jueves, 23 de marzo de 2006

¡NO PASARAN!

Que Apolinar Salcedo, a pesar de su extracción humilde, terminó defraudando a todo el mundo, pero en especial a los más humildes de Cali. Que todo apunta a que, así le falte un minuto para finalizar su mandato, terminará revocado, dándonos el dudoso titulo de ser la primera ciudad con alcalde destituido popularmente. Que tiene a Cali convertida en un caótico laberinto, porque le dio, para rebuscarse su lugarcito en la historia caleña, supongo, por hacer Mío, cambio de colectores y todo tipo de obras publicas a la vez. Que la Procuraduría lo tiene en la mira con más de diez cargos en su contra por el contratico de Sercali. Todo eso es cierto. Por lo tanto, vaya y venga.

Pero, como el inefable Polo tiene un extraño talento para siempre terminar haciendo una embarrada más grande que la anterior, ahora resulta que, con plata del menguado erario publico y decreto municipal a bordo, decidió impulsar a todo vapor la celebración del
Primer Festival Vallenato de Cali, con el propósito declarado de convertirnos en algo así como la segunda ciudad del vallenato en Colombia. ¡Errrrda, que joda es esa, cuadro!

Sí! Yo lo vi, sentado junto a Amparo Sinisterra de Carvajal, extraída de la mas rancia (muy rancia, por cierto) oligarquía caleña y quien funge por estos días como asesora cultural (o algo así) del municipio, haciendo el lanzamiento del bodrio en los noticieros regionales. Y, claro, ahora se ven los comerciales invitando a la gente a volverse adicta al vallenato, rancherato mejor, por cuenta de la chochera de la dichosa señora que ha visto en esto “la posibilidad de otra expresión popular musical para Cali”. ¡Por favor!

Que va vaina con esta adolorida ciudad. El último reducto de una singular querencia popular cultivada a lo largo de décadas, como es la salsa, ahora es atacado desde las mismas esferas oficiales. Y eso que cuando Polo se pone eufórico, como en la pasada Feria de Cali, sale a declarase salsero y que la salsa por aquí y que la salsa por allá. ¡Hipócrita, eso es lo que es, mostrándose como una oveja salsera cuando resultó con corazón de lobo vallenato!

Esto ya se veía venir. Lo venimos advirtiendo desde hace rato. La salsa o, mejor, la cultura salsera está dando bocanadas de moribundo y nada que le sale doliente. Esa extraordinaria música, tan ligada a la idiosincrasia caleña, se encuentra ahora arrinconada como muchacha de servicio en bridge de señoras. Decir que uno es salsero o que le gusta la salsa pasó de ser algo normal a una especie de confesión vergonzante. Lo único que falta es que en las discotecas, tabernas, bares y fiestas de quince pongan un aviso prohibiéndonos la entrada.

Claro, en realidad esta protesta no es contra los vallenatologos o vallenatofilos. Al fin y al cabo cada cual tiene derecho de hacer de su oído un orinal. Tampoco es por revirar ingenuamente contra una tendencia que nos impusieron desde hace rato las emisoras y las disqueras, aprovechándose especialmente de la ingenuidad y la hospitalidad musical de los caleños, que siempre pensábamos q
ue eran modas pasajeras y ahora tenemos reggeaton y vallenatos hasta en el cu…ello. Ya todo eso está dicho.

Lo que indigna es que en todos los folletos oficiales de promoción turística de Cali aparece siempre la infaltable pareja de salseros. O que en la decoración decembrina de la ciudad se destacan las figuras emblemáticas de la salsa. ¡Y ahora resulta que somos vallenatos por decreto! Si lo que hace falta precisamente es que se emprenda una ofensiva recuperadora del gusto por la salsa, por la buena, se entiende, que es el género musical que está menguado, indefenso, atacado por todos los costados y victima ahora de la puñalada trapera del alcalde Polo.

En mi concepto, y en el de muchos caleños, afortunadamente, siempre será preferible una canción salsera que cualquier tema de reggeaton o vallenato, sobre todo si se tiene en cuenta los esperpentos que uno escucha por acá. Por tanto, nos declaramos en franca rebeldía contra el intento de la Alcaldía de transformarnos en Frankenstein musicales, con cabeza reggeatonera, muñones vallenatos y corazón de salsa. ¡Guacale!

Por eso, ayer madrugué a firmar la lista de los que piden la revocatoria de este nunca bien lamentado Alcalde que, a pesar de todos los chicharrones que tiene por arreglar, aun tiene tiempo para sentarse a pensar como jodernos un poquito más. ¡Que se vaya!

Así que, a la manera de Andrés Caicedo (ay, hermano, como hacés de falta) digamos:

EL PUEBLO SALSERO DE CALI

Denuncia y rechaza unánime y combativamente
el abusivo intento de la oligarquía caleña
De exterminar la pasión por la salsa a punta de vallenato y reggeaton.
Sepan, tiranos y traidores, que cada salsero cavará una trinchera musical y dejará en ella hasta su último aliento.
Inspirados por Lavoe, Blades, Ponceña, Mulenze y demás caudillos de la salsa
Daremos la batalla hasta la última nota.

NO PASARAN!!!
¡SALSEROS DEL MUNDO, UNIOS!