sábado, 2 de febrero de 2008

MARCHO POR ODIO

Tuve la intención de iniciar estas líneas criticando las razones que algunos han dado para no salir a marchar el próximo 4 de febrero. Intención nacida del desconcierto, porque yo, como muchos colombianos, estábamos convencidos de que las Farc y sus atrocidades tenían el monopolio del rechazo nacional y que si algo suscitaba unanimidad era precisamente el repudio contra esa narcoguerrilla que desde hace décadas nos azota.

Pero, pensándolo bien, lo importante en realidad es que quienes vamos a marchar digamos por qué lo hacemos, para aclararles algunas cosas a todos aquellos que desde diversas orillas y con nebulosos intereses hablan de la marcha del odio, de la manipulación de los marchantes a favor del gobierno o de cosas similares.

En mi caso, mis razones son claras y, por decirlo en términos de moda, inamovibles. Marcho por odio. Claro que sí. Y digo, además, que ningún ser humano que se precie de serlo puede decir que no le suscita odio el secuestro, la mentira, la violencia y la muerte que representan desde hace rato las Farc.

Odio, por ejemplo, saber que muchos colombianos, más de los que soporta el sentido común, se pudren y mueren de enfermedad y desolación en cambuches miserables, encadenados como animales salvajes, pisoteados, despreciados por sus captores. Todo esto, porque a un grupo de desalmados les parece que así se pelea por un ideal político que, todos sabemos, ya no existe.

Odio, también, esta guerra silente, larguísima y triste a la que nos tienen sometidos a más de cuarenta millones de personas un puñado de forajidos. Guerra, conflicto o como quiera llamarse, que no es entre dos bandos ajenos a nosotros, sino contra nosotros. Si no, entonces como es que somos los civiles, los ciudadanos comunes, los que más muertos y más esclavos, bajo el nombre de secuestrados, hemos puesto.

Odio, además, las mentiras burdas con las que las Farc desprecian nuestra dignidad y nuestra inteligencia. Esas mentiras que les permiten asegurar, a ellos y a sus cínicos emisarios, por ejemplo, que un secuestrado no es eso sino un rehén o un retenido. O que un niño indefenso y arrancado del lado de su madre fue abandonado a su suerte sin que les mortificara ese hecho sino el de haber sido descubiertos alegando que lo tenían.

Odio, por ejemplo, oír y ver la noticia, como la de hace ocho días, de que una madre campesina que salió una mañana soleada de domingo a visitar a sus parientes con sus dos hijos, uno de la mano y otro en el vientre, terminara con las piernas arrancadas, desangrada, arrastrándose por horas entre agrestes breñas para tratar de salvar a sus dos hijitos… Al final, murieron todos. Y todo, porque a un infrahumano de las Farc le dio por poner una mina quiebrapatas.

Y odio ver la cara sonriente de Alf, abrazado por su amigos y por la gente que lo quiere y a la que quiere, porque se me parte el corazón tratando de imaginar ahora en donde y en que situación estará y que será de su suerte y de las demás personas que las Farc secuestraron el 13 de enero de este año en un paraje hermosísimo del Choco, precisamente en los días cuando el mentalmente defenestrado presidente de Venezuela decía ante una audiencia de bolsillo que admiraba su “proyecto político”.

Odio todo esto y muchas cosas más, nacidas de la demencia, la inmisericordia y la naturaleza sanguinaria de las Farc.

Y el odio, sépase bien, me alcanza y me sobra para decir que también odio esas mismas cosas que hacen los paramilitares o el ELN o los corruptos de la política. Pero esa protesta también tendrá su día.

Por ahora, la del lunes 4 de febrero, será mi marcha, la del odio por todo lo que representan y hacen las Farc. Porque seguro estoy que odiando la muerte y la violencia, sé definitivamente que amo la vida.

¡NO MAS MENTIRAS, NO MAS SECUESTROS, NO MAS VIOLENCIA, NO MAS FARC!
P.D: Si alguna duda persiste sobre la degradación de las Farc vean este articulo sobre las niñas prostituidas por Raul Reyes y sobre el horror de sus minas quiebrapatas (o quiebravidas, mejor), echenle un ojo a este video:

3 comentarios:

  1. Hola, Vopa, yo no marcharé por odio, pero sí por tristeza. Tristeza, impotencia y rabia, y sobre todo la sensación de que decirle "No, Gracias" a las FARC por al menos una vez es algo que nos debemos a nosotros mismos desde hace muchos muchos años.

    Cuando miro la foto de Alf me imagino que está bien, que aguanta, y que pronto estará de nuevo libre explicándome teoremas y proponiéndome artículos para leer juntos. Esa sonrisa me anima. También me da nostalgia.

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  2. Por odio, por triztesa, por rabia, por lo que sea, a marchar. buen blog.saludos

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  3. Razones para marchar hay muchas, las motivaciones para hacerlo no importan; todas convergen en el rechazo a este grupo insurgente.

    Marché también por motivos personales y respetablemente rechazo el que otros no hayan querido hacerlo.

    Al final, eso puede traducirse como indiferencia (como cuando las personas no votan dizque porque eso no sirve de nada).

    Saludos y un placer leerte.

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