martes, 14 de febrero de 2006

MUY TIESOS Y MUY MAJOS

Vía Tecnochica me llega la alarmante información sobre un sesudísimo estudio científico según el cual el promedio mundial del tamaño del pene o miembro viril en erección es de ¡apenas! 14 míseros centímetros. El Dr. Gómez de Diego así lo asegura, después de haber atendido a más de 2.000 tipos que, aburridos con el maní que les tocó en suerte, lo consultaron para realizarse una cirugía de alargamiento del asunto.

Pero las malas noticias no paran allí. El buen doctor, que se dio a la tarea de recopilar información al respecto por mas de 15 años (sí, exacto, 15 años de andar tocando, palpando y midiendo pirulis), llegó a la conclusión de que los promedios mas altos se encuentran en Europa (Francia, con 16 cm, e Italia, con 15), mientras que en este lado del mundo, Suramérica para ser mas precisos, las medidas bajan escandalosamente (en Venezuela es de 12,7 cm, y en Brasil, 12.4 cm.).

Al escudriñar un poco más, encontramos que en el caso de Colombia, la medida promedio es de 13.9 cms., lo cual nos deja igual al promedio mundial, aunque por encima de nuestros vecinos de patio. Por lo menos es algo de lo cual no puede vanagloriarse la Revolución Bolivariana de Chávez. El ultimo lugar lo ocupa Corea del Sur, con medidas de 9.6 cms., producto quizás de la tendencia miniaturista de este estrecho país.

¿Será cierto? Tengo mis dudas, no solo porque puedo hacer medición in situ que desvirtúa dicha información (ejem!), sino porque además no tengo claro como carajos se hace un estudio así. Por más urólogos y científicos que sean los tipos que hacen estos análisis, pregunto, cómo hacen para obtener y reportar cada medida. Y ahora no me vengan a decir que es que uno va al urólogo a que le mida el largo y el ancho del aparato en plena erección. Si hay algo en el mundo que atente contra la libido masculina es precisamente un tipo en bata blanca, gordo, casposo y con una regla en la mano. El que tenga una erección en tales condiciones tiene serios problemas. O no?

Ahora, si se tratara de atractivas doctoras que recibieran a los sujetos de estudio en minifalda y escote, pues el caso podría ser creíble. Pero, aparte de que no existen medicas urólogas - y si existen, deben andar cantando en los buses por falta de pacientes- todos los dichosos estudios vienen firmados por médicos hombres, varones o machos, lo que nos devuelve a la incredulidad y a la obligada pregunta: ¿entonces, cómo lo hacen?.

La opción pueden ser encuestas verbales o escritas que los sujetos responden. En ese caso, los franceses y los italianos no solo son los más dotados del planeta, sino probablemente también los más mentirosos. Aunque, por otro lado, es conocida mundialmente la sinceridad de los coreanos. De todas formas, si este es el método seguido en el citado estudio, despidámonos de su veracidad. Sin embargo, no creo que esos doctores tan serios caigan en tamaña ingenuidad, pues todos sabemos de la natural tendencia a exagerar que sufrimos los hombres en esta materia. Así que el asunto es con regla en mano o si no, nanay.

Una tercera posibilidad sería que los científicos, en una confabulación mundial sin precedentes, habrían reclutado a miles de mujeres en todo el planeta, quienes, bajo la promesa de una jugosa recompensa, supongo, accedieron a tomar las medidas del caso y a reportarlas a los médicos investigadores. Es factible. Pero un operativo de esta envergadura (ojo con el doble sentido de este término) implica serios problemas de logística.

Por ejemplo, el sistema de medición debería ser el mismo a nivel mundial. Como se sabe algunos países tienen sistema métrico decimal mientras otros miden en millas, pies y pulgadas, lo cual podría generar inconvenientes de conversión de medidas. Por otro lado, el instrumento de medida también requeriría uniformidad, así que no se valdrían medidas tomadas con reglas escolares mordisqueadas, escuadras despuntadas, cauchos o por cuartas o jemes, que generalmente se hacen con la mano, porque el temblor digital o el mismo tamaño del instrumento de medición podrían producir alteraciones e imprecisiones inadmisibles. Los datos podrían ser aun menos confiables si el cálculo se hace al ojo, órgano este tan proclive a las alucinaciones en momento claves.

De todas formas, y a pesar de que no creo que mi mujer sea de las que ande por ahí midiendo y contando sobre esta materia, para prevenir el riesgo de divulgación de este dato primordial y secreto decidí esconder cuanta regla, metro de modistería y elemento de medición hay en mi casa. El diablo es puerco. Como dice el viejo refrán, hombre prevenido no es medido.

Lo que si me ha producido largas noches de desvelo desde que supe del asunto es la razón por la cual no aparece ranqueado ningún país del África. Aunque es claro que en muchos de los países reportados existen hombres de raza negra y que probablemente hubieren sido incluidos en el estudio, no es secreto que estos viven mayoritariamente en el continente africano, razón por la cual la medición debió hacerse también en esa zona del mundo. Pero, al parecer, no se hizo. Esto me revela dos cosas: Primero, el sesgo racista y discriminatorio de la investigación, lo cual constituye una afrenta publica e inaceptable al DIH, pues todo hombre, no importa su raza, religión, condición económica, creencia política, etc., tiene derecho a que su pirulí sea debidamente medido y comparado. Segundo, el entendible temor que debe suscitar entre los ufanos europeos, promotores de la medición urogenital, de que sus regulares promedios queden pulverizados por las medidas africanas.

En lo que si definitivamente no estoy de acuerdo es en la actitud revelada por alguno de los visitantes en el blog de Tecnochica, quien candorosamente cuenta haber tenido la oportunidad en varias ocasiones de haber comparado su pipi con el de un negro, como dice él, siendo que el ejemplar de referencia media como 20 cm. Aparte de que esto revela una manía bastante extraña, también muestra una tendencia pseudomasoquista del personaje, pues es de todos conocido que ponerse hacer este tipo de comparaciones, y todavía con afrodescendiente a bordo, puede causar serios y permanentes traumas sexuales. Otro visitante le sale al corte con la perla científica de que los hombres de raza negra tiene el instrumento mas grande porque lo usan más desde chiquitos y que, además, les mide lo mismo en reposo que en posición de firmes. Desde ahí he empezado a mirar con pesar a mis amigos negros. ¡Pobrecitos, imagínense, todo el tiempo enfierrados! Estos son estragos, digo yo, de tanta televisión.

De todas formas, para el caso de Colombia, quiero hacer desde aquí un urgente y sentido llamado al Gobierno nacional para que se busquen las estrategias y se implementen las políticas necesarias para subir el promedio nacional de pirulis, única estrategia que nos queda para frenar la carrera armamentista de nuestros hermanos venezolanos, de quienes por ahora solo nos separa un peligrosísimo y escaso centímetro y medio.