miércoles, 10 de octubre de 2007

LAS GITANAS DE GIRÓN

Son dos. Las veo con claridad desde la ventanilla del carro antes de apearme, sentadas en el bordillo del parque sombreado que queda al frente de la catedral albeada y magnifica.

Me miran al unísono, con una mezcla de curiosidad y astucia en sus ojos negros. Las pañoletas de colores les enmarcan la cara envejecida y las largas polleras parecen flotar alrededor de sus cuerpos afilados. Sin embargo, la mirada oscura persiste sobre la estridencia cromática. Asemejan dos estrafalarias aves de rapiña saboreándose precozmente ante una posible presa.

Una de ellas, la más vieja, con deliberada lentitud me tiende una mano sarmentosa, invitándome. La otra sonríe levemente. Sus ojos, sin embargo, desdicen los gestos amistosos y, como no ven ninguna intención de acercamiento, sus rostros vuelven al rictus pétreo inicial. Me vuelvo invisible en su indiferencia.

Son las gitanas de Girón. Y representan con perfección, en ese pueblo blanco cargado de historia, el anacronismo viviente que es el pueblo gitano. Enclavadas en este nuevo milenio con sus viejas tradiciones de adivinación, de lectura de manos y cosas parecidas, parecen, no, mejor, son piezas de museo extrañamente vivas, impermeables al paso del tiempo y de la modernidad.

Las dos gitanas, ahora de pie, se acercan a alguien que, parqueado en un vehículo rojo, parece haber caído en la telaraña. Le sonríen y juntas se acercan a la ventanilla con las manos estiradas en un gesto que podría ser inocente. Un saludo simple tal vez. Pero no lo es. No buscan saludar al incauto, solo atraparlo y envolverlo, como dos arañas que parsimoniosamente han tejido una red invisible e infalible.

Luego, en algún momento, le toman con suavidad la mano izquierda. Es una mujer joven y bonita, que sonríe, mientras los rostros cetrinos parecen concentrarse en la palma de su mano. Murmuran algo, sonríen nuevamente y le dicen, sibilinamente, algo más. Una premonición, una vaticinio, cualquier cosa sobre su futuro. La mujer joven las mira seriamente. Y ellas ríen, otra vez al unísono, como seguramente reirían las arañas ante sus presas indefensas.

Me alejo despacio, caminando sobre los adoquines centenarios, con la sensación inquietante de ser una pieza de cacería que, inusitadamente y contra todo vaticinio, se escapó de una red tan antigua como el tiempo.

4 comentarios:

  1. Le faltó decir que las gitanas de Girón son ladronas y complices de los ladrones del parque.

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  2. como pueden demigrar a toda una raza de esa manera
    porsupuesto y eso es lo mas interesante... que el tiempo les pase y ellos sigan fieles a una tradicion milenaria...
    sin oportunidades de progreso en este mundo moderno por ese mismo proposito mantenerse fieles y que esta maravillosa raza no acabe
    deveriamos todos ver desde el punto de vista de ellos...
    incapaces de avansar sin que toda su cultura se desplome

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  3. Francamente este artículo reproduce estereotipos lamentables que le han hecho daño a los gitanos por siglos.
    Esas "aves de rapiña" son seres humanos y poseedoras de una cultura, una cosmovisión y un lenguaje con origen en el sanscrito.
    Los Gitanos o Roma son un pueblo antíquisimo, con una cultura milenaria.
    A un indígena arhuaco hace años le escuché decir que como podemos hablar de diversidad cultural si no conocemos nuestra diversidad cultural.
    Los gitanos ya tienen reconocimiento legal por parte del Estado, pensamientos como este son los que han hecho que miles en Europa sean perseguidos, expulsados y considerado como ciudadanos de segunda clase.

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  4. Me gusto el articulo. Vivo en Girón y realmente quisiera que las gitanas desaparecieran del parque. Se aprovechan de la gente, sólo dicen mentiras y roban descaradamente.

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