lunes, 12 de septiembre de 2005

LOS DE LA COLA

Mis conocimientos mundanos no me alcanzan para afirmar aquí si hacer cola es un fenómeno mundial. Esto es, que si en todos los países de los continentes conocidos se utiliza la cola para las mismas cosas que la usamos los colombianos, aunque sospecho que colas se hacen en todas partes.

Hacer una cola puede ser para muchos sinónimo de civilidad y orden social. A Cali, por ejemplo, se la tildó hace algunos lejanos años atrás de ser la ciudad más cívica de Colombia, porque a nuestros visitantes les parecía primoroso, como dicen las señoras, ver a la gente haciendo cola para subirse a un bus. Pero esta buena costumbre se perdió y ahora brilla por su ausencia, al unísono de que se nos fue, no se sabe para donde y sí para siempre, el reinado nacional del civismo.

Para otros, hacer una cola puede ser expresión de democracia. Al fin y al cabo una cola no distingue clases sociales sino turno de llegada. Pero esta apreciación puede fallar por el lado de que seguramente hacen mas colas en su vida los del estrato 1 al 3 que los afortunados integrantes de los demás niveles sociales. Yo, en particular, no me imagino a Ardila Lule o a Julio Mario Santodomingo haciendo una cola, a no ser una muy cortica para el green en un campo de golf o para entrar al baño en un concurrido cóctel. Aunque, de todas maneras, tengo mis dudas.

De todas formas, Colombia es un país de muchas colas. Aquí se hace cola para cobrar un cheque, montarse en un bus o en un Transmilenio, pagar servicios públicos, declarar renta, entrar a cine, cobrar la pensión, etc. No sé si existen estadísticas acerca de cuantas colas hace un colombiano promedio durante su vida, pero deben ser muchas, si se toma en cuenta que uno empieza haciendo cola para entrar al jardín infantil por las mañanas a la tierna edad de 4 años y termina haciendo cola a los 80 años para cobrar la pensión. En ese lapso, muchas colas se han hecho. Y, por si no lo sabía, es probable que las siga haciendo después de muerto, pues, según el Director de Medicina Legal en Cali, los cadáveres que llegan a la morgue deben hacer estricta cola para poder ser atendidos por los médicos forenses de turno. Surrealismo, que llaman.

Las colas tienen diversas categorías: Las hay permanentes, como las de los bancos en quincena y las de cobro de pensiones, aunque esta ultimas, mas que permanentes, son eternas. Las hay efímeras, como las colas que seguramente van a hacer los aficionados al reggeaton en el próximo concierto mundial que se anuncia por estos días en Bogotá. Dios quiera que así sea. Hay colas según la naturaleza de la entidad u oficina que las organice, así que podemos decir que hay colas oficiales, como las del predial, de la DIAN o del pago de impuestos del carro; y hay colas privadas, como las del cine. Existen colas al aire libre o en recinto cerrado. Colas largas y cortas. Colas dobles y de uno en uno. En fin, son muchas las clases de colas.

Pero, mejor que las clasificaciones de las colas, son las características de los que hacen cola. Por ello, en toda cola que se respete se pueden distinguir fácilmente los siguientes especimenes:

· El aburrido: Generalmente esta de ultimo o entre los últimos de la cola. Tiene cara enfurruñada, tuerce los ojos, mueve los pies, pone cara de mártir y musita cosa ininteligibles, probablemente no traducibles en horario familiar.

· El mensajero: Personaje infaltable en toda cola. Porta casco bajo el brazo, chaleco con el numero de la placa y un inmenso maletín negro de plástico del cual saca, preciso antes de que le toque a uno el turno, un enorme cartapacho de facturas, cheques y dinero en efectivo. Se saluda siempre con el cajero del banco, se hacen visita y se va casi siempre después de una hora de estar en la ventanilla. Por línea general los demás integrantes de la cola rehuyen estar detrás de uno de esta categoría. La cola se vuelve pesadilla cuando concurren varios de estos personajes.

· La buenona: Se requiere un poco de suerte, pero casi siempre hay una, aunque no es fácil encontrar esta especie en colas de pensionados ni en las del Seguro Social. Tiene minifalda, descaderado y/o blusa despechugada. Se pasea por la cola hablando por celular, limándose las uñas o mirando a todos con cara de aburrida, pero por una extraña razón, aunque llegue de ultima, termina entre los primeros de la cola, especialmente si predomina el elemento masculino. Hay suspiro general y miradas de torero cuando se va.

· El agitador: Se distingue porque, aproximadamente a los 10 minutos de llegar, se dedica a incitar a los compañeros de cola para que protesten por la demora, a discursear por la pésima atención, a convocar para que se retiren del servicio y cosas por el estilo. Pero una vez que le toca el turno, se desocupa y se va calladito sin decir ni mu.

· El grosero: Puede estar emparentado con el anterior o ser primo lejano del aburrido. Desde que llega arranca con madrazos e insultos calibre 45 contra todo el mundo, empezando por el gobierno y terminando por el vigilante o el portero. Cuando se va desde la puerta se puede escuchar el ultimo insulto. Es su sello de despedida.

· El afanoso: Es primo lejano del aburrido. Casi siempre, como su pariente, es el ultimo en llegar y quiere ser el primero en irse. Mira el reloj cada dos minutos, habla por celular con angustia y sale corriendo una vez que lo atienden. Casi siempre deja tirado el celular, el recibo o cualquier otra cosa.

· El colado: Tambien llega de ultimo. Mira con detenimiento a todo el personal de la cola, se pasea de arriba abajo, pero no se mete. Espera siempre, acechando, para colarse en un descuido en alguno de los recodos de la fila. Y cuando alguien le dice algo o lo mira mal, voltea la cara para el otro lado, pero no se sale. Generalmente termina entre los primeros.

· El sospechoso: En toda cola siempre hay alguien que incita a la sospecha. Algún gesto, la forma como viste o como mira, las gafas oscuras, en fin, algo les crea a los que hacen cola la idea de que el tipo los va a atracar, va a poner una bomba o algo parecido. Todos aprietan la cartera, esconden el dinero u ocultan los documentos cuando él llega. Hay suspiro de descanso general cuando se va sin que pase nada.

· El oloroso: El tipo huele mal, realmente mal. No se sabe a ciencia cierta si el olor es de origen axilar, plantar o bucal, o todas las anteriores, pero su presencia inmediatamente distiende la cola, la separa concéntricamente, y esta solo se vuelve a unir cuando se va. Pero aunque no esté, su recuerdo permanece en la cola por mucho tiempo.

· El revendedor: Aunque no pertenece a la cola propiamente dicha es infaltable en las del estadio o las de los conciertos. Se pasea de arriba abajo, muestra con disimulo las boletas, afirma que son autenticas y que tiene de todas las localidades, que no sean bobos, que no hagan cola que ya no hay mas boletas. Nadie le cree, pero cuando uno llega a la taquilla, las boletas han desparecido. Entonces, los de la cola se le van encima a arrebatarle las boletas que saben que no conseguirán en ninguna otra parte. Solo desparecen cuando ven a la policía o cuando se les acaba la mercancía.

· El mendigo: Aparece como por encanto en cuanta cola al aire libre exista. Igual que el anterior, no pertenece a ella, pero la acompaña hasta el final. Canta, llora, se retuerce, muestra heridas quirúrgicas o llagas que uno jamás sospecha que pudieran existir, o simplemente suplica por una moneda. Recorre la cola de un extremo a otro y no se va hasta que la despluma o la cola se termina.

Bueno, quisiera seguir mencionando mas categorías, porque de que las hay las hay, pero se me hace tarde. Debo hacer una cola en el banco. Y si quiere comentar este post, por favor haga cola.