martes, 24 de enero de 2006

LA PAJA EN EL OJO AJENO

Esa irritante costumbre de los gringos de andar descertificando a sus vecinos de planeta, por causas que solo ellos mismos determinan, ya nos sabe a cacho. Y, e relación con Cali, aún mas. En ejercicio de tal costumbre el Departamento de Estado sacó hace algunos días una nueva “recomendación”, para que sus ciudadanos se abstengan de visitar esta ciudad por considerarla la mas insegura y violenta del país.

No se trata de negar la realidad que vivimos aquí, ni mucho menos. En este blog hemos sido especialmente críticos con el fenómeno de violencia desmedida e inseguridad que azota a Cali desde hace varios años. Y, en nuestro humilde concepto, esta situación no ha cambiado mayor cosa, así las estadísticas oficiales digan otra cosa. Sin embargo, lo que uno no comprende es de donde saca E.U. la autoridad moral para señalar, como inveteradamente viene haciéndolo, a otros países y latitudes como peligrosos e indignos de ser visitados.

No ahondemos mucho en la situación de Irak, por tratarse de un país lejano y bajo un innegable estado de guerra silente, pero lo cierto es que allí se metieron los norteamericanos dizque para recuperar la democracia, maestro, y terminaron creando un polvorín en el cual vienen siendo sacrificados, como en un matadero sin fin, cientos de personas a la semana, entre iraquíes y extranjeros. Los mismos ciudadanos gringos, y no digamos sus soldados, son objetivo militar permanente, lo cual resulta una extraña paradoja, pues la propaganda oficial justificó la invasión bajo el propósito de buscar mayor seguridad para el mundo y para los mismos E.U. Y todos venimos viendo los resultados.

Pero, volviendo al caso de Cali, según las ultimas y muy cacareadas estadísticas, la ciudad tuvo muchos menos muertos el año pasado que en el 2.004, bajando los porcentajes a 87 muertes violentas por cada cien mil habitantes, para un total de 3.097. Si hemos de creer tales cifras, pues es obvio que la ciudad ofrece un mejor clima en cuanto a seguridad ciudadana. Y, contando con que los gringos conozcan a la perfección esta circunstancia, suena entonces raro que nos sigan jorobando con sus dichosas “recomendaciones”, situación aun más incomprensible si se tiene en cuenta que, dado el intenso romance Bush-Uribe, somos, por ahora, un país amigo.

Lo que si tengo claro es que uno tiene derecho a quejarse de la inseguridad o, al menos, a señalarla como un defecto ajeno, solo cuando en su propio vecindario esas cosas tan malucas, como homicidios, hurtos violentos, violaciones y demás lindezas, no se ven o se ven poquito. Pero al echarle una ojeada a las estadísticas de crímenes violentos de las ciudades gringas uno queda, por decir lo menos, estupefacto.

En el informe publicado en el mes de noviembre pasado en la pagina de Internet de la BBC nos encontramos con la clasificación que se hizo, con base en las cifras sobre acciones criminales que lleva a nivel nacional el FBI para el año 2.004, sobre las ciudades mas violentas e inseguras de ese país. Y las cifras hablan por si solas: 1. Camden, New Jersey, Población: 80,648, Total crímenes violentos: 1,824; 2. Detroit, Michigan Población: 914,353, Total crímenes violentos: 15,913; 3. St. Louis, Missouri, Población: 335,143, Total crímenes violentos: 6,897; 4. Flint, Michigan, Población: 120,681, Total crímenes violentos: 2,324; 5. Richmond, Virginia, Población: 196,667, Total crímenes violentos: 2,700; 6. Baltimore, Maryland, Población: 634,279, Total crímenes violentos: 11,667; 7. Atlanta, Georgia, Población: 430,066, Total crímenes violentos: 7,922; 8. New Orleans, Louisiana, Población: 471,057, Total crímenes violentos: 4,467; 9. Gary, Indiana, Población: 100,637, Total crímenes violentos: 677; 10. Birmingham, Alabama, Población: 238,167, Total crímenes violentos: 3,261.

Como pueden verse, la mayoría de estas ciudades son pequeñas o medianas, pese a lo cual, presentan una altísima criminalidad que establece una tasa de entre 22 y 30 delitos violentos por cada mil habitantes, dentro de los cuales los homicidios representan algo así como un 50 o 60%. Es decir, que si proyectáramos estas cifras frente a los guarismos estadísticos que se tienen para Cali, tendríamos un resultado de entre 2.000 o 3.000 crímenes con violencia por cada 100.000 habitantes. ¡Una locura total! Y eso que no se incluyen las ciudades grandes, como Nueva York o Chicago, que aunque proporcionalmente mantienen bajas tasas de criminalidad, son monstruos urbanos que conservan cifras de miles de delitos violentos al año.

Vale recordar, entonces, por un lado, que Cali es una ciudad con cerca de tres millones de habitantes y, por otro, que en E.U. no hay guerrilla, paramilitares, ni “rastrojos” y “machos” tratándose de exterminar entre si. Tampoco tienen, al menos las ciudades mencionadas, zonas de miseria como las del Distrito de Aguablanca o de los barrios de ladera. Además, los gringos se ufanan de haber acabado prácticamente con las mafias italianas, primero, y rusas y chinas, después, mientras que aquí subsisten muchas organizaciones mafiosas herederas de los legendarios y temibles carteles de la droga.

Entonces, le vienen a uno a la memoria las impactantes imágenes y textos de los documentales de Michael Moore sobre la proverbial violencia urbana de los norteamericanos. En su película “Bowwling the Columbine”, este acérrimo critico de la sociedad gringa infiere que el cóctel explosivo del que se nutre la violencia en las ciudades de E.U. está compuesto basicamente de miedo sicótico y adicción por las armas, o viceversa. Al final, concluye, lo que mueve a los gringos en casi todas sus reacciones, tanto colectiva como individualmente, al igual que determina su política exterior, es el miedo. Por ello, se han ido retrayendo a vivir en casas y suburbios rodeados de murallas, alarmas, guardas y armas de todo tipo, esperando ser atacados, robados o asesinados por sus mismos vecinos. Y en idéntica forma miran al mundo, más aun después de la catastrófica irrupción del terrorismo islámico en su sacrosanto Wall Street. .

Por eso, no es raro que, a pesar de que ellos corren mas peligro en cualquier calle de algunas de las ciudades mencionadas que parados en la Plaza de Caicedo, nos escrutan con su arrogancia habitual y nos clasifican en proporción, no a nuestra realidad, sino a su miedo. Así que, allá ellos. Lo que si resulta ofensivo son todos esos aspavientos y brincos de nuestras “fuerzas vivas”, que se rasgan las vestiduras y ponen cara de perro apaleado – no había sino que ver la cara de Miguel Yusti, secretario de Gobierno, cuando le interrogaban al respecto en un noticiero local- cada vez que el Departamento de Estado emite una de sus cíclicas recomendaciones, como si fuera una sentencia de muerte.

Por tanto, mientras los gringos no aprendan a mirar la paja en su propio ojo, tendremos que seguir sufriendo las consecuencias de su falsa, miedosa y arrogante moral que, como una bofetada, nos zampan de vez en cuando.