sábado, 15 de diciembre de 2007

¡MAL FARC-IDOS!

No es que de verdad uno espere que los tipos de las Farc tengan buen humor. Es más, uno sospecha que gente así en realidad no deben tener ningún tipo de humor.

Por eso sorprende es que sí tienen humor, pero el de la peor clase: un humor cínico y macabro, que seguramente en las profundidades de la selva colombiana debe hacer reír mucho a los custodios de Ingrid Betancourt y de los demás secuestrados, porque lo que es por acá no genera sino una mueca de asco profundo.

El botón de muestra es esta "caricatura" publicada en Anncol, a la que llegamos a través de este post del Elefante Azul, a quien, igual que a nosotros, le parece que la “nueva Colombia” de la que habla el vejete secuestrador no es más que una tumba.

Sí, que triste que les produzca tanta risa tanto dolor…

sábado, 8 de diciembre de 2007

CARTA ABIERTA A INGRID BETANCOURT

Ingrid:

Así, a secas, como me parece que le gustaría a Ud. que alguien que no la conoce personalmente se le dirigiera, comienzo esta carta que llevo rumiando desde hace varios días, desde cuando con asombro y pena vi el video que los desalmados que la secuestraron le tomaron para enviarlo como prueba – dicen ellos – de que sigue viva.

Y me atreví al fin a escribirla, bajo la luz radiante de un sol sabatino de este extraño diciembre que seguramente Ud. no puede disfrutar, enterrada como está en vida bajo el sudario verde de esa manigua que, después de casi cinco años, debe asfixiar como una tumba. De alguna forma me duele estar aquí, ahora, en mi cómoda casa, pensando en qué palabras se le pueden escribir a una secuestrada que dice que, a veces, ya no quiere vivir más. Pero así son las cosas…

Sin embargo, su valentía me anima. También su rostro dolorosamente resignado y cabizbajo y, sobre todo, sus tristes ojos que parecen mirar un punto recóndito de sus pensamientos, esos mismos que sus secuestradores jamás podrán domeñar. Y me animo a decirle, primero, que no hubo, no hay ni habrá causa política o de cualquier otra naturaleza en el mundo que pueda justificar un solo segundo de un cautiverio tan infamante como el suyo. Ni tampoco el sufrimiento de su madre, de sus hijos y de todos aquellos que la aman.

De ahí parto también para decirle que, aunque sus secuestradores son hienas y no personas, deseo que la indignación nacional y mundial que por estos días han despertado su secuestro pueda tocar el corazón de la guerrilla –si es que lo inexistente puede llegar a existir- y que decidan liberarla, aunque sea solo para seguir en la comedia política que todos les conocemos. O, al menos, que accedan en aliviar en algo su angustiante situación, así sea con el regalo de ese diccionario enciclopédico que su mente torturada anhela.

Sin embargo, al igual que Usted, sospecho que es mejor por ahora ahogar la esperanza de lo bueno para que, si esto llega a darse, nos sorprenda grata y doblemente y para que no nos acose nuevamente la sombra de una nueva decepción. No obstante, Ingrid, bien debe saberlo, la esperanza es un feroz mastín que nos persigue el corazón con irresistible tenacidad.

Otra cosa que quería decirle es que nadie se ha olvidado de su situación. Cómo hacerlo. Si la constancia de su familia ha logrado mantener viva su memoria y poner a un gobierno como el de Francia en la primera línea de las gestiones para su liberación, mucho más han logrado en el espíritu de los colombianos las desgarradas y hondas líneas de su carta de cautiva, que nos ha confrontado con nuestra propia naturaleza y con esa parte del alma que todos los horrores de esta guerra nos tienen gangrenada.

A muchos, a mí en particular, nos repugna que tengamos que someternos como sociedad a las exigencias de gente como la que la tiene secuestrada. Es por eso, no por maldad o por tener el corazón endurecido. Es simplemente el temor de que terminemos todos secuestrados, como lo estuvimos cierto tiempo en esta ciudad, en donde salir a Pance o al 18 en paseo familiar era un albur, un riesgo más que inminente de terminar en manos de la guerrilla.

Pero, ahora que me entero de que existe la posibilidad de despejarle otra vez parte del país a tales forajidos, siento que volvemos al filo de un abismo que solo por el consuelo de verla a Ud. y a los demás secuestrados de nuevo en libertad se acepta, aunque con el corazón en vilo. La esperanza, Ingrid, cabalga de nuevo tercamente a lomos de la angustia de una nueva y brutal decepción. Ojala que sea el jinete, y no la bestia, la que culmine exitosamente la carrera.

En este instante acabo de abrazar y besar a mi pequeño hijo de dos años. Se llama Manuel y me susurra, a media lengua, que me ama. Y vuelvo inevitablemente a pensar en Ud. y en mi, ambos de una generación que no ha conocido ni un solo día de paz sobre esta tierra nativa. Seguramente en sus largos días de cautiverio, ha meditado mucho en que no quiere que su suerte sea la misma para sus hijos, como lo he hecho yo tantas veces cuando pienso con angustia en un futuro repetido para esta generación nacida de la nuestra.

Por esto, por todo esto, deseo fervientemente que Ud. pueda volver algún día, ojala cercano, a abrazar a los suyos, a sus hijos, que han crecido sin su presencia y sus caricias. Y ese día, esté segura, nos unirá anónimamente un cordón umbilical de amor por la vida, esa fuerza inexplicable por la que Ud. sigue viva y por la que yo sigo pensando que la barbarie no triunfará.

Abrazos de compatriota y padre.

jueves, 22 de noviembre de 2007

Dicen que...


Create Your Own Graffiti

EL TURBANTE DE PIEDAD

Le escuché decir al locuaz presidente de Venezuela Hugo Chaves, entre tantas sandeces que cotidianamente dice, que admiraba profundamente a la senadora Piedad Córdoba, nuestra negra Piedad, claro, porque ella dizque representaba a la mujer colombiana. O algo así.

No sé que tanto ella represente a la mujer de estos lados, pero si lo hace, de seguro no es por las pintas que usualmente utiliza. No conozco casi a ninguna mujer colombiana, salvo algunas disfrazadas para algún desfile de carnaval o para una descocada telenovela de época, que se vista siquiera con estilo similar.

Los largos batones que le cubren el pesado andamiaje corporal son únicos, no solo por su estilo seudoafricano, sino también por la estridencia de sus colores, que le hacen a uno presumir cierto deliberado interés en proclamarse afrodescendiente, como se les dice ahora a los que antes simplemente uno les decía negros y punto.

Pero, insisto, salvo Piedad, ninguna negra se viste normalmente así. Además, supongo, no son ropajes baratos, como para pensar que sean prendas autóctonas de las mayoritariamente empobrecidas negras colombianas. En fin.

Sin embargo, lo verdaderamente llamativo de la negra Piedad es lo que lleva en la cabeza, aparte de sus inflamables ideas: el infaltable turbante o rodete o como quiera que se llame el protuberante tocado que le completa su pinta neoafricana y con el que realza la militante negritud que le gusta ostentar.

Así, tengamos por caso, apareció vestida en la rueda de prensa que en pleno Paris dio en compañía de Hugo Chaves, en la cual nos dieron a conocer oficialmente lo que todos ya sabíamos suficientemente: que ellos, como las Farc, están dispuestos a rodar por medio mundo para decir ni mierda…

De todas formas, debió divertir bastante a los franceses esa vasta y exótica pareja tropical, especialmente por el traje obispal que lucía la negra Piedad, vestida de pies a cabeza con ropajes fucsias y turbante ídem, que relampagueaban como árbol de navidad por el flash de las cámaras y de las luces televisivas.

Viendo tales escenas se me ocurría que el turbante de Piedad, que como se sabe se pasea impertérrito entre las curules del capitolio bogotano, los campamentos guerrilleros y las alfombras palaciegas, podría ser la solución para que se desempantane, de una vez por todas, el manido intercambio humanitario.

Me explico: Si el turbante de Piedad fuese declarado por las partes beligerantes, digamos, como zona de distensión o de despeje, en el se podrían transportar, desde las esquivas pruebas de supervivencia de los cautivos hasta algún secuestrado acurrucado, incluso la misma Ingrid Betancourt.

Hasta Tirofijo, para evitar una matada ni la hijuemadre, se podría camuflar en el turbante y llegar prácticamente a cualquier parte del mundo. O Chaves, para brincarse a Álvaro Uribe, podría entrar a Colombia y llegar hasta el mismo campamento de la guerrilla a bordo de ese turbante que conoce tan bien tales lugares. O reunirse en el secretamente Uribe y Tirofijo, mientras la negra les prepara un encocado de jaiba, por ejemplo.

Las posibilidades son infinitas. El dichoso turbante podría ser la solución tan esperada y así la negra Piedad podría pasar a la historia, no solo por su afilada lengua y sus estrafalarias pintas, sino también porque en su cabeza se fraguó la paz colombiana.

Ahí queda la propuesta.

domingo, 11 de noviembre de 2007

EL CANTANTE

Y llegó, como llegan casi todas las cosas por estos lados, tarde, El Cantante, la pelicula de J Lo y Marc Anthony sobre la vida de Hector Lavoe. Y, claro, como ya lo imaginabamos, decepciona, y bastante, esta languida cinta, con un guión tan predecible y plano como las actuaciones de sus protagonistas.

Si quisiera describirla de algun modo diría que se trata mas de un largo videoclip de las canciones de Lavoe reencauchadas por Marc Anthony que de una verdadera obra cinematografica sobre la vida de ese extraordinario icono de la salsa que fue Hector Lavoe.

La pelicula discurre de principio a fin bajo el entendido de que la estrella a mirar es J Lo, en su papel de Puchi, una de las tantas mujeres que tuvo La Voz y que jamás tuvo en su vida la preponderancia que se ve en la pelicula, que actua, baila y narra a través del inevitable flash back el ciclo vital de Lavoe desde sus comienzos en Nueva York bajo el auspicio de Willie Colón y Johny Pacheco en los comienzos de la Fania, la pleyade que arrancó el fenómeno popular llamado salsa. Por eso, Marc Anthony-Hector Lavoe, el actor y el personaje, se ven desdibujados, girando sosamente como un satélite anodino en torno a la rutilante estela de la López.

Que Hector Lavoe fue un hombre conflictivo y autodestructivo; que en la cúspide de su carrera sucumbió en el naufragio trágico de la droga y de los fracasos y tragedias familiares; que nunca pudo recuperar su brillo después de su lamentable separación de Willie Colón... Todos son hechos conocidos que, inusitadamente, aparecen en esta pelicula como meros episodios marginales, sin verdadero dramatismo, sin la trascendencia discursiva que todos esperabamos.

Por tanto, despreciados inexplicablemente los hitos dramáticos mas relevantes, lo demas es un mero discurrir amorfo, sin fuerza ni sentido, al que solo lo salva, si acaso, la musica del cantante fallecido, con arreglos practicamente idénticos a los originales y con la voz de Marc Anthony, que por cuenta de la tecnología suena muy similar a la de Lavoe. Ah, y se rescata también la escena de un solitario Rubén Blades que toca con parsimonia en su guitarra los acordes primigenios de El Cantante, la canción insignia de Lavoe.

Nada memorable, nada interesante, El Cantante, a diferencia de su personaje, llegará y pasará sin pena ni gloria, en lamentable desperdicio de un filón dramático como fue la vida del Cantante de los Cantantes.

sábado, 10 de noviembre de 2007

CALAMBUCO

Calambuco, dice el escritor Umberto Valverde, es algo asi como el Transmilenio de los corteros de caña de azúcar. Pero tambien es el nombre de una novel orquesta caleña que nos sorprende con la paradoja de un nuevo-viejo sonido salsero.
Son musicos raizales de esta ciudad en su mayoría, con algunos bogotanos y chocoanos entremezclados, que se han empeñado en recuperar el tumbao frenético y poderoso de los setenta, el del concebido para el bailador, el del soneo potente, el de los cueros y los metales trepidantes.

Y las letras son también un tributo a los mensajes básicos del fenómeno salsero original: son las vivencias del barrio, de los amores, de los encuentros y desencuentros callejeros...

Calambuco es, en resumen, un renacer inesperado pero grato de la salsa añeja que añoramos todos los salseros, de esa que destila por las venas como un narcótico, que eriza la piel, que agita el espíritu, que invita a apretar una cintura y a lanzarse al torbellino de una pista de baile.

Bienvenido, entonces, Calambuco.

sábado, 3 de noviembre de 2007

LOS DESCHAVETADOS

No cabe duda: el humor latinoamericano, y el universal, por supuesto, se encuentran en franca renovación de la mano de una nueva pareja cómica que hace su irrupción triunfal desde la hermana y bolivariana republica de Venezuela.

Sí, señoras y señores, mas graciosos y divertidos que El Gordo y El Flaco, que Abott y Costello y que los Tres Chiflados juntos, llegan para nuestro deleite... ¡Hugo y Adan Chavez!, mas conocidos como Los Deschavetados, demostrando que para hacer humor del bueno no se necesita, no señores, ni media neurona, y que la falta de inteligencia es fuente inagotable para la risa.

Este es su primer video promocional (que no el ultimo) y se llama "Cuadrando el Reloj". Disfrutenlo.


KIKO Y LA "CHUSMA"

Esta semana un columnista de El Tiempo escribió algo asi como que la gente no vota por aquellos que amenazan con quitarles sus sueños. Lo cual podria interpretarse como que si a uno le prometen cosas que coinciden con lo que uno anhela, asi sean engaños, pues termina eligiendo al que lo engaña por encima del que le muestra la verdad de las cosas.

No sabría decir si en Cali sucedió algo asi, pero sospecho que detras del triunfo apoteosico de Jorge Ivan Ospina, hay algo de este curioso principio, reprobable pero cierto.

Y no es que Kiko Lloreda haya dicho muchas verdades, sino que, en mi concepto, centró buena parte de su campaña en lo malo de la situación de Cali mas que en lo que podría hacerse para mejorarla. Mientras Ospina mostraba una imagen romántica, con un corazon palpitante y una tierna mirada de redentor, Kiko aparecía como un severo Caton señalador de culpables.

Además, es indudable que en Cali no quieren a Kiko Lloreda. Bueno, no todos, porque algunos votamos por él. Pero en verdad Kiko no es un hombre carismatico y, además, le cuesta desprenderse de esa figura de niño rico que lo hace ver lejano y ajeno a la agobiante realidad de las clases populares que, todos sabemos, son las que ponen los votos defintivos.

Esto es injusto con Kiko, porque probablemente esa imagen no tiene que ver con su talante ni con su innegable preparación y experiencia como para ser alcalde de Cali, pero así son las cosas y, para su desgracia, seguramente este hecho no cambiará.

Otra cosa es la caja de Pandora que podría resultar siendo Ospina. Cierto tinte populista de su campaña y algunas malas compañías hacían recordar a veces las de John Maro y Apolinar Salcedo, y todos ya sabemos en que terminaron tales adefesios politicos. Pero esperamos, y lo digo con franqueza, que resulte siendo un buen alcalde, asi no haga sino la mitad de lo que prometió.

En eso, supongo, consiste la esperanza.

(La caricatura es de nuestro amigo Didier del blog Pasosfirmes)

lunes, 29 de octubre de 2007

"INVASORES" O LA DECEPCIÓN DE UN MAL FINAL


A pesar de tantos años transcurridos aun me estremecen las escenas alucinantes en las que Donald Shuterland, con su impasible rostro anglosajón, huye angustiosamente del complot de esos seres amorfos, humanos en apariencia, que lo persiguen por toda la ciudad para convertirlo en uno de ellos.

Era una vieja cinta de 1.978 que entre nosotros se conoció como Usurpadores de Cuerpos, segunda versión fílmica de la novela homónima de Jack Finney, que ha tenido varias adaptaciones al cine desde los años 60, casi una por década.

Ahora, de la mano del director Oliver Hirschbiegel y con el protagonismo de Nicole Kidman y Daniel Craig, el nuevo 007, nos llega este remake de la misma obra bajo el nombre de Invasores, ambientada en una ciudad de Washington actual y con algunas lamentables variaciones narrativas que, a decir verdad, nada bueno le aportan a la historia original.

La cinta cuenta que un virus extraterrestre llega a la Tierra y que vertiginosamente contagia a casi todos los habitantes de esa gran ciudad, convirtiéndolos en autómatas que se complotan para convertir a sus semejantes en sus pares por la vía del sueño, durante el cual se transforman en seres extraños y fríos, desprovistos de emociones y poseídos por el frenético objetivo de multiplicarse.

Es, claro, una historia sencilla, pero no por eso, desprovista del intenso suspenso que conlleva un complot de tal magnitud, con intensas persecuciones por calles y edificios atiborrados de infrahumanos, mientras la única persona que lucha contra ellos, la sicologa Carol Bernell, protagonizada por la Kidman, se debate entre la angustia de escapar al asedio, rescatar a su hijo de las huestes extraterrestres y encontrar el improbable antídoto del siniestro virus.

Sin embargo, esta versión carece de esa justa dosis de intriga, suspenso y dramatismo de la versión de Shuterland, pese al esfuerzo de sus protagonistas por darles vida creíble a los personajes de la trama. Invasores es una de esas películas que arrancan bien pero que se van diluyendo inexorablemente hasta la sosería de un final tan lamentable que queda uno con la frustración de que algo que pudo ser bueno fue echado a perder, principalmente por una insolita edición que destroza el guion a punta de tijeretazos, amén de diálogos explicativos que sobran y que desdeñan la inteligencia del espectador.

Se rescata la actuación decorosa de la Kidman y en algo la de su coprotagonista, que, sin embargo, parecen naufragar en la mediocridad de esta historia interesante pero muy mal contada, digna, por supuesto, de una mejor suerte.

sábado, 27 de octubre de 2007

ENTRE EL MIEDO Y LA ESPERANZA

El economista, ex ministro de Gaviria y recalcitrante neoliberal Rudolf Hommes escribió esta semana en su columna en El Tiempo, para significar el miedo bogotano a elegir un mal alcalde, que Bogotá se podría empezar a parecer a Cali.

Algunas piedras, no pocas, le llovieron aquí y allá. Allá, un indignado lector lo trató de “gordinflón atrevido”. Aquí, un conocido comentarista deportivo le dijo que era un “vergajo”. Y así.

A mí, en cambio, sin que Hommes sea santo de mi devoción y sin ser ni gordinflón ni vergajo, me parece acertadísimo el símil que usó. Y exageradísimas y algo hipócritas las reacciones en su contra, porque si hay algo en lo que los caleños nos distinguimos desde hace rato es en hablar mal, y bien mal, de la ciudad o de los vecinos o de los parientes o de los gobernantes (aunque a veces justificadamente, hay que admitirlo). O de cualquiera, al final de todo, pero hablamos mal.

Y, si no habláramos mal nosotros de nosotros mismos, de todas formas hablan mal de Cali los hechos, los tozudos hechos, que casi siempre vienen reflejados en las noticias diarias que nos muestran con desalentadora frecuencia como violentos o corruptos o traquetos o sicarios o cosa parecida. O, lo que es peor, como todo eso junto.

Así que alguien distinto a nosotros mismos nos ponga como referencia de lo malo o lo indigno de imitar, no tiene porque sorprendernos ni justificar que se rasgue alguien un milímetro de vestidura, a no ser que sea por quitarnos la exclusividad. Además, sabiendo lo que hemos vivido en Cali los últimos años y bajo los últimos gobiernos locales, que miedo que otras ciudades se contagien de lo mismo. Eso no se le desea a nadie, la verdad sea dicha.

Todo este asunto me hacia reflexionar que, entonces, lo que los caleños tenemos al frente este próximo domingo no es “una” jornada electoral más. No. Es “la” jornada electoral. Porque me parece, coincidiendo con casi todos con los que he hablado en estos últimos días, que hemos llegado, como ciudad y como comunidad, a un insostenible punto de inflexión. Y que otra eventual mala administración, o desastrosa como las dos o tres últimas, Dios no lo permita, no la aguantamos ni nosotros ni esta apaleada ciudad.

El sentimiento general en Cali, podríamos decir, se debate entre el miedo profundo a fracasar en la opción que elijamos y a que tengamos que decepcionarnos aun mas, si es que cabe mas decepción, con otro gobernante mediocre y/o corrupto como los que hemos padecido en los últimos diez o doce años, y la esperanza de que el próximo alcalde sea el que marque el derrotero para salir de esta sinsalida con la que convivimos a diario.

Es posible, claro, que la esperanza falle y que la decepción siga campeando. Algunos, no pocos, así lo aseguran, dadas las incidencias deplorables de esta campaña electoral. Entonces, en tal caso, las cosas seguirán igual, porque peor no pueden ponerse.

Por tanto, para mí, la esperanza es la mejor opción y el mejor sentimiento con el que uno puede ir a votar este domingo. De pronto, nuestro esperanzador voto, contagie de esperanza a los demás y esos a otros y así, como un virus inatajable, la esperanza se vuelva pandemia y a Cali, a la querida Cali, le renazcan las alas y remonte el vuelo que nos permita en adelante mirar al cielo y no, como hasta hoy, el vergonzoso y roto pavimento de las calles.

Por eso, cualquiera que sea su voto, por favor, vote con esperanza.
(La excelente caricatura que aparece en este post es de nuestro amigo Didier en su blog Pasosfirmes)
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jueves, 11 de octubre de 2007

¡LLEGÓ EL CUCA´S JUICE!

Parece que algunas cosas que escribimos en este blog, asi sean pura mamadera de gallo, terminan volviendose verdad.

Por eso hemos terminado escribiendo sobre lo mismo mas de una vez. Y asi sucederá con el siguiente caso: Según El Tiempo llegó a Colombia el temible Cuca´s Juice, el mismo que vaticinamos en este post que llegaría.

Y habrá, claro, quien lo compre.


miércoles, 10 de octubre de 2007

LAS GITANAS DE GIRÓN

Son dos. Las veo con claridad desde la ventanilla del carro antes de apearme, sentadas en el bordillo del parque sombreado que queda al frente de la catedral albeada y magnifica.

Me miran al unísono, con una mezcla de curiosidad y astucia en sus ojos negros. Las pañoletas de colores les enmarcan la cara envejecida y las largas polleras parecen flotar alrededor de sus cuerpos afilados. Sin embargo, la mirada oscura persiste sobre la estridencia cromática. Asemejan dos estrafalarias aves de rapiña saboreándose precozmente ante una posible presa.

Una de ellas, la más vieja, con deliberada lentitud me tiende una mano sarmentosa, invitándome. La otra sonríe levemente. Sus ojos, sin embargo, desdicen los gestos amistosos y, como no ven ninguna intención de acercamiento, sus rostros vuelven al rictus pétreo inicial. Me vuelvo invisible en su indiferencia.

Son las gitanas de Girón. Y representan con perfección, en ese pueblo blanco cargado de historia, el anacronismo viviente que es el pueblo gitano. Enclavadas en este nuevo milenio con sus viejas tradiciones de adivinación, de lectura de manos y cosas parecidas, parecen, no, mejor, son piezas de museo extrañamente vivas, impermeables al paso del tiempo y de la modernidad.

Las dos gitanas, ahora de pie, se acercan a alguien que, parqueado en un vehículo rojo, parece haber caído en la telaraña. Le sonríen y juntas se acercan a la ventanilla con las manos estiradas en un gesto que podría ser inocente. Un saludo simple tal vez. Pero no lo es. No buscan saludar al incauto, solo atraparlo y envolverlo, como dos arañas que parsimoniosamente han tejido una red invisible e infalible.

Luego, en algún momento, le toman con suavidad la mano izquierda. Es una mujer joven y bonita, que sonríe, mientras los rostros cetrinos parecen concentrarse en la palma de su mano. Murmuran algo, sonríen nuevamente y le dicen, sibilinamente, algo más. Una premonición, una vaticinio, cualquier cosa sobre su futuro. La mujer joven las mira seriamente. Y ellas ríen, otra vez al unísono, como seguramente reirían las arañas ante sus presas indefensas.

Me alejo despacio, caminando sobre los adoquines centenarios, con la sensación inquietante de ser una pieza de cacería que, inusitadamente y contra todo vaticinio, se escapó de una red tan antigua como el tiempo.

lunes, 1 de octubre de 2007

CRIMEN PERFECTO: EL GATO Y EL RATÓN

Se trata de un hombre viejo y rico con una esposa joven y hermosa. Se trata de una mujer infiel. Se trata de un amante obsesionado. Se trata de una formula formula inveterada e infalible, utilizada muchas veces para armar una película.

Y si al coctel le añadimos algunas variantes, por ejemplo, que el marido burlado es un hombre malignamente brillante. O que el amante es un detective de homicidios obsesionado por encerrar al marido asesino. Y que, además, hay un joven fiscal al que no le gusta perder y que se siente retado por el asesino. Entonces mezclamos los ingredientes y, ya, tenemos un juego retorcido de pruebas inextricables, armas refundidas y mucha, pero mucha, intriga.

Esa es Fractura, la nueva película de Anthony Hopkins (pesimamente titulada para nosotros con el manido rotulo de Crimen Perfecto), un entretenido thriller, que con mesurada fuerza narrativa, deliberadamente parsimonioso, discurre, no ya en la cacería policiaca del asesino, cuya culpabilidad e identidad se saltan el misterio y se nos ofrecen como elementos resueltos desde el principio del film, sino en las salas judiciales, a través de tensas escenas en las que el bisoño fiscal se ve arrinconado e impotente frente al magistral juego sicológico que le propone el asesino, camuflado detrás de su máscara de marido engañado.

No es una película particularmente notable. Ni siquiera plantea una forma narrativa novedosa o un guion fuera de lo común. Se trata más bien de una muestra clásica de una propuesta muy conocida del cine gringo, la del conflicto central, la misma que alguien definió elementalmente bajo el concepto de que es cuando alguien quiere algo y otro se opone a que lo obtenga. El asesino quiere matar y salirse con la suya; el fiscal no se lo quiere permitir. Sencillo.

Lo atractivo de esa cinta, entonces, radica en el enfoque: Un marido sagaz que planea una venganza genial contra quienes lo traicionan, es decir, su mujer y su amante, con el propósito adicional de lograr que el mismo sistema judicial lo exonere de toda culpa, pese a que todos, los protagonistas de la película y los espectadores sentados en las butacas, sabemos que es el asesino. Y, en el otro extremo del axioma, hay un fiscal displicente que decide, a riesgo de perder el jugoso futuro que se le ofrece, que no, que el asesino no se saldrá con la suya.

Crimen Perfecto es una interesante película, un inusual malabarismo narrativo, que se regodea en el juego del gato y el ratón, que le propone al espectador un singular enigma que arranca por el final de la pregunta obvia: ¿Quién la mató?, para centrar el misterio en otros puntos periféricos del homicidio y cambiar la pregunta central: ¿Cómo probar que el asesino realmente la mató? Así, el acertijo se vuelve más denso y solo puede vislumbrarse al final, muy al final, de esta cinta que agrada por su lenguaje parco y su suspenso in crescendo.

Las actuaciones son, en general, buenas, pero no tanto como para detenerse particularmente en esta característica. Sin embargo, es claro que Hopkins se quedó estancado, para ciertos roles, en la gestualidad de Aníbal Lecter y que quienes lo han dirigido en sus últimas cintas (en este film, Gregory Hoblit) ayudan al encasillamiento con con el manejo repetitivo de los mismos planos e iluminación facial de la ya clásica historia del asesino caníbal.

Es de todas formas una novedad dentro de lo obvio, lo cual, es ya suficiente merito.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

SU MAJESTAD, EL BLOGGER NACIONAL

Hace ya más de dos años escribimos, algo emberracados, lo admito, este post replicando algunos de los conceptos insultantes que un tal Felipe Restrepo, un desconocido columnista de Semana, escribió sobre los bloggers, es decir, sobre los que escribimos en esta vaina que se llama blog.

No repetiré por física pereza lo que escribió en dicha ocasión el tal Felipito (que ahora escribe insulserías en la revista Gatopardo; suerte loca que tienen algunos), ni lo que dijimos el suscrito y otros bloggers sobre el tema, pero ahí está el post para que se enteren.

Traigo a colación el asunto porque ahora resulta que a todos los medios escritos les ha dado por incluir en sus páginas virtuales un apéndice de blogs, que a mí solo me parecen columnas de opinión del montón más que blogs propiamente dichos.

Buenos, ellos están en su derecho. Lo que sorprende es el actual despliegue con que tratan el acápite de sus blogs, ninguno de los cuales, digo de paso, tengo por costumbre leer, porque me parecen ladrilludos y totalmente ajenos a la naturaleza espontanea y libre con que se inicio y se mantiene el tema blogueril a nivel mundial y, claro, nacional.

El caso es que, mas allá del citado despliegue, ahora resulta que la misma Semana, la misma que nos trataba tan maluco hace un tiempo, va a elegir al Blogger Nacional, asi con mayúscula y todo. Y hay ya como 15 o 16 candidatos en la pasarela.

Leí algunos, pero no pude con más de cinco o seis. Me parecieron sosos, muy del montón, sin nada interesante o novedoso como para aspirar a tan rimbombante titulo. Pero allí están y con seguridad uno de ellos resultará elegido el soberano nacional, el rey de los bloggers, el non plus ultra de la blogósfera nacional.

Lo que me pregunto es que carajos va a hacer el dichoso Blogger Nacional una vez elegido, tal como se elige entre nosotros la Reina del Pandeyuca o de la Panela o de cualquier otra cosa. ¿Desfilará acaso en tanga en favor de los desamparados, asistirá al Palacio de Nariño para almorzar con el alto gobierno, leerá a García Márquez y admirará al Papa y a Sor Teresa de Calcuta? ¿Todas las anteriores?

Quién sabe. Lo que si es seguro es que escribirá en Semana, en el rinconcito que desde ya le tienen reservado para que medre allí el nuevo soberano, el Blogger Nacional, el mismo que pontificará sobre todo y sobre todos, en el entendido que ahora para la citada revista un blogger ya no es el atorrante que escribe baboserías aquí y allá.

¡Loor, larga vida, al Blogger Nacional! Que reine por siempre… pero de lejitos, por favor.

lunes, 10 de septiembre de 2007

CALI HUELE A MUERTO

Cadaverina, dice mi viejo diccionario, es el hedor de los cadáveres. Y cadaverina, digo yo, es el aroma que hoy, y ayer, y todos estos días, se ha venido respirando en Cali.

Cuando uno piensa que una ciudad de casi tres millones de habitantes se encuentra poco mas que paralizada por once muertos, inundada de rumores de muerte, asediada de noticias necróticas, se cae en cuenta que los muertos, por ahora, importan más que los vivos.

Ningún tema parece distraer la mente colectiva: en cada esquina, en cada mesa de cafetería, en cada charla informal, se confluye, como ríos en un amargo mar, en el tema de los muertos, los que asesinó la guerrilla, los que lloraron sus familias, los que todos suplicaron de alguna forma que se les permitiera volver vivos.

Pero no volvieron. No vivos, por lo menos. Volvieron en bolsas plásticas, encerrados en el interior de raudas ambulancias de cruces rojas, ajenos en su frialdad de muerte a los ojos ávidos que siguieron su regreso con la mudez de la impotencia y la desesperanza.

Y como no sobrevivieron a la esperanza, entonces el homenaje espontáneo y popular, el único que cabe, es hablar de ellos, de los once muertos, de los arrebatados por la salvaje guerra ajena que se libra allende los límites del horizonte citadino y que, de vez en cuando, se mete con nosotros.

Por eso, precisamente, es que ahora, hoy, Cali huele a muerto, a cadaverina, a lágrimas abiertas o furtivas, a dientes apretados, a puños rabiosamente cerrados. Es una ciudad cercada por un intangible sudario de rumores, de palabras sibilinas, de lamentos apagados.

Fueron once muertos, pero la infamia de su muerte parece habernos matado un poquito a todos.

Si, definitivamente, Cali huele a muerto…

sábado, 8 de septiembre de 2007

UN ASESINO ESCURRIDIZO

El mal, ese eterno y oscuro rasgo de la humanidad, será siempre tema novedoso y atractivo para una película, buena o mala, pero siempre atrayente.

Y el mal, que podríamos definir como ese daño excesivo, injustificado e irracional que un ser humano le causa a otro, será la cúspide argumental de una buena película policiaca, en la cual por línea general el bien se contrapone, a través de la justicia, al perpetrador de la maldad. Suena excesivamente sencillo, pero eso es el elemento básico e indispensable de un buen thriller.

Puede ser que este viejo tema este tan manido que a veces parece agotado. Sin embargo, a veces llegan cintas como
Zodiaco que nos logran sorprender gratamente con un enfoque distinto, que en este caso utiliza la confrontación mental entre el perseguidor y el asesino como aspecto cohesionador de una intrigante investigación policiaca que, lejos del argumento apretujado en el tiempo de muchas películas de este género, se extiende en un línea de tiempo de décadas entre dos hitos relevantes: el primer asesinato y la confrontación cara a cara entre el improvisado detective y el sicópata.

La historia real es la siguiente: En octubre de 1.966 un extraño e inasible asesino ataca a una joven universitaria en San Francisco y durante varios meses repite los ataques con escalofriante sangre fría (la escena del acuchillamiento de un pareja a la orilla de un plácido lago impacta de verdad), dejando varios cadáveres y algunos aterrados sobrevivientes.

Lo extraordinario, más allá de los mismos asesinatos, es el reto que el asesino le plantea a sus perseguidores (excelente papel de Mark Ruffalo como el azorado detective que inicia la investigación) mediante acertijos y cartas esporádicas con las que crea a su alrededor un aura enigmática e impenetrable que desconcierta a los investigadores y que, por ende, hace fracasar una y otra vez la investigación policial.

Solo un periodista alcoholizado (Robert Downey Jr.), un policía tenaz (Mark Ruffalo) y un joven caricaturista (Jake Gyllenhaal) obsesionado con el tema del asesino del Zodiaco logran combinar esfuerzos en una investigación que parece perderse en los vericuetos del tiempo y en el seguimiento de pistas improbables y laberínticas.

Es una subyugante confrontación entre la mente del mal y la del cazador, la primera, escondida en las tinieblas de una personalidad fría y tristemente brillante, la segunda, pugnaz y obsesiva que persiste en desenmarañar el misterio de un asesino sin modus operandi y con altibajos impensados en su larga estela de crímenes.

Esta es, sin duda, una buena película, que probablemente decepcionará al espectador que acuda a ver ríos de sangre, persecuciones frenéticas y asesinos desbordantes de maldad. Es una película sobria, que se deleita en el suspenso intimista de sus protagonistas y se centra en contar con buen ritmo la historia sorprendente de este singular asesino.

Lo que si encontrará de seguro es una tensión magistralmente dispersa en los tiempos de la historia narrada y un final que, sin sorprender a la manera de un sobresalto, parece plantear que, efectivamente, "el hombre es el animal más peligroso que existe".

sábado, 1 de septiembre de 2007

"ALGO HUELE MAL" EN EL CINE NACIONAL

Algo muy, pero muy malo debe estar pasando con nuestro cine si un bodrio como “Esto huele mal”, dirigida por Jorge Ali Triana, puede llegar a tener el cartel que por estos días se le da.

Hasta Semana, que en nuestro medio tiene lo que podría aproximarse a una crítica de cine, le da un insólito
“aceptable”, que para este solemne ladrillo equivale a un Oscar.

Es claro que el cine nacional ha cobrado una especie de segundo aire, como en su tiempo lo tuvieron el futbol y las telenovelas. Se trata de uno de esos booms (se escribe así?) sorpresivos que cambia cierto orden de cosas de la noche a la mañana y pone en la palestra algo o alguien que antes, ni en sueños, pudo aspirar a tener algún despliegue relevante.

Pero, la pregunta es: Esto es bueno o malo? Para responder tocará volver a los ejemplos citados. El futbol, con el que alguna vez se aspiró dizque a ganar un Mundial, ahora anda de capa caída; las telenovelas, se hundieron en la mediocridad y la ramplonería de las novelas mexicanas, a cuenta de adquirir cierto status internacional que terminó matando el espíritu dramático característico que las hizo precisamente notables en el mundo entero.

Me temo, entonces, que con el cine va a suceder algo similar. De las películas nacionales que he visto en el último año no logré ver siquiera una cinta medianamente buena, incluyendo Satanás, la mejorcita de todas.

Los defectos técnicos, la edición desastrosa, los guiones incoherentes y sosos, las puestas en escena acartonadas y repetitivas, las actuaciones al filo de la mediocridad y sigue un largo etcétera, continúan igual o, como en caso de Esto huele mal, superándose en lo malo. La incursión en el llamado cine nacional del Canal RCN contribuirá, sin duda, a que peliculitas como la mencionada sigan llegando en avalancha a nuestra paupérrima cartelera.

En Esto huele mal se conjugan con maestría todos los defectos antes mencionados, y ni siquiera el empelotamiento de una tal Valerie Domínguez y de otras modelitos mas, todas de la nomina de RCN, supongo, la salva. Lo dicho: un bodrio total.

Por eso, estoy de acuerdo con
este blogger, que se enlista dentro de los estafados por esta película. Solo que yo vengo siendo estafado desde hace mucho rato por el cine nacional, en el afán de ver una, aunque sea una, película aceptable.

Seguiré esperando.

martes, 28 de agosto de 2007

UNA FAMILIA POR CIEN MILLONES DE PESOS

Me sorprendió, debo admitirlo. Y no es poca cosa admitir que en esta época y en este país uno se sorprenda realmente de algo. Pero fue así, cuando vi este video que, por razones extrañas, resultó linkeado con este blog.

Y si yo me sorprendí, -y además quedé con una dolorosa sensación de vergüenza y dolor ajeno, no por el cínico que, sorbiendo agua de a poquitos intentaba tragarse su culpa, sino por las dos personas que a nombre de su familia lo acompañaban-, no quiero ni imaginarme lo que sintieron su hermano y, sobre todo, su esposa.

Ella parecía aplastada por cada respuesta. Su mirada se vaciaba a cada segundo y su gesto crispado lo decía todo: La verdad, la que el personaje sentado unos metros adelante iba soltando con letales dosis, la humillaba tanto que su boca parecía sellada por la angustia de lo imprevisto, por la impotencia ante lo sorprendente…

Mientras tanto, en la medida en que el personaje de marras se acercaba al premio mayor de los cien millones, la galería cautiva lo avivaba. Y cuando vaciló ante la posibilidad de pasar a una verdad cada vez más hiriente para él y para los suyos, entonces se levantaron a ovacionarlo como a un torero ante una faena mayor. El hombre claudicó y la verdad, esa clase de verdad, la patrocinada por
un canal de televisión enceguecido por el rating, volvió a la pantalla ante los ojos vidriosos de ella, de la esposa, sentada impotente en la oscuridad del plató.

Que era gay o homosexual, de esos de closet ya tan escasos, que se acostaba con su mejor amigo y que, a despecho de comprarle una casa a su familia, prefirió darle el dinero al amante para que comprara apartamento, todo confesado en vivo y en directo, ya poca cosa parece ahora porque, como dijo el impecable animador, “es un valiente”. La sonrisa forzada así parecía demostrarlo.

Sin embargo, detrás del botín, los jirones de una vida y de una familia quedaron esparcidos por el lustroso e iluminado piso del estudio. Aun los que lo aplaudieron rabiosamente al final debieron advertirlo: Esa vida llegaba hasta allí, trocada en un insólito canje por la suma millonaria que la pantalla anunciaba. Cien millones de pesos que parecen poco precio por las lágrimas de humillación pública de la esposa que se acurrucaba en su silla, incapaz de otra reacción.

Por qué decidió ir o por qué su desalmado marido la invitó a ese aquelarre de verdades absurdas, no se sabe ni se sabrá nunca. Lo que si se supo fue el final entre los dos cuando le dijo lapidariamente al cínico que se paró frente a ella esperando, tal vez, un rápido perdón ante las cámaras: De aquí en adelante su familia son esos cien millones de pesos.

Gracias, Canal Caracol, por otra vida deshecha. El infierno del rating será su condena por siempre jamás.

viernes, 17 de agosto de 2007

LA "ASTUCIA" DE CHUPETA

Habrá algo que no se haya dicho ya sobre Juan Carlos Ramírez Abadía, alias Chupeta, que no se haya dicho ya a raíz de su captura en Brasil? No lo creo.

Sin embargo, queremos aquí decir algo más. Y empezaría por preguntar algo que se le atraganta a uno: De dónde sale eso de la proverbial astucia (y hasta inteligencia, le dicen) que se le atribuye a nuestros narcos? Porque hay que ver a los policías de aquí, de allá y de acullá, pintándolos casi como seres inasibles, imposibles de detectar, gracias a, sí, como no, su astucia infinita, su malicia indígena, su inteligencia malévola, etc.

Pues, uno entiende a la policía. Alguna excusa tienen que tener para justificar la millonada que se gastan los países en la persecución de años de estos siniestros personajes, para resultar siendo capturados por un policía de tránsito o por culpa de una cirugía plástica tan horrorosa que los hace sospechosos a una simple mirada.

Porque, volviendo al caso Chupeta, no se cree uno ni una coma de la versión policial oficial. Eso de un seguimiento de dos años y que una cosa y la otra es pura carreta. Lo que delató al capo de marras es lo que todos sabemos que los delata: Su inmensa capacidad para la lobería y la fantochada que acarrean tantos millones de dólares acumulados en el negocio rápido de la droga.

Cómo puede decirse de un tipo que es astuto cuando se hace una cirugía facial espantosa que lo dejó con una pinta de travesti en quiebra. Y que además, para hacerse más notorio, se va a vivir a una casa lujosísima de un sector exclusivo de Sao Paulo, con una modelo como mujer, sector en el cual un colombiano con una pinta tan maluca debe chillar como un moco en una corbata.

El tal Chupeta fue a hacer a Brasil lo que hacía en Cali hace varios años: vivir a lo desaforado, rodeado de lujos imposibles y de mujeres llamativas. La diferencia resulta en el hecho de aquí en Cali los policías de esa época (y los de ahora también, según las ultimas noticias) eran ciegos, sordos y mudos, por causa de un raro y difundido virus asociado a los billetes verdes que circulaban profusamente. Allá, en Brasil, probablemente el virus no alcanzó a afectar a todos.

Pero, sospecha uno que lo que realmente sucedió fue que a Chupeta lo delató, no una exhaustiva investigación, sino alguna vecina ventanera que decidió, con buena lógica, que un tipo tan feo, tan lobo y tan rico no podía ser nada bueno.

Lo demás, dejémoselos a los policías, que de algún cuento tienen que vivir.

jueves, 16 de agosto de 2007

POLO Y LA MIERDA DE PERRO

Les pregunto: Habrá alguien que, por lo menos una vez en la vida, no haya pisado mierda de perro? Y que haya sufrido, además del molesto embadurnamiento, la persecución del fatal olor que parece subir desde los zapatos hasta cubrir casi toda la humanidad del doliente?

Ah, y que adicionalmente, el dichoso olor y hasta restos de la execrable materia fecal canina lo persiga en todo lugar al que vaya, atrayendo las miradas sospechosas de los demás y sin que valgan sacudidas, lavadas, limpiadas y demás recursos urgentes para liberarse de semejante molestia…

Bueno, creo que me han entendido el concepto. Porque lo que quiero decir en verdad es que el ex alcalde Polo se ha convertido para Cali en una gran plasta de mierda en el zapato.

No parece existir manera alguna de zafarse de él y de su nefasta gestión. Ni siquiera un fallo fulminante de destitución de la Procuraduría, ni las últimas encuestas que le daban una imagen desfavorable de poco más del 95% entre los caleños. Nada parece valer, porque el dichoso personaje amenaza nuevamente con volver.

Que habremos hecho tan malo como para ganarnos el azote perenne de este señor? Porque si la enjundia y la eficiencia que Polo muestra ahora para buscar el retorno a la Alcaldía por la vía judicial la hubiese tenido, siquiera al 50%, para su gestión como alcalde a lo mejor la historia tendría otra cara. Pero que va.

Ahora, como una siniestra y enorme espada de Damocles, pende sobre la ciudad un
nuevo fallo judicial que podría concederle a Polo – y a su camarilla, por supuesto- su anhelado retorno al pillaje y al desmedro de las arcas municipales. Solo basta mirar en lo que han quedado los recursos de la municipalidad para entender la debacle que sería el retorno de Polo.

Lo que si se es que desde que conocí la noticia el dichoso olorcito me sigue a todas partes, como seguramente persigue a todos los que nos ha tocado en suerte vivir en la misma ciudad de donde alguna vez, por desgracia, Polo fue alcalde.

¡Perra suerte!

domingo, 12 de agosto de 2007

MONCAYO Y LA INUTILIDAD

Si de alguna cosa podemos estar seguros por estos días es de la absoluta inutilidad del gesto del caminante Moncayo, conocido como El Profesor, y cuya imagen nadie puede reclamar como desconocida porque fue usada y abusada por los medios hasta el cansancio.

Y tal vez ese abuso mediático es el que refleja con mas claridad la aludida inutilidad. Ahora, pasada la euforia y culminado el gesto de caminar miles de kilómetros desde su lejano pueblo natal hasta Bogotá, lo que hace y deja de hacer el profesor Moncayo pasó de la primera plana al último lugar de los espacios televisivos, culpables cien por ciento de la saturación “moncayista” que todos ahora padecemos.

Qué obtuvo Moncayo y, a través de él, los secuestrados por las Farc y, de paso, todos nosotros? Nada. Ni siquiera una respuesta directa de la guerrilla sobre el tema. Y del gobierno solo se logró la reproducción en la plaza de Bolívar, en horario triple A, de otro consejo comunal más, con el ingrediente del show nacional e internacional por cuenta de los medios. Nada más.

Se anuncia que Moncayo se va para Europa. Que bueno por él, pero que inútil se volverá aun mas su gesta, cuando si de algo estamos cansados es de que en tierras lejanas se discuta tanto sobre nuestra problemática y que al final nada se logre, mas allá de comunicados, palabras y gestos huecos e inútiles.

A uno le da la sensación con todo esto es que nadie sabe qué hacer ahora con Moncayo. Ni siquiera el mismo Moncayo, que luce errático, despistado y, subiendo a Monserrate con los ojos cerrados, gesto por demás el más inútil de todos, convirtiéndose cada vez más en un personajillo folclórico y pintoresco, como tantos que hay. Pero nada más.

Y toda la situación duele, en el fondo, porque todos queremos, anhelamos, necesitamos un gesto definitivo que inicie el proceso real de parar este desangre diario que es la guerra colombiana, negada por algunos, padecida por casi todos. Duele, porque al desinflarse con Moncayo otra posibilidad, la sensación de inutilidad y de impotencia colectiva aumenta, lo cual nos vuelve a dejar como al principio: Decepcionados.

O tal vez peor

sábado, 4 de agosto de 2007

ESTO ES ... ¿VERDAD?

A propósito del dichoso programita del Canal Caracol...


¡LA GENERACIÓN INVISIBLE SE TOMA EL PUENTE!


Digamos que hace 188 años alguien se tomó un puente. Bueno, en realidad era todo un ejército, según dicen, que luchaba contra otro. Y como la toma de ese puente practicamente selló la libertad nacional, muchos sospechan que de allí nos viene el gusto patriotico por tomarnos cuanto puente se nos atraviese.

De la pretérita toma de ese puente en la lejana Boyacá también se dice que lo hicieron soldados armados de carabina y bayoneta. La leyenda agrega que ni siquiera eso tenían las famélicas tropas patriotas. En todo caso, algún arma debieron haber esgrimido para poner al enemigo español en fuga.

Ahora, 188 años después, la Generación Invisible arremete nuevamente. Las armas: el teclado y el mouse. Y un tinto ocasional para despabilar la cabeza. No hay duda: En la mitad del largo puente, desde este 6 de agosto, una nueva batalla de ideas y palabras, como una anterior que resultó en victoria, comienza...

Será una batalla de conquista, una larga cabalgata contra molinos de viento y cosas así, en el vasto campo de la blogosfera. Relinchan los caballos, suenan las plumas como espadas, se entierra la mirada en el frente, se aprietan lo dientes...

Nos espera, por supuesto, una lucha larga. De eso no hay duda, pero el puente está allí, a la vista. Y, claro, desde ya están todos y todas invitadas a este nuevo desafío.

martes, 31 de julio de 2007

LAS LAGRIMAS DE FABIOLITA

Todos la vimos llorar desconsoladamente, una y otra vez, durante muchos días. Todos la oímos hasta el cansancio contar sobre su dolor con gesto estoico y resignado. Todos visitamos virtualmente su casa, en donde, por razones que nadie supo, se aglutinó todo el poder mediático y político para transmitirnos en vivo en directo, como nos gusta a todos, la pesadumbre de la muerte infame de los ex diputados secuestrados y asesinados por las Farc.

Todos supimos que era la esposa o compañera de uno de ellos y que además, por su vena política, que se adivina con solo oírla hablar, se había convertido en la vocera inamovible de las familias de los plagiados.

Ella encarnaba la imagen perfecta de la viudez que deja por doquier la violencia desaforada desde hace décadas en este país. Todos reverenciamos esa imagen, nos solidarizamos automáticamente con ella y le creímos cuando, con gesto desvalido y triste, repetía que no tenía más fuerzas que para llorar su pérdida y que ninguna otra cosa deseaba.

Por eso, con la misma sorpresa que parecen haber encajado muchos de los lectores de
El Tiempo esta mañana –yo incluido- supimos que Fabiola Perdomo, la viuda lánguida de hace unos días, se prepara para lanzar su aguerrida candidatura a la Gobernación del Valle del Cauca, para lo cual, amén de su imagen fresca en la mente de todo el país (y del mundo, aunque esos votos no cuenten), anda esperando los resultados de una encuesta que le diga si tiene chance o no en la contienda electoral que se avecina.

Yo francamente me declaro sorprendido, como ya dije, y hasta un poco burlado. No porque Fabiolita no pueda lanzarse para gobernadora, ni mas faltaba (después de Apolinar Salcedo alcalde estoy convencido que político con éxito cualquier pelafustán puede serlo), ni porque sea ajena al mundo político y hasta al politiquero, pues es concejal desde hace varios años y pelechó sin tapujos burocráticamente durante la alcaldía del malhadado Polo. No es por eso, es por otra cosa.

Es que en esta candidatura hay cierto tufillo a oportunismo, a manipulación del sentimiento de solidaridad que despiertan las lágrimas y las grandes tragedias. O qué otro mérito tiene Fabiolita? O, para decirlo más claramente, qué tiene que ver su condición de viuda trágica con la gobernación del Valle?

Probablemente se lance y, en este absurdo mundo que es la política de estos lares, probablemente resulte elegida como el gallo tapado que todos quieren jugar contra Juan Carlos Abadía, el niñato imberbe que también quiere ser gobernador.

Sin embargo, sorprende y decepciona que todo ese dolor tan profusamente demostrado ante las cámaras por Fabiolita, sea ahora sospechosamente utilizado en un papel tan impensado para una mujer que unos pocos días atrás no quería más en la vida que llorar a su marido muerto.

Lagrimas por votos: Buen intercambio!

miércoles, 25 de julio de 2007

CURAS INCURABLES

Por estas fechas hace un año escribíamos en este post acerca de la proclividad de algunos curas a ser pederastas y cacorros y la de sus superiores a la alcahueteria y al tapen tapen.

Ahora, la tozuda realidad nos enrostra que tales conceptos eran, son y seguirán siendo ciertos dentro del clero colombiano. Contra la tendencia en otros paises, en los que el mea culpa fue la unica salida para enfrentar de verdad esta oscura realidad, aqui el tema sigue enmarañado bajo los argumentos simplones y cómplices de los ensotanados encargados de juzgar a sus colegas pederastas.

Ofende, por demas, el argumento de querer convertir a un tipo siniestro como el padre Rozo, confeso violador de su propio sobrino y de no se sabe cuantos niños mas, en inocente solo por el hecho de que ni la justicia ordinaria ni la eclesiastica lo pueden juzgar porque el transcurso del tiempo agotó esa posibilidad.

Una cosa es ser un culpable exonerado por cuenta de una norma procesal y otra muy distinta ser inocente. Esto, sin embargo, no lo entienden o no lo quieren entender los encargados de juzgar este tipo de casos dentro de la Iglesia Catolica colombiana, que seguramente por el ya mentado espiritu de cuerpo cobijan a sus ovejas mas descarriadas con el vergonzoso ropaje de la inocencia por decreto.

De todas formas queda para ellos, y para quienes los emulan y secundan, la justicia mas infalibe y segura de todas: la divina, encarnada en parte en el versículo del evangelio de Lucas, que asegura que a aquellos que escandalizan y violentan niños mas les valdría amarrarse una piedra de molino al cuello y arrojarse al mar.

Solo se lamentaría uno de la inmensa contaminación que generaría para los oceanos del mundo tanto ensotanado flotando en sus profundidades.

domingo, 22 de julio de 2007

MITO AMENAZADO

Mito es una palabra raída por el uso, desdibujada por el abuso. Con ella, hoy por hoy, se califica casi cualquier cosa: un futbolista con destellos de grande, un cantante de un solo éxito, un político cuyo único merito es estar muerto… Todo, lo eximio y lo mediocre, parece caber en ella.

Por eso cuesta un tanto usarla para decir algo sobre Héctor Lavoe, El Cantante de los Cantantes, La Voz, muerto hace ya casi catorce años y vivo cada día por cuenta de su discografía, que siempre parece fresca y vibrante a pesar de los años que le caen incesantemente encima.

Pero habrá que usarla, a falta de una mejor palabra, para decir que si hay forma más eficaz para acabar con un mito será siempre la de intentar imitarlo o revivirlo (cualquiera de las dos posibilidades o las dos a la vez) de cualquier manera. De allí que tantos, después de Pelé o de Maradona, por poner un ejemplo, hayan sido inflados como sucesores para caer después aplastados por el olvido de un imaginario colectivo que, a pesar de los afanosos y desaforados intentos mediáticos, logra detectar el engaño y la falsa promesa del mito revivido.

Parece entonces que le ha llegado el turno a Héctor Lavoe, pues amenaza Hollywood con traerlo a la vida en la pantalla grande, encarnado por el huesudo Marc Anthony quien, acompañado de su esposa J Lo, la del notable y millonario trasero, se atreve a darle aliento artificial a la historia extraordinaria y trágica del legendario (por no decir mítico) cantante de La Fania.

Ya se había intentado en vida de Lavoe revivirlo. La codicia y la falta de escrúpulos de sus managers lo obligaron a recorrer en sus últimos días, como un fantasma, minusválido y balbuceante, varios escenarios antes de que falleciera. Duele ver esas imágenes, de allí que algunos prefieran más a su fantasma que sus últimas fotografías.

Podrá Marc Anthony transmitirnos, a la vez, la fuerza de las canciones y el desenfreno vital de Lavoe? Logrará superar el punto de la simple imitación de su voz y de su figura o podrá, con facultades histriónicas que nadie le conoce, personificar a una figura tan reconocida y amada en Latinoamérica? O es un simple truco publicitario para vendernos el reencauche de las canciones de El Cantante?

Tocará esperar a ver la película, cuyo estreno mundial se anuncia para agosto de este año. Pero anticiparía aquí que no sería bueno hacerse muchas ilusiones, ni por la actuación del matrimonio Anthony-López, ni por un tono especial y auténtico en la interpretación de las canciones de Lavoe que, a juzgar por el CD promocional, tiene algunos temas afortunados (se destacan El Cantante, Aguanile y Todo tiene su final), pero lejanos, muy lejanos, de la calidad interpretativa y el sello personal de ese mito, si, mito, llamado Héctor Lavoe.




Trailer promocional de la pelicula El Cantante:






jueves, 10 de mayo de 2007

LA BUENA Y LA MALA

La situación de Cali con la reciente destitución definitiva del alcalde Polo se parece dolorosamente a la del chiste viejo aquel de “te tengo dos noticias: una buena y una mala…”.

La buena, sin duda, es que al fin, después de varios fallidos intentos de sacar al deplorable alcalde que teníamos, se dio la cosa por la inesperada vía de una sanción disciplinaria que nadie esperaba siendo que recientemente la Fiscalía lo había absuelto de toda culpa penal.

Tarde, claro, se vino a dar esta salida a sombrerazos del que, con creces, resultó siendo el peor mandatario de la historia caleña. Y no lo decimos solo nosotros, sino también la constante opinión de la gente en las calles y las dicientes encuestas que periódicamente mostraban el deterioro justificado de la imagen de Apolinar Salcedo. Tarde, insistimos, porque ya el daño está hecho.

Este “negro, ciego y pobre”, como gustaba Polo de autocalificarse en ejercicio de su populismo ramplón, no solo demostró una gran ineptitud administrativa, rayana en la indolencia pura, sino que además les entregó impúdicamente el manejo de la cosa pública a los peores ejemplares de la fauna política local. Y ellos, por cierto, no desaprovecharon la ocasión de saquear lo que pudieron de forma tan descarada que algunos ahora permanecen encerrados por cuenta de sus excesos y corruptelas. Ni siquiera robar lo pudieron hacer bien.

Sin embargo, no hay dicha completa. De ahí la mala noticia, porque ahora se rumora que en reemplazo de Polo sería nombrado el señor Miguel Yusti, su secretario de Gobierno, quizás el más nefasto representante de la mediocridad y la corrupción que se podía encontrar en el malhadado gobierno saliente. Ojala, por el bien de esta ciudad, todo sea mero rumor.

Pero si no y sale verdad, será entonces una renovada pesadilla de seis meses. Y aunque parezca exagerado, seguramente la ciudad no aguantará tanto desbarate adicional.

Bueno, aunque, pensándolo bien, probablemente sí, en cuyo caso hay una noticia buena y una mala.

Cual quieren oír primero?

sábado, 24 de marzo de 2007

APOCALYPTO: LA PARABOLA DEL MIEDO


En una selva perdida de la Centroamérica prehispánica el joven aborigen Garra Jaguar recibe dos inesperadas lecciones: Una, la del miedo que atenaza el corazón de un hombre fugitivo y la otra, de los labios de su padre que le dice que el miedo es una enfermedad contagiosa porque contamina la paz de cada uno.

Por eso Apocapypto, la nueva película de Mel Gibson, se puede describir como una especie de canto épico a la lucha contra el miedo, ese temor ancestral y atávico que corroe el alma de los hombres y los pueblos y que los obliga, o a huir en desbandada para terminar al final perdiéndolo todo, o a enfrentar al peligro y a la misma muerte como único y desesperado remedio.

Tal vez por eso mismo es una cinta angustiosa y sangrienta, que trepida a través de una cámara vibrante cuyo lente frenético nos sumerge en el vértigo de la historia de este hombre elemental y de su pequeño pueblo sojuzgado violentamente, mientras nos sacude con la ya habitual dosis de sangre de la que Mel Gibson, como viene sucediendo con su reciente filmografía (Corazón Valiente, La Pasión de Cristo) se sirve como pluma y como lienzo.

Pero Apocapypto tiene ingredientes novedosos que la tornan, a su vez, en lirica denuncia: La barbarie es el síntoma más claro de la decrepitud de una sociedad y la historia nos lo recuerda con frecuencia. De allí que a partir de una bucólica escena de caza en lo profundo de una exuberante selva americana este filme nos conduce sin pausa, cortando el aliento, a la sinrazón de la brutalidad de la esclavitud, la humillación y la muerte en el marco de una ciudad imperial en cuyos extramuros se ven hileras de fantasmas cubiertos de sílice y de ignominia, desiertos desolados, cadáveres apilados, y en su interior, una alta y ensangrentada pirámide de la cual caen cuerpos y cabezas que es, a la vez, símbolo de la mezcla irracional de fanatismo y decadencia moral.

Apocapypto conmociona, de eso no hay duda. Es más, está diseñada para eso. Los recursos narrativos –por ejemplo, los actores son todos naturales y los diálogos transcurren en su totalidad en dialecto indígena- tienen esa intención, además de un subyacente discurso indigenista y ecológico. De esta forma Gibson pretende mostrarnos sin rodeos que el miedo nos acecha y nos atrapa, no importa cuán seguros nos sintamos.

Y que, además, tiene muchas caras: La de un invasor que rabiosamente nos ataca una mañana cualquiera, la de un niño impotente que llora su súbito abandono, la de una fiera que quiere devorarnos en medio de una fuga desesperada o la de un asesino desalmado que esgrime un agudo cuchillo para extirparnos el corazón. Así que el miedo es omnipresente y a veces, parece invencible. Esta película nos muestra sin ambages esa realidad.


Pero también al final de esta excelente parábola visual se nos enseña, con deliberado discurso de imágenes, que toda pesadilla acaba y que el miedo, si lo enfrentamos, nos da un respiro y la posibilidad de un nuevo comienzo.


Así la pesadilla siguiente, claro, amenace con ser peor.

viernes, 9 de marzo de 2007

ESCENAS CARCELARIAS

La cárcel es un cementerio de hombre vivos.
GRUPO NICHE

Ciertos lugares tienen olores tan característicos que hasta con los ojos vendados uno podría saber donde está. Por ejemplo, un intenso olor a flores en descomposición nos puede ubicar mentalmente en un cementerio; o el del formol concentrado nos traslada a una morgue, y así sucesivamente.

Sin embargo, para mí uno de los olores más fuertes, del cual me cuesta a veces desprenderme, es el de una cárcel. Cada vez que visito una por cuenta de mi profesión no puedo evitar percibir olfativamente esa extraña mezcla de sudor, comida rancia y angustia humana que se desparrama por puertas y paredes y penetra la ropa, la piel y los poros hasta casi asfixiarte.

Debería estar acostumbrado después de tantos años de entrar y salir de cárceles, penitencierias, pabellones de seguridad, estaciones de policía y cuanto cuchitril acondiciona el Estado para apresar gente. Pero no. No he podido acostumbrarme y sospecho que nunca lo haré. Mejor así.

Pero esta semana, más exactamente el miércoles, el olor carcelario se fundió con dos escenas patibularias que pude ver en la Cárcel Villahermosa de Cali y que de verdad me sacudieron, preciso cuando había llegado a pensar que a estas alturas nada que viera allí me conmovería.

La primera fue una carroza funeraria, pintada de un gris arratonado y con un letrero en letras blancas góticas que decía “La Paz”. Parqueada al frente de la puerta de ingreso a los patios de reclusión, contenía un ataúd nuevo que esperaba a su ocupante definitivo, mientras recostados contra su puerta trasera una mujer madura y un niño de cinco o seis años lloraban abrazados.

La segunda la vi al salir por la misma puerta, casi una hora después: Un hombre herido, tendido en una camilla rodante de hospital, era entrado precipitadamente. Al pasar a mi lado pude ver que tenía una herida vendada a lo largo del cuello. Estaba vivo, claro, pero su mirada fija y vidriosa decía lo contrario.

El guardia que reseñaba mi salida me contó con tono impersonal: “Ese, el de la camilla, fue el hijueputa que degolló a la mujer el domingo pasado y después se quiso matar él, pero no pudo. Solo le faltaban ocho meses para salir. Ahora no saldrá de aquí sino como salió el del ataúd…”.

Afuera, en la puerta de ingreso a la cárcel, una mujer le limpia a uno por quinientos o mil pesos, con una mezcla casera de varsol y alcohol antiséptico, los rastros de tinta de los dedos y los sellos de control de manos y brazos. Quedan inmaculados.

Pero ese día hubiese pagado lo que fuera por algo que le limpiara a uno el alma.

jueves, 8 de marzo de 2007

PLATA EN POLVO

Debe haber alguna especie de maldición en el hecho de que en una ciudad tan desplatada como esta se descubran millones y millones de dólares que resultan inasibles para todos los caleños porque, primero, estaban enterrados o herméticamente guardados en caletas secretas y, segundo, porque una vez descubiertos son devorados por las entrañas voraces de la burocracia oficial hasta quien sabe cuando.

Pero si esto fuese poco tenemos que en la afueras de Cali, que sigue desplatada pese a la caletas de marras, un gracioso decidió vaciar en un lote rural millones y millones de pesos completamente pulverizados, bajo la mirada atónita y desconsolada de campesinos paupérrimos que, al igual que todos nosotros, se preguntaban que tipo de demencia incitaba a alguien a volver mierda la esquiva plata.

Ahora se sabe que los billetes en polvo pertenecían al Banco de la República local, que en un proceso de rutina decidió moler los billetes maltratados y usarlos como relleno en la finca de uno de sus empleados.

Por eso, después de la explicación, resultaban patéticas las escenas televisivas de los labriegos que esculcaban y esculcaban en busca de billetes buenos, mientras se lamentaban de que dañaran así la plata en vez de dársela a los pobres. Como patéticas resultaron también las especulaciones chimbas de los periodistas que hablaban de dinero de mafiosos, del que se querían deshacer antes de que se lo decomisaran.

Valiente explicación, digamos, que no consuela en nada y a nadie y que, por el contrario, nos remacha en la idea de que solo una maldición puede explicar que en una ciudad en donde la urgencia de plata, la militante y la vergonzante, nos abruma a todos vaya gente por allí enterrando la plata o deshaciéndose de ella de cualquier forma.

Seguiremos, entonces, con caletas o sin ellas, desplatados.

miércoles, 21 de febrero de 2007

MI BLOG ESTÁ A SALVO

Una extraña oleada de ataques hackers ha invadido la blogosfera. Y, como resultado, varios blogs, entre ellos el sui generis blog de Lully, cargado de inasibles y sinuosas caricias virtuales, fueron sacados del ciberespacio. Las manifestaciones de solidaridad han sido aplastantes.

Este asunto nos recuerda el caso de nuestro amigo Kozure (viejo querido, ¿qué te hiciste?), cuyo blog fue cerrado hace ya varios meses por parte del islamismo internacional, seguramente exacerbado por el judaísmo militante de su autor. Lo extraño fue que pocos se pronunciaron al respecto. Es entendible: Kozure jamás tendrá las mismas curvas insinuantes de Lully y tampoco tiene balcón virtual en el cual pasearse en pelota en su Santa Marta natal.

Curiosamente el fin de semana pasado, matando la aburrición en una sala de espera, leí en un viejo ejemplar de la revista Enter cierto articulo sobre la persecución oficial sufrida por un joven periodista y blogger, de apellido Fox, me parece, que fue encarcelado por negarse a revelar la fuente de cierta información aparecida en su blog.

Y, por su parte, la Generación Invisible también sufrió ciertos momentos de pánico hace algunos días porque razones desconocidas la sacaron del aire, así que varios sospechamos manos bloguicidas en el asunto.

Resulta indudable que hay gente dedicada a cerrar blogs ajenos y a perseguir bloggers. Algunas razones saltan a la vista, pero otras no, así que cabe preguntarse: ¿Que motivos pueden haber para que alguien se proponga acabar con lo que otro logra plasmar en un medio como este? ¿Morbosa forma de diversión de hackers ociosos? ¿Persecución política, ideológicas o similar, como la que reclamaría cualquier político encarcelado?

Me inclino mas por la primera que por cualquier otra en razón al sospechoso indicio de dejar avisos distractores, como aquel de firmar como Jaime Ruiz, el pugnaz blogger de Pais Bizarro y La Blogoteca, agregándole además cierta teatral proclama sobre las buenas costumbres y demás. Por cuenta de esta circunstancia, supongo, recibí varios alarmantes correos que invitaban a una especie de cruzada contra el pobre Jaime. Después se supo, afortunadamente, que nuestro amigo nada tenia que ver. De todas formas, me parece escuchar en todo esto cierta carcajada de fondo.

Como se corre el riesgo que a uno le borren todas las carajadas que con tanto amor y dedicación lleva publicando y que el blog quede mas en blanco que la memoria de los implicados en el Proceso 8.000, como medidas de protección algunos aconsejan hacer copia del blog, cambiar la clave y otras similares.

En mi caso, como en este blog no hay nada digno de borrarse y me da pereza ponerme con tantas molestias, lo único que sí hice fue darle diez mil pesitos y recomendarle al vigilante de la cuadra que me avisara inmediatamente si veía a alguien sospechoso y con cara de matar blogs.

Sobra decir que esta noche dormiré tranquilo: Mi blog está a salvo.

miércoles, 14 de febrero de 2007

PETRO, EL ILUSIONISTA

(Este articulo apareció publicado originalmente en Generación Invisible)

Cualquiera que haya seguido el cubrimiento periodístico del más reciente rifirrafe entre el presidente Álvaro Uribe y algunos miembros de la oposición tendría que coincidir en la conclusión de que, en el trasfondo de todo, se adivina la mano, o la lengua, mejor, de un prestidigitador de la palabra y de la imagen mediática llamado Gustavo Petro, el díscolo senador del Polo Democrático.


No cabe duda de que este personaje es un mago, un ilusionista, un habilidoso alquimista de las medias verdades, que se ha especializado en aparecer bajo el reflector de la política nacional con un largo sombrero de copa anunciando cada vez que puede que sí, que ahora sí, que no esperará más y que sacará del cubilete las pruebas definitivas que respaldaran sus dudosas afirmaciones, sus denuncias o sus señalamientos bajo los cuales rodaran cabezas, honras y prestigios.


Y, una y otra vez, desde la silla de su curul parlamentaria o desde el micrófono mañanero, como todo ilusionista, nos colmará de suspenso bajo la fanfarria y el redoble del tambor mediático; meterá las manos a su caja de Pandora, revolviendo su oculto contenido y luego, con una pose circense, de pronto sacará de la orejas un enorme, un gran conejo blanco, que primero se revolverá inquieto ante el asombrado auditorio, para luego saltar huidizo y perderse definitivamente entre la penumbra de la incertidumbre, las falsedades y las versiones sin fundamento. Bueno, conejo es conejo, al fin y al cabo.


Que triste pero peligroso papel funge este novísimo Merlín, que de tanto en tanto salta a la palestra a hacer su acto circense de acusación, juicio y condena moral gracias al explicable arrobamiento que causa en un periodismo que lo aprovecha para vender audiencia o revistas, como el director circense que vende boletas en la taquilla mientras anuncia bajo su carpa el acto del célebre mago.

(Sigue aquí)