miércoles, 19 de agosto de 2009

¿EL SUEÑO DE URIBE?



GENÉTICA DE ESPEJO

El hombre, un negro cuarentón y enjuto de aspecto humilde, entró al puesto de salud con un niño de tres o cuatro años de la mano. Miró con timidez a la enfermera, pero no se atrevió a decirle nada. Ella, ocupada, no lo vio llegar.

El hombre y el niño se sentaron en una de las sillas vacías de la sala de recibo. Permanecieron en silencio un rato. Unos minutos después, el hombre se levantó y le dijo a la enfermera la razón de su visita. Ella lo miró con azoramiento: No sabía cómo responder a la solicitud del hombre. Pero el insistió.


La mujer vaciló unos segundos, pero después se decidió y entró al consultorio médico con gesto tímido. El médico de turno la miró inquisitivamente.

- Doctor, que pena, pero afuera hay un señor que necesita hablar con Ud.
- Es una consulta? – pregunto el médico.
- Bueno, no precisamente… - respondió la enfermera.

Y le contó que el hombre sospechaba que su mujer le era infiel y que necesitaba alguna prueba medica urgente que le confirmara que el niño que estaba con él era su hijo.


El médico, acostumbrado a lo más impensado, reflexionó un rato. Después, se asomó con disimulo a la sala de recibo y observó por algunos minutos al hombre y al niño que, sentados, esperaban. Una idea le cruzó la mente. Le ordenó a la enfermera:


- Dígale que pase al consultorio. Y vaya al baño, me descuelga el espejo y me lo lleva.


La mujer, aunque intrigada, obedeció. Mientras el hombre y el niño entraban al consultorio, fue presurosa por el espejo.


El médico entró al consultorio, saludó al hombre y miró al niño con atención mientras preguntaba por la razón de la consulta. El hombre le repitió lo que ya le había dicho a la enfermera.


- Hágame un examen a mí y al niño, dotoj, pa salij de esta duda tan verraca…


El médico fingió pensar unos minutos. Al llegar la enfermera con el espejo, le dijo al hombre:


- Bueno, te voy a hacer la mejor prueba médica que se ha inventado para saber si un hijo es o no es de uno. Se llama “Genética de Espejo”. De acuerdo?


El hombre asintió con la cabeza. El niño miraba con curiosidad la escena. El médico, después de pedirle a la enfermera que saliera, le ordenó al paciente:


- Quiero que te quités la ropa y también se la quitás al niño.


El hombre obedeció.


- Ahora, quiero que te pares frente al espejo y te veas muy bien. Ok.


El hombre, en silencio, se paró frente al espejo que se hallaba recostado en la pared. Y se miró por un largo rato. El médico le volvió a ordenar:


- Bueno, ahora quiero que te parés frente al niño y lo veas fijamente, y me vas diciendo si todo lo que te viste en el espejo, se parece: los ojos, la nariz, las orejas, la boca…, me entendiste?

- Si, dotoj…

Y el hombre, parado frente al niño, ambos desnudos, empezó a recitar: Los ojos, si se parecen; la nariz, si, dotoj, se parece bastante; las orejas, también se parecen… Y continuó así por un buen rato. Mientras tanto, el médico, muy serio, anotaba algo en su libreta.


Cuando terminó, el médico les ordenó que se vistieran y que fueran a su oficina para darle el resultado del “examen”. Después, el hombre y el niño se sentaron frente al escritorio del médico y esperaron en silencio:


- Bueno, después de hacerte este examen se puede determinar que existe un 87% de similitud genética entre ustedes dos. Eso quiere decir, en otras palabras, que este niño es hijo tuyo, no hay duda…


El hombre, entonces, sonrió de oreja a oreja. Abrazó al niño y se levantó tendiéndole la mano al médico. Se la apretó y le agradeció una y otra vez:


- No se imagina, dotoj, la tranquilidad tan verraca que me ha dado, con ese examen de gene … qué, dotoj?

- Genética de espejo.
- Eso mijmo, dotoj, graciaj, mucha graciaj…

El médico los acompañó hasta la puerta del puesto de salud y los vio desaparecer por la calle única y polvorienta del pueblo. El hombre se veía contento y el niño, tranquilo. Después volvió a su escritorio, se sentó y revisó lo que había anotado en su libreta: “
A veces, una mentira que te hace feliz es mejor que una verdad que te amarga.”. Eso mismo, pensó.

LA CASA VACÍA


La casa yace, yace sin remedio,
fantasma de sí misma, yace, yace,
la casa pasa por
sus vidrios rotos,
penetra al comedor que está
hecho trizas,
anida en las paredes desplomadas
(Braulio Arenas)
Las casas abandonadas tienen cierto encanto repulsivo. Son como un agujero negro que atrae la inquietud y el temor, a la vez que transmiten, con sus ventanas y puertas oscuras, sus paredes desconchadas y su imagen desvalida, una ráfaga de desasosiego sobre la espina dorsal de la ciudad.

Hoy volví a ver una, alta, gris y vetusta, que desde hace mucho tiempo se yergue semiderruida en la esquina de la Calle Novena con Carrera Novena. Sus paredes se han ido agrietando con el tiempo y tienen ahora hendiduras que, como precarias ventanas, permiten atisbar brochazos verdes de una maleza pertinaz que crece en su interior.

Sus puertas, dos o tres, creo, se pudren sin remedio. Las ventanas cerradas, con su pintura descascarada y grisácea, parecen ojos ciegos. Sus alares han desaparecido y el techo ya no cubre sino pequeñas zonas sobre las que tejas negras se balancean peligrosamente hacia la calle, colgando con cierta patética gracia. Es una casa calva.

En sus andenes es usual encontrar mierda humana o animal, casi siempre pudriéndose al sol. Y no desentona. En realidad es como el sello predecible y maloliente que anuncia la decrepitud y la agonía de esa casa de aire republicano, abandonada para siempre.

Hoy pasé otra vez por su frente. Y una vez más, como hace meses, le dediqué un vago pensamiento a quienes alguna vez la habitaron. Imaginé niños riendo adentro, mujeres conversando sobre el postigo de los altos ventanales, hombres fumando en su amplio patio cuadrado. La pude, en mi mente, ver viva, porque, como escribió Vallejo,,”… una casa vive únicamente de hombres, como una tumba. Sólo que la casa se nutre de la vida del hombre, mientras que la tumba se nutre de la muerte del hombre. Por eso la primera está de pie, mientras que la segunda está tendida.”

Pero esta casa ahora es una tumba de sí misma. Por eso, hoy la vi más triste, mas desolada. Es la tristeza de los agonizantes, porque sabe que se muere irremediablemente, vacía de vidas. Nadie la ocupa, nadie volverá a ella, por tanto, sus venas están resecas y su alma es solo un esqueleto hueco de ladrillo calcinado y yerto.


“Oscurecida te quedas viviendo, mientras el tiempo te recorre y la humedad gasta poco a poco tu alma” escribió Neruda sobre una casa vieja alguna vez.

Y yo repito esos versos silenciosos, mientras me alejo de la casa vacía.