmilenio de acá), con la autorización para la venta de pólvora (que debió echar abajo cuando se le comprobó que varios empresarios polvoreros habían hecho aportes importantes a su campaña política), con la enigmática y poco explicada concesión del recaudo de los impuestos municipales a una empresa privada por un periodo de ¡15 años!, y, ahora, con el ingreso potencial a la ciudad de mas de 3.000 taxis, siendo que ya circulan por las atestadas y cada vez mas escasas vías cerca de 20.000 carros amarillos.

El asunto de los taxis arrancó hace varios años, durante el gobierno del alcalde Mauricio Guzmán, ex presidiario confeso del célebre proceso 8.000, cuando cierto empresario avivato instauró una tutela invocando el derecho a la igualdad para esquivar una resolución municipal que congelaba la concesión de nuevos cupos para taxis. El fallo fue favorable al accionante, no tanto por el merito de la demanda sino por el inexplicable descuido judicial del entonces asesor jurídico de la Alcaldía Carlos Campillo, sagaz abogado litigante y asesor jurídico de varias empresas de transporte de la ciudad, que se hizo multimillonario a costillas de demandar al Municipio con inusual éxito por cuanto asunto se le encomendara y que, por esa misma razón, fue designado en ese cargo con la evidente intención de que, conocedor como el que mas de los flancos débiles de los procesos administrativos, pudiera garantizar un freno a la avalancha de demandas y pago de indemnizaciones que consuetudinariamente habían asolado las arcas municipales. Hoy se rumora que entre el señor Campillo y el ex alcalde Guzmán tienen, a través de terceros, cerca de 1.000 de los cupos en disputa. Pero, bueno, esto es solo un rumor.

El caso es que nada se hizo para afrontar el fallo a su debido tiempo. Envalentonados por la existencia de tan suculenta decisión judicial, varios empresarios del transporte local decidieron “pegarse” de ella para reclamar cupos para taxis, hasta que el asunto llegó a la increíble suma de mas de 6.000 cupos otorgados vía tutela (si cada cupo puede tener un costo actual de entre 15 y 18 millones de pesos, hagan las cuentas de que platica está involucrada en el asunto), llevándose de calle no solo el decreto municipal ya mencionado, sino tambien claras normas de orden nacional que buscaban, y buscan aun, el descongestionamiento vehicular y el acondicionamiento a los nuevos sistemas de transporte masivo de las grandes ciudades.

Lo más extraño del asunto es que todo esto era prácticamente desconocido hasta que los “afortunados” empresarios desempolvaron los fallos de tutela y decidieron, todos a una como en Fuenteovejuna, instaurar incidentes de desacato por cuya cuenta el juzgado requerido ordenó al alcalde Polo cumplir con el otorgamiento de los dichosos cupos, so pena de ir a la cárcel, pagar millonaria multa y, de todas maneras, tener que acatar de cualquier forma las ordenes judiciales. Y ahí fue Troya.

Ante esta encrucijada, en lamentables declaraciones, que le dieron a los caleños la inevitable impresión de tener como mandatario a un hombre extremadamente temeroso, o “culilloso”, como se dice popularmente, mas preocupado por no ir a parar a la cárcel que por defender los intereses de la ciudad, nuestro inefable Polo salió a decir que no había mas remedio que otorgar todos los cupos. Y las justas protestas de los taxistas no se hicieron esperar, quienes agobiados por el ostensible detrimento de sus ingresos diarios por cuenta de la comprobada sobreoferta de taxis, se tomaron durante varios días las calles principales de la ciudad, contribuyendo a desquiciar el transito, ya de por si colapsado por las obras del MIO y la escasez de vías.

Como respuesta la Alcaldía sacó a relucir hace unos días, con apresurado triunfalismo, que había negociado con el accionante la concesión de la mitad de los cupos, algo así como 3.000, con lo que pretendía solucionar el problema jurídico. Sin embargo, las protestas ciudadanas continuaron y el eterno salvavidas de la ciudad, el presidente Uribe, debió enviar a altos funcionarios del gobierno central a dejarle bien claro al alcalde Polo que ni de riesgo se iba a permitir tal desafuero. Ahora se está esperando una resolución del Ministerio de Transporte declarando ilegal los cupos mencionados, bajo la cual Polo se piensa guarecer como un torero corneado en medio de una pésima faena.

Todo esto confirma lo que veníamos sospechando los caleños: Que después de los últimos tres desastrosos gobiernos municipales que hemos padecido, íbamos a ser capaces de elegir uno peor, aunque eso pareciera imposible. Y ahí lo tenemos. Por ello solo podemos exclamar como plegaria: ¡Señor, dinos en dónde hallaremos al alcalde que necesita esta ciudad, digna de mejor suerte con sus gobernantes!

LA CASA VACIA

La casa yace, yace sin remedio, fantasma de sí misma, yace, yace, la casa pasa por sus vidrios rotos, penetra al comedor que está hec...