miércoles, 24 de mayo de 2006

EL CANDIDATO FUGITIVO

Me decía en estos días alguien que para tener un debate con el Presidente Uribe primero había que alcanzarlo y después llevarlo enlazado. Puede ser, vistos los últimos sucesos electorales conocidos. Por eso, este corre que te alcanzo entre el candidato puntero y el pelotón (o pelotones) que lo persigue es quizás el único rasgo interesante, por divertido, de esta jarta, pero jartísima campaña política.

Pensaba que hasta en estos menesteres es sui generis el comportamiento del candidato presidente. Nunca pensé llegar a ver el día en que un político en pleno ajetreo electoral, tan ávido y tan necesitado de cuanta pantalla le den, se diese el lujo de declinar la invitación a aparecer en horario triple A un domingo en la noche. Pero lo ví.

¿Arrogancia? ¿Miedo al debate? ¿Actitud imperial? De todo se ha oído para calificar la conducta de Uribe, pero a mi simplemente me parece que, dadas las circunstancias en que se ha desenvuelto esta campaña silente y opaca, lo único que produce noticia y sacude el aburrimiento es lo que hace o dice el candidato presidente. De allí que de todo este mal llamado debate político, lo digno de destacar en los medios es lo que van a decir los demás candidatos de lo que hizo o no hizo, dijo o no dijo, el señor Álvaro Uribe. Y ellos se prestan para el juego. Además, de no ser por esto, francamente no se qué tendrían de interesante para decir.

Volviendo al debate-alocución del domingo me di a la tarea de oírlo y verlo todo, todito, todo. Con razón, pienso ahora, tanta opacidad y tanta languidez. Del candidato Gaviria solo puedo decir que mantiene un tonito de profesor universitario que seguramente producirá orgasmos intelectuales entre sus seguidores más fervientes, pero en el público del montón, ese que llena urnas y elige presidentes, no produce ni un escalofrío. Menos aun cuando salpica su discurso de latinajos, citas literarias inextricables, vocablos densos como “escolástico”, “deontológico” y demás que dejan a la mayoría de la gradería en mute. Partida de ignorantes que son. Por momentos pensé que nos estaba resumiendo unos de sus larguísimos y sesudos fallos de cuando fungía como magistrado. Seguramente por eso bostecé y mucho, lo confieso.

A Horacio Serpa, perdonen que insista, pero lo hago porque ustedes también insisten, ya lo conocemos bien. Me parece que su campaña hubiese ahorrado mucha plata si en vez de cranearse una nueva estrategia publicitaria (que no es del todo mala) hubiese desempolvado los afiches, los folletos y todo el cuento que ha echado durante sus candidaturas anteriores. Su eslogan hubiese podido ser unas grandes, unas enormes comillas, con lo que todos hubiésemos entendido que iba a insistir en lo mismo. Viéndolo ahí sentado, echándole pullas a su ex jefe en el gobierno del que fue embajador, no entiende el ciudadano de a pie su actitud actual. Tal vez sea, entonces, su posición de tránsfuga la que le estén cobrando en las encuestas.

En cuanto a Mockus, a pesar de que esta vez lo vi más cuerdo y mas claro, porque al menos pude entenderle la mitad de lo que dijo, me parece que su discurso simbólico, gestual y matizado de términos extraños se agotó hace mucho rato. Al menos se le agradece que no llevara puesto ese horrible sombrero piramidal que se inventó y cuyo mensaje jeroglífico parecía más publicidad anticipada del Código Da Vinci que otra cosa.

En cuanto al Presidente Uribe, muchachos, todo igualito. Nos hubiéramos podido ahorrar todo el suspenso y el coge coge del qué se hizo, por qué no vino y demás con que nos hubieran pasado en diferido uno de sus consejos comunitarios, cualquiera, y con eso todos hubiéramos quedado despachaditos. Pero no. Y por eso mismo tuvimos allí el lunes, en horario triple A, un nueva dosis reloaded de Uribe candidato que, se me antoja, ni quita ni pone a estas alturas del partido.

Por todo esto creo saber por qué es que Uribe no va a los debates con los otros candidatos: Por qué le da pena, que pena con Uds., muchachos, quedarse irremediable y profundamente dormido en medio del soporífero evento. Igualito como me pasó a mí.

UN REGALO INESPERADO