miércoles, 25 de julio de 2007

CURAS INCURABLES

Por estas fechas hace un año escribíamos en este post acerca de la proclividad de algunos curas a ser pederastas y cacorros y la de sus superiores a la alcahueteria y al tapen tapen.

Ahora, la tozuda realidad nos enrostra que tales conceptos eran, son y seguirán siendo ciertos dentro del clero colombiano. Contra la tendencia en otros paises, en los que el mea culpa fue la unica salida para enfrentar de verdad esta oscura realidad, aqui el tema sigue enmarañado bajo los argumentos simplones y cómplices de los ensotanados encargados de juzgar a sus colegas pederastas.

Ofende, por demas, el argumento de querer convertir a un tipo siniestro como el padre Rozo, confeso violador de su propio sobrino y de no se sabe cuantos niños mas, en inocente solo por el hecho de que ni la justicia ordinaria ni la eclesiastica lo pueden juzgar porque el transcurso del tiempo agotó esa posibilidad.

Una cosa es ser un culpable exonerado por cuenta de una norma procesal y otra muy distinta ser inocente. Esto, sin embargo, no lo entienden o no lo quieren entender los encargados de juzgar este tipo de casos dentro de la Iglesia Catolica colombiana, que seguramente por el ya mentado espiritu de cuerpo cobijan a sus ovejas mas descarriadas con el vergonzoso ropaje de la inocencia por decreto.

De todas formas queda para ellos, y para quienes los emulan y secundan, la justicia mas infalibe y segura de todas: la divina, encarnada en parte en el versículo del evangelio de Lucas, que asegura que a aquellos que escandalizan y violentan niños mas les valdría amarrarse una piedra de molino al cuello y arrojarse al mar.

Solo se lamentaría uno de la inmensa contaminación que generaría para los oceanos del mundo tanto ensotanado flotando en sus profundidades.