martes, 16 de mayo de 2006

PAPÁ URIBE II


En el periódico EL TIEMPO del domingo pasado hallé un largo análisis respecto de ese fenómeno político –porque es básicamente eso- que representa la gran popularidad del Presidente Álvaro Uribe quien, pese a toda el agua sucia que le ha llovido a su gobierno en las ultimas semanas, sigue campeando en las encuestas como si nada, mientras sus rivales políticos se desdibujan o se desgastan cada vez más.

Consideraciones políticas aparte, me llamó la atención la conclusión que reiteradamente se planteaba allí, a modo de explicación, sobre el susodicho fenómeno. En uno de sus apartes decía:

“Si los historiadores escriben contarán (…) que muchos justificaban la popularidad del mandatario solo por el enamoramiento colectivo en que los colombianos cayeron al verlo todos los días en la televisión con su voz recia, mirada firme, don de mando y humildad hecha de diminutivos, como si hubieran hallado al padre que nunca tuvieron.”


Y mas adelante, en otro articulo firmado por Víctor Reyes Morris, se manifestaba:

“Pero el efecto nos es simplemente un efecto de coyuntura. Creo, hay algo más. Y es que el Presidente Uribe no solo acertó en interpretar la coyuntura sino que ha permanecido en el acierto, no exento de errores “hasta ahora todos perdonados”. Ha fungido como “padre de la nación”, de protector de los ciudadanos con su aire de patriarca de la Montaña, que no solo atiende a lo fundamental (la seguridad) sino la cotidianidad (consejos comunitarios).”


Traigo a colación estos conceptos porque en este blog, hace ya varios meses, publicamos un post planteando exactamente dicha tesis. Allí decíamos que casi todo lo que ocurre políticamente en torno a Uribe tiene un trasfondo visceral, hondamente subjetivo, derivado de esa orfandad que a diversos niveles y de diversas formas sentimos los colombianos. Por eso, por estar dentro de la orbita de los sentimientos más que de cualquier otra cosa, el fenómeno se hace inasible para la crítica o el análisis político puro.

Así que, después de ríos de tinta para tratar de darle al asunto una explicación plausible, todo parece reducido al hecho de que Álvaro Uribe es el gran papá de todos, incluso de aquellos que desde la orilla contraria le gritan, lo insultan y le tiran pedradas ideológicas de todo cuño, como díscolos adolescentes rebelados contra la autoridad paterna.

Por tanto, tocará seguir diciendo por cuatro años más, como ya lo dijimos antes: ¡Colombia, Uribe es tu papá!