martes, 7 de febrero de 2006

SUEÑO CALEÑO

Mi buen amigo DIDIER me envía este e-mail, que me sirve precisamente para equilibrar la balanza en este blog, a veces tan critico con Cali. Lo escribe una periodista caleña que vive, dice ella, en Austin (Texas) y lo titula como aparece este post. No se su nombre e ignoro quien es, pero eso no es importante. Lo destacable es su visión, recuerdo, anhelo o sueño de lo que es la tierra dejada atrás por quienes, por una u otra razón, tuvieron que dejar este país y viven ahora otras realidades. Y viéndola con sus ojos nuestra cotidianidad nos parece menos trágica y más prometedora.

Allí les va enterito:

“Conquistar el Sueño Americano es relativamente fácil: Trabajar como una mula, pagar 'bills' y comprarse un carro, tal vez, una casa, y si a eso le añadimos conseguir marido gringo, estamos hechos... ¡la hicimos! Pero estando en tierra americana, pegándole a la comida chatarra, haciendo ejercicio para no perder la figura (ni la razón), respetando las leyes, siendo buena, pocas 'parties', porque aquí uno viene a practicar el lema de Uribe, trabajar, trabajar y trabajar, uno se pone a pensar (y eso, cuando de vez en cuando queda tiempo para ponerle cuidado a esa parte del cerebro): ¿no será mejor conquistar el Sueño Caleño?

Voy a describirlo:

1. Empieza uno a llamar a la casa, a los amigos y cada dos lunes al mes, como mínimo. Todo el mundo anda de parche, que se fueron pa' la finca, que están en Calima, que en Juanchaco, y entonces uno hace la pregunta del millón: "¿pero, por qué si hoy es lunes?". Y claro, es que es lunes festivo. En Estados Unidos no hay feriados, sólo dos o tres al año.

2. El dato número dos, determinante en la construcción del Sueño Caleño, es la popularidad. No hay que negar que uno conoce "a medio Cali", ya sea por la universidad, el trabajo, las rumbas, las fincas... En fin, siempre que uno se pega sus 'shoppinadas' en Chipichape o Unicentro, pues no faltaba el man o la vieja conocidos. Y eso, ni se diga de ir a cine o a la Loma de la Cruz o a Pizza al Paso. En tierra americana, dé gracias a Dios si la gente que trabaja con usted se acuerda de su nombre, porque por el apellido (Res... ¿qué?) ni pregunte. Y si además tuvo la 'suerte' de protagonizar, hace como medio siglo, un comercial de Gases de Occidente, que se transmitió por Telepacifico, pues siempre es difícil que uno salga de su casa y lo vecinos no digan "¡ay!, allá va la pelada del gas"... ¡Eso duele!

3. Y aquí entra el tercer factor... los vecinos. El placer de fisgonear, de rajar de la del frente, de ver los mejores espectáculos de acción y bala en frente de la casa, en vivo y en directo, sin policía que se tire la fiesta, sólo ocurren en Cali. No sé ustedes, pero yo sí extraño la 'ventaneada' con mi mamá, las historias de mis vecinas, los líos de faldas, las infidelidades y otro tipo de temas que hacían la vida más fácil, más amena, menos ajena. En mi vecindario americano nunca pasa nada: no pelean, no llegan borrachos, nadie da serenatas, no hay peladitos jugando en la calle hasta la medianoche, no juegan 'ring ring corre corre', no quiebran el vidrio y no hay oportunidad de decir: "¡vea, este gamín, a jugar a la cancha!".

4. Y es que para que haya vecinos, tiene que haber ciudad... y ese es el cuarto aspecto: Cali. Cali es sabor, olor a chontaduro y a mango viche. Caminar por Cali es un placer, ver árboles, ver carros, buses... gente. Cali huele a pandebono, sabe a buñuelo, respira azúcar, tiene problemas, como todas las urbes, pero está viva. El Sueño Caleño sería pegarse una caminata por toda la Quinta, comprarse una arepa en la Loma de la Cruz, pasar por el Oeste, luego echarse una cervecita por el Conservatorio, atravesar la Sexta y llegar hasta Chipichape. Y, claro, nada de esto tiene sentido si uno no tiene su parche, su combo, su élite. Nadie nos dice que el paquete del Sueño Americano no incluye amigos. Nadie nos dice que el Sueño Americano se paga con la soledad. Pero en el Sueño Caleño seguro te vas 'de fincho' con tu grupo, los de la piscina, los de la U, los de la rumba, los del trabajo, los de teatro y los que están ahí para siempre, los manes y las viejas que te entienden, que hablan tu idioma y, sobre todo, que conocen tu historia.

5. Y el quinto y más importante aspecto que casi completa este increíble Sueño Caleño, que sólo conseguís por unos US$500, que cuesta el pasaje de regreso, se llama familia. No hay cosa más berraca que pasar un cumpleaños trasmitido por teléfono, porque en la tierra del Tío Sam no hay tiempo para acordarse, ni para hacerte la fiestica con las tías y las primas, ni para que te regalen una pendejadita, ni para armarte una rumbita 'sorpresa' en la casa de un amigo. Nadie te dice Feliz Cumpleaños con el corazón. En el Sueño Caleño tenés el derecho a decir que tenés más de 30 primas y unas diez tías, que se reúnen en la casa, que sí, que de vez en cuando pelean, pero siempre están ahí, para vos, en las buenas y en las malas.

De este manera, llego a la conclusión de este catálogo sobre el Sueño Caleño: es más fácil conquistar el Americano que dejar de extrañar, de sentir, de pensar que en tu cabeza, tu mente y tu corazón todavía corre un Papagayo ruta 9, lleno de buenos recuerdos, amigos, mamá, familia y nostalgia. Que Cali es Cali y lo demás es loma, incluso el tan nombrado y engañoso Sueño Americano.”