miércoles, 19 de septiembre de 2007

SU MAJESTAD, EL BLOGGER NACIONAL

Hace ya más de dos años escribimos, algo emberracados, lo admito, este post replicando algunos de los conceptos insultantes que un tal Felipe Restrepo, un desconocido columnista de Semana, escribió sobre los bloggers, es decir, sobre los que escribimos en esta vaina que se llama blog.

No repetiré por física pereza lo que escribió en dicha ocasión el tal Felipito (que ahora escribe insulserías en la revista Gatopardo; suerte loca que tienen algunos), ni lo que dijimos el suscrito y otros bloggers sobre el tema, pero ahí está el post para que se enteren.

Traigo a colación el asunto porque ahora resulta que a todos los medios escritos les ha dado por incluir en sus páginas virtuales un apéndice de blogs, que a mí solo me parecen columnas de opinión del montón más que blogs propiamente dichos.

Buenos, ellos están en su derecho. Lo que sorprende es el actual despliegue con que tratan el acápite de sus blogs, ninguno de los cuales, digo de paso, tengo por costumbre leer, porque me parecen ladrilludos y totalmente ajenos a la naturaleza espontanea y libre con que se inicio y se mantiene el tema blogueril a nivel mundial y, claro, nacional.

El caso es que, mas allá del citado despliegue, ahora resulta que la misma Semana, la misma que nos trataba tan maluco hace un tiempo, va a elegir al Blogger Nacional, asi con mayúscula y todo. Y hay ya como 15 o 16 candidatos en la pasarela.

Leí algunos, pero no pude con más de cinco o seis. Me parecieron sosos, muy del montón, sin nada interesante o novedoso como para aspirar a tan rimbombante titulo. Pero allí están y con seguridad uno de ellos resultará elegido el soberano nacional, el rey de los bloggers, el non plus ultra de la blogósfera nacional.

Lo que me pregunto es que carajos va a hacer el dichoso Blogger Nacional una vez elegido, tal como se elige entre nosotros la Reina del Pandeyuca o de la Panela o de cualquier otra cosa. ¿Desfilará acaso en tanga en favor de los desamparados, asistirá al Palacio de Nariño para almorzar con el alto gobierno, leerá a García Márquez y admirará al Papa y a Sor Teresa de Calcuta? ¿Todas las anteriores?

Quién sabe. Lo que si es seguro es que escribirá en Semana, en el rinconcito que desde ya le tienen reservado para que medre allí el nuevo soberano, el Blogger Nacional, el mismo que pontificará sobre todo y sobre todos, en el entendido que ahora para la citada revista un blogger ya no es el atorrante que escribe baboserías aquí y allá.

¡Loor, larga vida, al Blogger Nacional! Que reine por siempre… pero de lejitos, por favor.

lunes, 10 de septiembre de 2007

CALI HUELE A MUERTO

Cadaverina, dice mi viejo diccionario, es el hedor de los cadáveres. Y cadaverina, digo yo, es el aroma que hoy, y ayer, y todos estos días, se ha venido respirando en Cali.

Cuando uno piensa que una ciudad de casi tres millones de habitantes se encuentra poco mas que paralizada por once muertos, inundada de rumores de muerte, asediada de noticias necróticas, se cae en cuenta que los muertos, por ahora, importan más que los vivos.

Ningún tema parece distraer la mente colectiva: en cada esquina, en cada mesa de cafetería, en cada charla informal, se confluye, como ríos en un amargo mar, en el tema de los muertos, los que asesinó la guerrilla, los que lloraron sus familias, los que todos suplicaron de alguna forma que se les permitiera volver vivos.

Pero no volvieron. No vivos, por lo menos. Volvieron en bolsas plásticas, encerrados en el interior de raudas ambulancias de cruces rojas, ajenos en su frialdad de muerte a los ojos ávidos que siguieron su regreso con la mudez de la impotencia y la desesperanza.

Y como no sobrevivieron a la esperanza, entonces el homenaje espontáneo y popular, el único que cabe, es hablar de ellos, de los once muertos, de los arrebatados por la salvaje guerra ajena que se libra allende los límites del horizonte citadino y que, de vez en cuando, se mete con nosotros.

Por eso, precisamente, es que ahora, hoy, Cali huele a muerto, a cadaverina, a lágrimas abiertas o furtivas, a dientes apretados, a puños rabiosamente cerrados. Es una ciudad cercada por un intangible sudario de rumores, de palabras sibilinas, de lamentos apagados.

Fueron once muertos, pero la infamia de su muerte parece habernos matado un poquito a todos.

Si, definitivamente, Cali huele a muerto…

sábado, 8 de septiembre de 2007

UN ASESINO ESCURRIDIZO

El mal, ese eterno y oscuro rasgo de la humanidad, será siempre tema novedoso y atractivo para una película, buena o mala, pero siempre atrayente.

Y el mal, que podríamos definir como ese daño excesivo, injustificado e irracional que un ser humano le causa a otro, será la cúspide argumental de una buena película policiaca, en la cual por línea general el bien se contrapone, a través de la justicia, al perpetrador de la maldad. Suena excesivamente sencillo, pero eso es el elemento básico e indispensable de un buen thriller.

Puede ser que este viejo tema este tan manido que a veces parece agotado. Sin embargo, a veces llegan cintas como
Zodiaco que nos logran sorprender gratamente con un enfoque distinto, que en este caso utiliza la confrontación mental entre el perseguidor y el asesino como aspecto cohesionador de una intrigante investigación policiaca que, lejos del argumento apretujado en el tiempo de muchas películas de este género, se extiende en un línea de tiempo de décadas entre dos hitos relevantes: el primer asesinato y la confrontación cara a cara entre el improvisado detective y el sicópata.

La historia real es la siguiente: En octubre de 1.966 un extraño e inasible asesino ataca a una joven universitaria en San Francisco y durante varios meses repite los ataques con escalofriante sangre fría (la escena del acuchillamiento de un pareja a la orilla de un plácido lago impacta de verdad), dejando varios cadáveres y algunos aterrados sobrevivientes.

Lo extraordinario, más allá de los mismos asesinatos, es el reto que el asesino le plantea a sus perseguidores (excelente papel de Mark Ruffalo como el azorado detective que inicia la investigación) mediante acertijos y cartas esporádicas con las que crea a su alrededor un aura enigmática e impenetrable que desconcierta a los investigadores y que, por ende, hace fracasar una y otra vez la investigación policial.

Solo un periodista alcoholizado (Robert Downey Jr.), un policía tenaz (Mark Ruffalo) y un joven caricaturista (Jake Gyllenhaal) obsesionado con el tema del asesino del Zodiaco logran combinar esfuerzos en una investigación que parece perderse en los vericuetos del tiempo y en el seguimiento de pistas improbables y laberínticas.

Es una subyugante confrontación entre la mente del mal y la del cazador, la primera, escondida en las tinieblas de una personalidad fría y tristemente brillante, la segunda, pugnaz y obsesiva que persiste en desenmarañar el misterio de un asesino sin modus operandi y con altibajos impensados en su larga estela de crímenes.

Esta es, sin duda, una buena película, que probablemente decepcionará al espectador que acuda a ver ríos de sangre, persecuciones frenéticas y asesinos desbordantes de maldad. Es una película sobria, que se deleita en el suspenso intimista de sus protagonistas y se centra en contar con buen ritmo la historia sorprendente de este singular asesino.

Lo que si encontrará de seguro es una tensión magistralmente dispersa en los tiempos de la historia narrada y un final que, sin sorprender a la manera de un sobresalto, parece plantear que, efectivamente, "el hombre es el animal más peligroso que existe".

sábado, 1 de septiembre de 2007

"ALGO HUELE MAL" EN EL CINE NACIONAL

Algo muy, pero muy malo debe estar pasando con nuestro cine si un bodrio como “Esto huele mal”, dirigida por Jorge Ali Triana, puede llegar a tener el cartel que por estos días se le da.

Hasta Semana, que en nuestro medio tiene lo que podría aproximarse a una crítica de cine, le da un insólito
“aceptable”, que para este solemne ladrillo equivale a un Oscar.

Es claro que el cine nacional ha cobrado una especie de segundo aire, como en su tiempo lo tuvieron el futbol y las telenovelas. Se trata de uno de esos booms (se escribe así?) sorpresivos que cambia cierto orden de cosas de la noche a la mañana y pone en la palestra algo o alguien que antes, ni en sueños, pudo aspirar a tener algún despliegue relevante.

Pero, la pregunta es: Esto es bueno o malo? Para responder tocará volver a los ejemplos citados. El futbol, con el que alguna vez se aspiró dizque a ganar un Mundial, ahora anda de capa caída; las telenovelas, se hundieron en la mediocridad y la ramplonería de las novelas mexicanas, a cuenta de adquirir cierto status internacional que terminó matando el espíritu dramático característico que las hizo precisamente notables en el mundo entero.

Me temo, entonces, que con el cine va a suceder algo similar. De las películas nacionales que he visto en el último año no logré ver siquiera una cinta medianamente buena, incluyendo Satanás, la mejorcita de todas.

Los defectos técnicos, la edición desastrosa, los guiones incoherentes y sosos, las puestas en escena acartonadas y repetitivas, las actuaciones al filo de la mediocridad y sigue un largo etcétera, continúan igual o, como en caso de Esto huele mal, superándose en lo malo. La incursión en el llamado cine nacional del Canal RCN contribuirá, sin duda, a que peliculitas como la mencionada sigan llegando en avalancha a nuestra paupérrima cartelera.

En Esto huele mal se conjugan con maestría todos los defectos antes mencionados, y ni siquiera el empelotamiento de una tal Valerie Domínguez y de otras modelitos mas, todas de la nomina de RCN, supongo, la salva. Lo dicho: un bodrio total.

Por eso, estoy de acuerdo con
este blogger, que se enlista dentro de los estafados por esta película. Solo que yo vengo siendo estafado desde hace mucho rato por el cine nacional, en el afán de ver una, aunque sea una, película aceptable.

Seguiré esperando.