jueves, 22 de noviembre de 2007

Dicen que...


Create Your Own Graffiti

EL TURBANTE DE PIEDAD

Le escuché decir al locuaz presidente de Venezuela Hugo Chaves, entre tantas sandeces que cotidianamente dice, que admiraba profundamente a la senadora Piedad Córdoba, nuestra negra Piedad, claro, porque ella dizque representaba a la mujer colombiana. O algo así.

No sé que tanto ella represente a la mujer de estos lados, pero si lo hace, de seguro no es por las pintas que usualmente utiliza. No conozco casi a ninguna mujer colombiana, salvo algunas disfrazadas para algún desfile de carnaval o para una descocada telenovela de época, que se vista siquiera con estilo similar.

Los largos batones que le cubren el pesado andamiaje corporal son únicos, no solo por su estilo seudoafricano, sino también por la estridencia de sus colores, que le hacen a uno presumir cierto deliberado interés en proclamarse afrodescendiente, como se les dice ahora a los que antes simplemente uno les decía negros y punto.

Pero, insisto, salvo Piedad, ninguna negra se viste normalmente así. Además, supongo, no son ropajes baratos, como para pensar que sean prendas autóctonas de las mayoritariamente empobrecidas negras colombianas. En fin.

Sin embargo, lo verdaderamente llamativo de la negra Piedad es lo que lleva en la cabeza, aparte de sus inflamables ideas: el infaltable turbante o rodete o como quiera que se llame el protuberante tocado que le completa su pinta neoafricana y con el que realza la militante negritud que le gusta ostentar.

Así, tengamos por caso, apareció vestida en la rueda de prensa que en pleno Paris dio en compañía de Hugo Chaves, en la cual nos dieron a conocer oficialmente lo que todos ya sabíamos suficientemente: que ellos, como las Farc, están dispuestos a rodar por medio mundo para decir ni mierda…

De todas formas, debió divertir bastante a los franceses esa vasta y exótica pareja tropical, especialmente por el traje obispal que lucía la negra Piedad, vestida de pies a cabeza con ropajes fucsias y turbante ídem, que relampagueaban como árbol de navidad por el flash de las cámaras y de las luces televisivas.

Viendo tales escenas se me ocurría que el turbante de Piedad, que como se sabe se pasea impertérrito entre las curules del capitolio bogotano, los campamentos guerrilleros y las alfombras palaciegas, podría ser la solución para que se desempantane, de una vez por todas, el manido intercambio humanitario.

Me explico: Si el turbante de Piedad fuese declarado por las partes beligerantes, digamos, como zona de distensión o de despeje, en el se podrían transportar, desde las esquivas pruebas de supervivencia de los cautivos hasta algún secuestrado acurrucado, incluso la misma Ingrid Betancourt.

Hasta Tirofijo, para evitar una matada ni la hijuemadre, se podría camuflar en el turbante y llegar prácticamente a cualquier parte del mundo. O Chaves, para brincarse a Álvaro Uribe, podría entrar a Colombia y llegar hasta el mismo campamento de la guerrilla a bordo de ese turbante que conoce tan bien tales lugares. O reunirse en el secretamente Uribe y Tirofijo, mientras la negra les prepara un encocado de jaiba, por ejemplo.

Las posibilidades son infinitas. El dichoso turbante podría ser la solución tan esperada y así la negra Piedad podría pasar a la historia, no solo por su afilada lengua y sus estrafalarias pintas, sino también porque en su cabeza se fraguó la paz colombiana.

Ahí queda la propuesta.

domingo, 11 de noviembre de 2007

EL CANTANTE

Y llegó, como llegan casi todas las cosas por estos lados, tarde, El Cantante, la pelicula de J Lo y Marc Anthony sobre la vida de Hector Lavoe. Y, claro, como ya lo imaginabamos, decepciona, y bastante, esta languida cinta, con un guión tan predecible y plano como las actuaciones de sus protagonistas.

Si quisiera describirla de algun modo diría que se trata mas de un largo videoclip de las canciones de Lavoe reencauchadas por Marc Anthony que de una verdadera obra cinematografica sobre la vida de ese extraordinario icono de la salsa que fue Hector Lavoe.

La pelicula discurre de principio a fin bajo el entendido de que la estrella a mirar es J Lo, en su papel de Puchi, una de las tantas mujeres que tuvo La Voz y que jamás tuvo en su vida la preponderancia que se ve en la pelicula, que actua, baila y narra a través del inevitable flash back el ciclo vital de Lavoe desde sus comienzos en Nueva York bajo el auspicio de Willie Colón y Johny Pacheco en los comienzos de la Fania, la pleyade que arrancó el fenómeno popular llamado salsa. Por eso, Marc Anthony-Hector Lavoe, el actor y el personaje, se ven desdibujados, girando sosamente como un satélite anodino en torno a la rutilante estela de la López.

Que Hector Lavoe fue un hombre conflictivo y autodestructivo; que en la cúspide de su carrera sucumbió en el naufragio trágico de la droga y de los fracasos y tragedias familiares; que nunca pudo recuperar su brillo después de su lamentable separación de Willie Colón... Todos son hechos conocidos que, inusitadamente, aparecen en esta pelicula como meros episodios marginales, sin verdadero dramatismo, sin la trascendencia discursiva que todos esperabamos.

Por tanto, despreciados inexplicablemente los hitos dramáticos mas relevantes, lo demas es un mero discurrir amorfo, sin fuerza ni sentido, al que solo lo salva, si acaso, la musica del cantante fallecido, con arreglos practicamente idénticos a los originales y con la voz de Marc Anthony, que por cuenta de la tecnología suena muy similar a la de Lavoe. Ah, y se rescata también la escena de un solitario Rubén Blades que toca con parsimonia en su guitarra los acordes primigenios de El Cantante, la canción insignia de Lavoe.

Nada memorable, nada interesante, El Cantante, a diferencia de su personaje, llegará y pasará sin pena ni gloria, en lamentable desperdicio de un filón dramático como fue la vida del Cantante de los Cantantes.

sábado, 10 de noviembre de 2007

CALAMBUCO

Calambuco, dice el escritor Umberto Valverde, es algo asi como el Transmilenio de los corteros de caña de azúcar. Pero tambien es el nombre de una novel orquesta caleña que nos sorprende con la paradoja de un nuevo-viejo sonido salsero.
Son musicos raizales de esta ciudad en su mayoría, con algunos bogotanos y chocoanos entremezclados, que se han empeñado en recuperar el tumbao frenético y poderoso de los setenta, el del concebido para el bailador, el del soneo potente, el de los cueros y los metales trepidantes.

Y las letras son también un tributo a los mensajes básicos del fenómeno salsero original: son las vivencias del barrio, de los amores, de los encuentros y desencuentros callejeros...

Calambuco es, en resumen, un renacer inesperado pero grato de la salsa añeja que añoramos todos los salseros, de esa que destila por las venas como un narcótico, que eriza la piel, que agita el espíritu, que invita a apretar una cintura y a lanzarse al torbellino de una pista de baile.

Bienvenido, entonces, Calambuco.

sábado, 3 de noviembre de 2007

LOS DESCHAVETADOS

No cabe duda: el humor latinoamericano, y el universal, por supuesto, se encuentran en franca renovación de la mano de una nueva pareja cómica que hace su irrupción triunfal desde la hermana y bolivariana republica de Venezuela.

Sí, señoras y señores, mas graciosos y divertidos que El Gordo y El Flaco, que Abott y Costello y que los Tres Chiflados juntos, llegan para nuestro deleite... ¡Hugo y Adan Chavez!, mas conocidos como Los Deschavetados, demostrando que para hacer humor del bueno no se necesita, no señores, ni media neurona, y que la falta de inteligencia es fuente inagotable para la risa.

Este es su primer video promocional (que no el ultimo) y se llama "Cuadrando el Reloj". Disfrutenlo.


KIKO Y LA "CHUSMA"

Esta semana un columnista de El Tiempo escribió algo asi como que la gente no vota por aquellos que amenazan con quitarles sus sueños. Lo cual podria interpretarse como que si a uno le prometen cosas que coinciden con lo que uno anhela, asi sean engaños, pues termina eligiendo al que lo engaña por encima del que le muestra la verdad de las cosas.

No sabría decir si en Cali sucedió algo asi, pero sospecho que detras del triunfo apoteosico de Jorge Ivan Ospina, hay algo de este curioso principio, reprobable pero cierto.

Y no es que Kiko Lloreda haya dicho muchas verdades, sino que, en mi concepto, centró buena parte de su campaña en lo malo de la situación de Cali mas que en lo que podría hacerse para mejorarla. Mientras Ospina mostraba una imagen romántica, con un corazon palpitante y una tierna mirada de redentor, Kiko aparecía como un severo Caton señalador de culpables.

Además, es indudable que en Cali no quieren a Kiko Lloreda. Bueno, no todos, porque algunos votamos por él. Pero en verdad Kiko no es un hombre carismatico y, además, le cuesta desprenderse de esa figura de niño rico que lo hace ver lejano y ajeno a la agobiante realidad de las clases populares que, todos sabemos, son las que ponen los votos defintivos.

Esto es injusto con Kiko, porque probablemente esa imagen no tiene que ver con su talante ni con su innegable preparación y experiencia como para ser alcalde de Cali, pero así son las cosas y, para su desgracia, seguramente este hecho no cambiará.

Otra cosa es la caja de Pandora que podría resultar siendo Ospina. Cierto tinte populista de su campaña y algunas malas compañías hacían recordar a veces las de John Maro y Apolinar Salcedo, y todos ya sabemos en que terminaron tales adefesios politicos. Pero esperamos, y lo digo con franqueza, que resulte siendo un buen alcalde, asi no haga sino la mitad de lo que prometió.

En eso, supongo, consiste la esperanza.

(La caricatura es de nuestro amigo Didier del blog Pasosfirmes)