miércoles, 8 de marzo de 2006

LAS PUTAS FARC

Me ha venido a la mente con insistencia, a raíz de los últimos hechos de orden público, la conocida anécdota que le escuché antes de su trágica muerte al siempre recordado humorista Jaime Garzón. Según contaba, en el tiempo en que se desempeñaba como alcalde local de Usme, recibió un oficio de su jefe inmediato requiriéndole para que enviara un informe urgente sobre el número de casas de cita o prostíbulos que se hallaran ubicadas en esa localidad. Transcurridas varias semanas sin recibir respuesta, el funcionario le reiteró a Garzón, vía telegrama, la misma petición, recordándole la urgencia de tener dichos datos. Como respuesta, genial y contundente, nuestro personaje le respondió por la misma vía: “Revisada minuciosamente la zona a mi cargo las únicas putas que encontré fueron las putas Farc. Punto”.

Y la expresión viene a cuento precisamente porque de las Farc y de sus tropelías es de lo único que se viene hablando en los últimos días. Ni siquiera el TLC ni la cercanía de las elecciones parlamentarias las desbancan de los titulares de prensa. Primero, fue el bombazo contra la Sijin en Cali, en el cual la guerrilla pulverizó a un humilde carretillero y a su nieto, a los que previamente contrató para llevar la bomba. Fueron los únicos muertos en esa ocasión.

Después, tuvimos los pasajeros de un vehiculo de servicio público, que fueron inmisericordemente acribillados a tiros por las Farc por atreverse a violar uno de sus peligrosos paros armados. Y, posteriormente, fue la masacre de varios concejales en el Huila. Mas de 23 muertos en veinte días. Todos inermes ciudadanos, todos ajenos al conflicto. Además, parálisis en el transporte de tres departamentos y gasoductos y torres de energía volados por doquier.

Aparte de la demencia asesina de la guerrilla, sobre lo cual no voy a llover sobre mojado, la cuestión es: ¿Cómo así? ¿Acaso no se nos viene diciendo por el gobierno de Álvaro Uribe que la llamada Seguridad Democrática tenía en vías de rendición a las Farc, o al menos, que estaban arrinconadas? ¿No era, entonces, la seguridad urbana y la recuperación de las carreteras fundamento indiscutible del reconocimiento popular de este gobierno, que mantienen en el curubito de las encuestas al mismo candidato-presidente?

Sí, ya se, que el terrorismo no es fácil de combatir. Sí, ya se, que dos o tres guerrilleros pueden fácilmente poner una bomba o montar un retén. Sí, ya sabemos todo eso. El gobierno, y no solo este, se ha encargado de recordárnoslo con bastante frecuencia. Pero ese discurso ya nos empieza a cansar, porque últimamente, la única respuesta a las masacres y desmanes de la guerrilla son discursos veintijulieros en los cuarteles o purgas militares. O ambas. Y nada más.

Nos parece que habiéndose cerrado, y parece que por un buen tiempo, la opción de la negociación tanto por el gobierno como por la guerrilla, la apuesta por la guerra no nos permite vislumbrar una solución ni a corto ni a mediano plazo a este conflicto que nos ahoga en sangre. Y, sobre todo, en sangre de civiles más que de los propios antagonistas directos. Las Farc muestran las uñas cada vez que les da la gana y la sensación ciudadana de que contra eso nada parece valer crece cada vez mas.

Esta no es una guerra barata. Nos cuesta a todos los colombianos cifras enormes del presupuesto nacional año por año, del cual se desplazan desde hace décadas los recursos de inversión social, tan necesarios y urgentes para mas de 22 millones de pobres, para alimentar los pertrechos que exige la dichosa guerra. Por eso, cuando después de tanto esfuerzo se nos dice, por un lado, que esta es la única salida y, por el otro, que vamos ganando los buenos, que somos mayoría, eso es cierto, lo justo es que los hechos empiecen a reemplazar los discursos. Pero, nada. Los logros, amplificados artificialmente por el manejo mediático, se ven minúsculos cuando suceden tragedias y masacres como las que aquí reseñamos.

Y vuelve el miedo, la zozobra, la incertidumbre. En definitiva, para el ciudadano común las promesas de pronta victoria militar se volvieron entelequia política y, lamentablemente, en ese descrédito viene siendo arrastrado el Ejército, cuya imagen pública siempre había sido altamente favorable. Ahora, el triste espectáculo de generales y oficiales defendiéndose del “fuego amigo” se volvió consuetudinario. Por eso, se nos antoja que la dirigencia militar vive ahora más pendiente del oficio que les da la baja que de las mismas balas de la guerrilla. Así, claro, no se puede.

De allí que, como en la anécdota de Garzón, lo que venimos viendo por todas partes, antes que soluciones a este desangre nacional, son a las putas Farc y sus delirantes tácticas de terror. Ni más ni menos.