lunes, 19 de junio de 2006

LA SONRISA DE RONALDINHO (II)

Bueno, en realidad ya no hay sonrisa, al menos de parte mía. Ahora es una mueca de estupor, un rictus de amarga decepción, al ver como Ronaldinho, el crack, la figura, el Mejor Jugador de Europa del 2.005 (y, por ende, prácticamente del mundo), no muestra nada, nadita, nada del fútbol lírico que todos esperábamos.

Que un oficinista de 45 años, gordo, que solo toca un balón de fútbol cada fin de semana en un potrero con sus pares, bajo el doping obligatorio y previo de varias cervezas, se pare torpemente en el balón y se desparrame por el suelo, vaya y venga. Todos ríen, hasta el caído. Nadie espera más.


Pero que un jugador cuyo pase vale varias decenas de millones de euros, que la mitad de su salario mensual equivale al mío o al suyo en 20 años, que es puntual incono de toda la publicidad habida y por haber y que, además, es (¿era?) la esperanza de un fútbol distinto, vistoso, talentoso, brillante, en este Mundial de Alemania 2006, se pare torpemente en el balón y se desparrame por el suelo, además en plena área rival, no tiene justificación ni explicación valedera. Solo cabe el estupor.


Eso vi, digo, con asombro en el partido de Brasil ante Australia, en el que además a otra estrella brasileña, Roberto Carlos, le pasó exactamente lo mismo. Admito que cerré los ojos ante ese horror, mientras mi mujer me buscaba afanosamente una aspirina.


Que mal juega Brasil. Que mal juega ese Ronaldo gordo, muy gordo, que luce todo el tiempo agotado y al que levantar una pierna para parar un balón en el área y encarar, que es lo suyo, le cuesta tanto que da lastima. Que mal juega todo el equipo del jogo bonito, el de la esperanza de las jugadas memorables, el de… Mejor no digamos más. Si la esperanza es lo ultimo que se pierde no quiero perratear más la mía destilando mas amargura y decepción.





Este Mundial de Alemania deja hasta hora un enorme saldo en rojo de figuras. No veo a nadie, ni siquiera creyéndoles a nuestros comentaristas criollos, que salen a nombrar figura del partido, y casi del Mundial, a cualquier pendejo que hace una gambeta o un gol de media distancia.

Al siguiente partido, la figura no aparece ni en las curvas. Entonces nombran otra y así sucesivamente.
Pero figuras, cracks, no hay.

Alguna esperanza hay ahora por el lado de Argentina. Pero dado lo que pasa entre un partido y otro, mejor hago mutis en la materia. Tocará seguir esperando. Y con los dientes apretados.





Que mal, mal, muy mal, pitó el arbitro Oscar Julián Ruiz. Y eso que era un partidito entre equipos del montón que no representaba en ese momento nada definitivo. Si este es el mejor arbitro que tenemos, ni siquiera puedo imaginarme a los demás. ¡Pobre fútbol colombiano!