lunes, 13 de marzo de 2006

PERDON EXPRESS

“JORGE ELIECER OSORIO MARULANDA c.c. 71.216.102 pide perdón a la familia de
JOHAN ANDREY ZAPATA RIVERA, está totalmente arrepentido por la muerte de JOHAN
ANDREY ZAPATA RIVERA, reconoce el daño moral y material que causó por lo cual
les pide perdón y ruega a Dios para que les de consuelo y promete nunca más
repetir esta acción”

Avisos como este han empezado a aparecer con frecuencia en la pagina de clasificados del periódico El Colombiano de Medellín. Son de paramilitares presos que, con este inusitado modo de pedir perdón a las familias de sus victimas, pretenden ganar beneficios de rebaja en sus penas. Para ello, además de publicar estos avisos, en ocasiones también pagan misas en las que los curas de parroquia leen a una feligresía impávida el aviso de marras. Después, los recibos de pago, tanto del clasificado como de la ceremonia religiosa, se envían al juzgado con la respectiva solicitud de rebaja. El costo de ambos no supera los sesenta mil pesos.

Cuando los leía no podía evitar preguntarme cual seria la reacción de los familiares, digamos por ejemplo, de Johan Andrey, al leer este tipo de avisos. Eso, claro, en el improbable evento de que lo hubiesen visto, en letra diminuta y perdido en la maraña de avisos judiciales y edictos de remate. Desconcierto? Ira? Se sentirían ofendidos o se considerarían realmente resarcidos en su aflicción?

Difícilmente, pienso yo, puede una persona normal entender el sentido de esta afrentosa manera de pedir perdón. Sin dar la cara, sin necesidad de pararse frente al ofendido y decirle, mirándolo a los ojos, que realmente siente vergüenza por haberle quitado la vida a su ser querido.

Pero, que nadie se sorprenda. Los avisos de perdón y arrepentimiento por periódico son el necesario resultado de un sector social desalmado e insensible, que busca formalizar de cualquier forma lo que en un principio se planeó con un propósito distinto. Cuando la necesidad de reconocer el delito y mostrar una contrición genuina de los victimarios se pervierte de esta manera y se pragmatiza bajo la búsqueda prioritaria un beneficio judicial, en realidad lo que se hace es restregar aun mas el limón en la herida de quien sufrió el daño por el crimen. Allí no hay resarcimiento para el que sufre ni muestra legitima de arrepentimiento por parte del ofensor. Es solo un triste y patético remedo de perdón.

No se a quien se le habrá ocurrido este exótico procedimiento. La ley, de seguro, no estipula este adefesio. Tampoco estoy seguro de su efectividad judicial, aunque en nuestro medio se ven unas cosas. Es probablemente el invento de algún golilla que, en su inventiva, ideó esta forma de perdón express para su defendido. Y, claro, como es fácil, no requiere dar la cara y es barato, pues quien puede negarse a pedir perdón de esa manera.

Se estremece uno ante la idea de que algún día nos toque ver avisos similares pagados por Tirofijo o por Mancuso, pidiéndonos perdón por décadas de asesinatos, secuestros, mutilados, despojos violentos, robos, etc., con letrica menuda en una refundida pagina de clasificados de un periódico dominical.

Aunque, seguramente, el mensaje real detrás del aviso es que la letra menuda es del mismo tamaño del alma de quien pide perdón de esa manera.