lunes, 8 de agosto de 2005

EL CULILLO DE POLO

El alcalde Apolinar Salcedo, conocido como Polo por sus íntimos, es un personaje singular. Y no solo por su ceguera física, que lo proyectó, por su innegable origen popular, en la campaña electoral pasada como una especie de paladín de la pobreza y la minusvalía, un típico “self made man”, dueño de una ascendente carrera política, sino, y sobre todo, por cuenta de sus actitudes como mandatario de los caleños que, en el mejor de los casos, podemos calificar como inextricables.

Durante sus años como concejal de la ciudad su desempeño fue mas bien gris. Aparte de su limitación física, que siempre ha utilizado, -aunque no se sabe si concientemente o no-, como un sello personal de simpatía automática, que por si mismo lo destaca en un medio a veces tan pueblerino y parroquial como el nuestro, ningún rasgo destacado de su personalidad o de su gestión le conocemos. Ni siquiera ahora, cuando gobierna la tercera ciudad más importante del país.

Lo que sí es indudable es que hoy por hoy, cuando ha transcurrido casi la mitad de su periodo, su popularidad y su imagen como alcalde están por el suelo. Según una encuesta publicada hace algunos meses, la aceptación y la calificación de su gestión por los caleños rondaban alrededor del 30%, lo que lo ubicó en ese entonces como el peor ranqueado dentro de los alcaldes de las ciudades capitales del país. Y el asunto no debe haber cambiado sino para empeorar, si juzga uno por los cada vez mas desfavorables comentarios que se escuchan por los cuatro rincones de la ciudad. Tal vez sea por eso que nadie volvió a publicar encuestas al respecto, cuyos resultados serían seguramente desastrosos.

Y es que las vicisitudes de este gobierno no han sido pocas. Aparte de heredar problemas gravísimos como el de la intervención de Emcali, el déficit fiscal de la municipalidad, la destrucción de mas del 70% de la malla vial y otras mas, se le han presentado “chicharrones” que han saltado a la palestra publica por cuenta principalmente del pésimo manejo que el alcalde Polo y sus colaboradores les han dado, dando muestras de una sorprendente facilidad para contradecirse impunemente, para asumir posiciones insostenibles e impopulares a ultranza y, sobre manera, para aparecer siempre como haciendo algo al respecto que, al final de cuentas, ningún resultado palpable arroja.

Así ha pasado, por ejemplo, con los problemas de manejo del espacio publico, con el arranque de las obras del Mío (que es el Transmilenio de acá), con la autorización para la venta de pólvora (que debió echar abajo cuando se le comprobó que varios empresarios polvoreros habían hecho aportes importantes a su campaña política), con la enigmática y poco explicada concesión del recaudo de los impuestos municipales a una empresa privada por un periodo de ¡15 años!, y, ahora, con el ingreso potencial a la ciudad de mas de 3.000 taxis, siendo que ya circulan por las atestadas y cada vez mas escasas vías cerca de 20.000 carros amarillos.

El asunto de los taxis arrancó hace varios años, durante el gobierno del alcalde Mauricio Guzmán, ex presidiario confeso del célebre proceso 8.000, cuando cierto empresario avivato instauró una tutela invocando el derecho a la igualdad para esquivar una resolución municipal que congelaba la concesión de nuevos cupos para taxis. El fallo fue favorable al accionante, no tanto por el merito de la demanda sino por el inexplicable descuido judicial del entonces asesor jurídico de la Alcaldía Carlos Campillo, sagaz abogado litigante y asesor jurídico de varias empresas de transporte de la ciudad, que se hizo multimillonario a costillas de demandar al Municipio con inusual éxito por cuanto asunto se le encomendara y que, por esa misma razón, fue designado en ese cargo con la evidente intención de que, conocedor como el que mas de los flancos débiles de los procesos administrativos, pudiera garantizar un freno a la avalancha de demandas y pago de indemnizaciones que consuetudinariamente habían asolado las arcas municipales. Hoy se rumora que entre el señor Campillo y el ex alcalde Guzmán tienen, a través de terceros, cerca de 1.000 de los cupos en disputa. Pero, bueno, esto es solo un rumor.

El caso es que nada se hizo para afrontar el fallo a su debido tiempo. Envalentonados por la existencia de tan suculenta decisión judicial, varios empresarios del transporte local decidieron “pegarse” de ella para reclamar cupos para taxis, hasta que el asunto llegó a la increíble suma de mas de 6.000 cupos otorgados vía tutela (si cada cupo puede tener un costo actual de entre 15 y 18 millones de pesos, hagan las cuentas de que platica está involucrada en el asunto), llevándose de calle no solo el decreto municipal ya mencionado, sino tambien claras normas de orden nacional que buscaban, y buscan aun, el descongestionamiento vehicular y el acondicionamiento a los nuevos sistemas de transporte masivo de las grandes ciudades.

Lo más extraño del asunto es que todo esto era prácticamente desconocido hasta que los “afortunados” empresarios desempolvaron los fallos de tutela y decidieron, todos a una como en Fuenteovejuna, instaurar incidentes de desacato por cuya cuenta el juzgado requerido ordenó al alcalde Polo cumplir con el otorgamiento de los dichosos cupos, so pena de ir a la cárcel, pagar millonaria multa y, de todas maneras, tener que acatar de cualquier forma las ordenes judiciales. Y ahí fue Troya.

Ante esta encrucijada, en lamentables declaraciones, que le dieron a los caleños la inevitable impresión de tener como mandatario a un hombre extremadamente temeroso, o “culilloso”, como se dice popularmente, mas preocupado por no ir a parar a la cárcel que por defender los intereses de la ciudad, nuestro inefable Polo salió a decir que no había mas remedio que otorgar todos los cupos. Y las justas protestas de los taxistas no se hicieron esperar, quienes agobiados por el ostensible detrimento de sus ingresos diarios por cuenta de la comprobada sobreoferta de taxis, se tomaron durante varios días las calles principales de la ciudad, contribuyendo a desquiciar el transito, ya de por si colapsado por las obras del MIO y la escasez de vías.

Como respuesta la Alcaldía sacó a relucir hace unos días, con apresurado triunfalismo, que había negociado con el accionante la concesión de la mitad de los cupos, algo así como 3.000, con lo que pretendía solucionar el problema jurídico. Sin embargo, las protestas ciudadanas continuaron y el eterno salvavidas de la ciudad, el presidente Uribe, debió enviar a altos funcionarios del gobierno central a dejarle bien claro al alcalde Polo que ni de riesgo se iba a permitir tal desafuero. Ahora se está esperando una resolución del Ministerio de Transporte declarando ilegal los cupos mencionados, bajo la cual Polo se piensa guarecer como un torero corneado en medio de una pésima faena.

Todo esto confirma lo que veníamos sospechando los caleños: Que después de los últimos tres desastrosos gobiernos municipales que hemos padecido, íbamos a ser capaces de elegir uno peor, aunque eso pareciera imposible. Y ahí lo tenemos. Por ello solo podemos exclamar como plegaria: ¡Señor, dinos en dónde hallaremos al alcalde que necesita esta ciudad, digna de mejor suerte con sus gobernantes!