jueves, 8 de marzo de 2007

PLATA EN POLVO

Debe haber alguna especie de maldición en el hecho de que en una ciudad tan desplatada como esta se descubran millones y millones de dólares que resultan inasibles para todos los caleños porque, primero, estaban enterrados o herméticamente guardados en caletas secretas y, segundo, porque una vez descubiertos son devorados por las entrañas voraces de la burocracia oficial hasta quien sabe cuando.

Pero si esto fuese poco tenemos que en la afueras de Cali, que sigue desplatada pese a la caletas de marras, un gracioso decidió vaciar en un lote rural millones y millones de pesos completamente pulverizados, bajo la mirada atónita y desconsolada de campesinos paupérrimos que, al igual que todos nosotros, se preguntaban que tipo de demencia incitaba a alguien a volver mierda la esquiva plata.

Ahora se sabe que los billetes en polvo pertenecían al Banco de la República local, que en un proceso de rutina decidió moler los billetes maltratados y usarlos como relleno en la finca de uno de sus empleados.

Por eso, después de la explicación, resultaban patéticas las escenas televisivas de los labriegos que esculcaban y esculcaban en busca de billetes buenos, mientras se lamentaban de que dañaran así la plata en vez de dársela a los pobres. Como patéticas resultaron también las especulaciones chimbas de los periodistas que hablaban de dinero de mafiosos, del que se querían deshacer antes de que se lo decomisaran.

Valiente explicación, digamos, que no consuela en nada y a nadie y que, por el contrario, nos remacha en la idea de que solo una maldición puede explicar que en una ciudad en donde la urgencia de plata, la militante y la vergonzante, nos abruma a todos vaya gente por allí enterrando la plata o deshaciéndose de ella de cualquier forma.

Seguiremos, entonces, con caletas o sin ellas, desplatados.